Cambio de guardia

Cancelad redes

El nuevo totalitarismo no reprime: diseña deseos. Y los satisface generosamente

Gabriel Albiac
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Más de 21.000 millones de dólares pagó Mark Zuckerberg por la compra de WhatsApp. De entrada, algunos accionistas pusieron reparos: ¿qué sentido tenía hacer tal dispendio por un dispositivo de uso gratuito y, por tanto, no capitalizable? La respuesta fue fulminante: poder. Mil quinientos millones de sujetos pasan hoy a través de una mensajería eficiente y sin pago. La empresa tiene, así, en sus manos el mayor banco de datos del planeta. ¿No es dinero? No, no lo es. A primera vista.

El verdadero poder hoy -el político como el económico- se construye y ejerce en el antaño inaccesible espacio de lo privado. Y ese poder tiene una virtud despótica a la que ninguna dictadura que hayamos conocido puede ser

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