La Tercera

Cataluña: ¿un problema solo político?

«Ignorar el aspecto social del conflicto es reflejo inverso de la obsesión secesionista por excluir de cualquier proyecto nacional a quienes no comparten su credo. Relegados éstos durante años a mayoría silenciosa y silenciada, han sido sometidos a un sutil, pero duro, proceso de pensamiento único, a través del adoctrinamiento, la propaganda y un eficaz control social»

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La insistencia a ultranza en la naturaleza exclusivamente política del conflicto catalán esconde una doble intencionalidad: primero, oscurecer el hecho de que, antes que político, es social, un problema entre catalanes, divididos y enfrentados en torno a cómo manejar su convivencia; segundo, excluir del conflicto catalán cualquier aplicación del Derecho y ponerlo al margen de sus consecuencias.

Respecto de lo primero, objetivo del independentismo ha sido y es ocupar todo el espacio social para, a través de la imposición identitaria, excluir de él a los no secesionistas. En otras palabras, apropiarse de toda la simbología nacional, acaparar el poder político y las instituciones para hablar en nombre de toda Cataluña, pero gobernar sólo para los intereses y aspiraciones de una