Carbajo&Rojo

La decisión del inceciso

«Quizá les ayude pensar que votamos prioridades, pero como estas pueden ser varias, lo mejor es empezar por definir posterioridades, y descartar a los que nos resulten insufribles. A partir de ahí, reduciremos el problema a una cuestión de credibilidad: ¿a quién le confiaría la educación de mis hijos? Si la duda persiste, hay que pensar en el voto útil»

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Hay dos tipos de indecisos en estas elecciones: el que desea que quien gobierne tenga una agenda social que le ponga una boca de metro a la entrada de su casa, y el que se mueve por valores menos personales como que no se pacte con golpistas. Ahora bien, al indeciso estas posibilidades u otras parecidas le producen un agotador baile de ideas, pero esta vez amenizado por las maracas de Tezanos. El desconcierto es grande porque si en el bipartidismo pocas veces se cumplía lo esperado, imagínense ahora cuando nuestro Congreso se ha convertido en un zoológico con especímenes de toda laya.

Es un hecho que la complejidad tiende a aumentar con el conocimiento: cuanto más sabemos, más dudamos.