Alguien tocó su espalda

«Y entonces entoné en silencio el canto de los partisanos: ¡Aquí estamos!»

Gabriel Albiac
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El 11 de mayo de 1960, un quincuagenario pulcramente atildado retorna paseando a casa tras el trabajo. Calle Garibaldi. Buenos Aires. Alguien acaba de tocar su espalda. Escuchemos a ese alguien narrar lo que sucede entonces: «Golpeas su hombro derecho, giras hacia ti su hombro izquierdo, atenazas su cabeza con las dos manos y lo arrastras. Palpas sus cicatrices: es él. Y entonces entoné en silencio el canto de los partisanos: ¡Aquí estamos!».

El quincuagenario, en cuyo español se traba el duro rodar de la lengua alemana, se llama en Argentina Ricardo Klement. En la Alemania de dos decenios atrás, a todos escalofriaba el sonido de su nombre: Adolf Eichmann. Fue el hombre de confianza a quien Hitler encomendó su

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