Análisis

Camboya en perspectiva

Antonio Martins da Cruz
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Diecinueve diferentes partidos participaron en las últimas elecciones legislativas en Camboya, en las que el Primer Ministro Hun Sen se aseguró una victoria aplastante que le ha permitido ser reelegido y permanecer en el poder tras treinta y tres años como jefe de gobierno en el país. Esto no ha sido ninguna sorpresa, pues el partido de Sun Hen aparecía como ganador en todas las encuestas, en particular desde que el Tribunal Supremo impidiera la participación en las elecciones del principal partido de la oposición, el Partido de Rescate Nacional de Camboya (CRNP, por sus siglas en inglés), estando su líder, Kem Sokha, en la cárcel por cargos de traición, acusado de tratar de derrocar al Primer Ministro conspirando con ciertas potencias occidentales.

Camboya es un país joven, no en historia pero sí en población, ya que más del cincuenta por ciento de sus habitantes no ha cumplido aún los treinta años. Esto se debe a los horrores del pasado siglo, una pesadilla que sigue muy viva en la conciencia colectiva del país. Asimismo, el miedo a la intervención extranjera sigue siendo una de las mayores preocupaciones en un país que ha servido en diversas ocasiones de parachoques entre potencias extranjeras.

Para entender en qué circunstancias se han dado estas elecciones, uno debe echar la vista atrás y analizar la trágica historia del país. En particular, el horroroso genocidio en el que unos dos millones de personas fueron brutalmente asesinadas entre 1975 y 1979, cuando los comunistas radicales de los Jemeres Rojos se dedicaron activamente a la eliminación sistemática de toda oposición. Este reino de terror llegó a su fin cuando el ejército vietnamita penetró en Camboya obligando a los Jemeres Rojos a exiliarse en Tailandia, donde encontraron refugio y fueron utilizados como dique de contención contra Vietnam. Hun Sen, que había sido miembro de los Jemeres, jugó un importante papel en su caída, habiéndose pasado al lado rebelde en Vietnam, donde llegó a desempeñar cargos importantes en la guerrilla. Con la caída del régimen y la creación de un nuevo gobierno con apoyo vietnamita, Hun Sen ganaría aún más relevancia, convirtiéndose en 1979 en Ministro de Asuntos Exteriores, y en 1985 en Primer Ministro.

Desde entonces, el país ha experimentado un rápido crecimiento económico y una mejora considerable de las condiciones de vida de la población, que lo han llevado a la reelección una y otra vez, aunque su mandato no ha estado desprovisto de críticas y episodios controvertidos. Hun Sen ha dirigido el país en episodios tan trascendentales como el fin de la violencia, el retorno de la monarquía o la intervención de una fuerza de paz de las Naciones Unidas que organizó las primeras elecciones democráticas del país en 1993. Hun Sen salió elegido segundo Primer Ministro, y compartía el poder en coalición con Norodom Ranariddh hasta que en 1997 se zafara de éste.

Estas elecciones tuvieron un claro vencedor. Desde que el principal partido de la oposición se disolviera tras las acusaciones de traición, Hun Sen se ha hecho con el control de la Asamblea Nacional. La oposición dividida en más de diecinueve partidos es, hoy por hoy, incapaz de conseguir el mismo grado de cohesión que alcanzara el CNRP. La oposición ha desaparecido permitiendo a Hun Sen consolidar el poder que siempre ha buscado.

¿Qué será lo próximo para Camboya? La mayor consecuencia geopolítica de las últimas elecciones es un claro giro al Este. En la última década, China se ha convertido en el principal socio de Camboya, por delante de sus apoyos tradicionales como Estados Unidos o Japón. La presencia de China en el país no se limita a ayuda económica y militar. De hecho, el desarrollo económico del país en las últimas décadas ha sido en gran parte debido a la inversión de China en el país del sudeste asiático. El año pasado, el 53% de todos los nuevos proyectos de inversión aprobados en Camboya tenían origen China. Según algunos informes, China no sólo es el principal prestamista de Camboya sino que es el mayor inversor extranjero, habiendo prometido más de 150 millones dólares en ayudas para proyectos de infraestructura, una cantidad insignificante si se tiene en cuenta el valor de más de dos mil millones dólares en acuerdos de inversión que ambos países han firmado.

Según la última guía de negocios de la consultora KPMG sobre la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN, por sus siglas en inglés), "Camboya es una historia de éxito en la atracción de inversores extranjeras " principalmente "gracias a las políticas favorables a las empresas” facilitando así la creación de oportunidades en el país. Si bien Camboya sigue siendo un objetivo interesante para las empresas occidentales, es innegable que China ha tomado una clara ventaja.

A raíz de las elecciones, una cosa parece clara: la estabilidad y crecimiento parecen ser prioridad de los camboyanos. Hun Sen, a quien se acusa de manipulación electoral, parece haberse asegurado el control del país, mientras que la oposición es incapaz de presentar un proyecto alternativo capaz de ofrecer la tan ansiada estabilidad para atraer la inversión y facilitar el crecimiento. Queda por ver si Camboya puede demostrar la calidad de sus instituciones democráticas. Mientras la oposición sigue dividida y los herederos de los CNRP no se unan para formar un frente cohesivo, Hun Sen permanecerá como el Primer Ministro que más tiempo lleva en el cargo.

Antonio Martins da Cruz fue ministro de Relaciones Exteriores de Portugal

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