Pedro Sánchez, presidente del Gobierno
Pedro Sánchez, presidente del Gobierno - ABC
EDITORIAL

Balance de un presidente en el limbo

Sánchez cierra 2018 con un balance real que da continuidad a los daños que ya había ocasionado Zapatero; sale mal parado hasta el PSOE, que ha perdido su histórico bastión andaluz

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Pedro Sánchez hizo ayer un balance triunfalista, como era de esperar, de su gestión de gobierno. Conviene recordar que Sánchez llegó a La Moncloa en junio y que desde entonces dirige la economía con los Presupuestos Generales del Estado confeccionados por el Ejecutivo de Mariano Rajoy. Con este dato se entiende mejor la satisfacción de Pedro Sánchez con el cuadro de cifras económicas que ofreció ayer en su intervención. Lo mejor que puede decir Sánchez de sí mismo es que sólo va bien en la economía aquello en lo que no ha podido desprenderse del legado del PP. Aun así, Sánchez silenció los avisos de ralentización económica y demostró estar viviendo en un limbo personal y político. Su escapismo fue ayer enciclopédico y lo aplicó a su fracaso en Cataluña y Andalucía, a la falta de Presupuestos para 2019 y a la no convocatoria anticipada de elecciones generales. No tuvo respuesta para nada y encontró disculpas para todo, incluso para el apoyo que recibió de separatistas y proetarras en su moción de censura, mucho más aceptable, a su peculiar juicio, que el de Vox al pacto de gobierno de PP y Cs en Andalucía. Y esto lo afirmaba Sánchez el día en que el hijo de Fernando Múgica, dirigente socialista asesinado por ETA, abandonaba el PSOE empujado por la infame foto navideña de la dirigente del PSE Idoia Mendía con Arnaldo Otegui.

Sánchez cierra 2018 con un balance real que da continuidad a los daños y perjuicios que ya había ocasionado al PSOE en su anterior mandato. Bajo su presidencia, el socialismo español ha perdido su bastión electoral en Andalucía y su condición de fuerza constitucionalista en Cataluña. Se encuentra paralizado ante la falta de mayoría suficiente para aprobar unos Presupuestos imprescindibles para dar seguridad jurídica y estabilidad a la economía, en medio de proyecciones sombrías a medio plazo. Cada día es más dependiente de fuerzas antisistema, sean de extrema izquierda o separatistas, y acelera sus tintes demagógicos en cuestiones como las pensiones o la violencia contra la mujer. Toda la suavidad que dedicó al separatismo catalán la perdió cuando amenazó al futuro gobierno PP-Cs en Andalucía de que actuará con toda la firmeza «si pone en peligro a las mujeres». En medio del fragor económico y catalán, quizá no se midió correctamente el sectarismo de esta frase, que debería escandalizar a la reactiva portavoz de Podemos, Ione Belarra.

Nada nuevo en el discurso de Sánchez, pero un poco peor para el futuro de España, porque sigue sin tener un Gobierno con proyecto político para el país. Podrá culpar a unos y otros de sus males, pero el problema es que a su falta de aptitud como gobernante se le une el persistente dato de que sólo tiene 84 diputados en el Congreso y una mayoría absoluta del PP en el Senado. Por eso está en manos de extremismos de izquierda y del separatismo.