Los retos que aún tiene pendiente el coche autónomo antes de sustituirnos al volante

Intel y BMW ya trabajan en un modelo totalmente autoconducido que llegará al mercado en 2021. Antes, no obstante, deberán resolver el problema de cómo recabar y procesar cantidades ingentes de información en tiempo real

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El coche autónomo está a la vuelta de la esquina. Los más optimistas, como Elon Musk (Tesla), prevén que el coche totalmente autoconducido sea una realidad en 2018, aunque la mayoría de las marcas, como Nissan, lo prevén para 2021 o incluso 2025. En este rango se sitúa también BMW, que junto con Intel está trabajando en iNEXT, un vehículo totalmente autoconducido que saldrá al mercado en 2021.

Antes de esa fecha, no obstante, fabricantes de automóviles y empresas tecnológicas deberán resolver enormes retos, que fundamentalmente tienen que ver con la necesidad del coche autónomo de registrar y procesar ingentes cantidades de información en tiempo real captada por centenares de sensores y cámaras.

«El coche tendrá que tomar decisiones inteligentes en función de lo que pase en cada momento», explica Simón Viñals, director de tecnología de Intel. «Es la única forma de que pueda afrontar imprevistos e interactuar con conductores humanos, algo que será habitual durante la etapa de transición hasta que los vehículos autónomos sean mayoritarios».

El vehículo también tendrá que ser capaz de transmitir esa información y de recibir la que recaben otros vehículos autónomos y elementos de la vía como semáforos y guardarraíles. Para ello, hará falta una red de transmisión más potente que la que habitualmente se utiliza. La respuesta será el 5G, ya presentado durante el pasado Mobile World Congress, que tendrá una capacidad de transmisión de datos 1000 veces superior al actual 4G y una latencia diez veces inferior.

Esta nueva tecnología también tendrá un alcance mayor, lo que permitirá reducir los espacios «sin cobertura», que supondrán un reto para los vehículos autónomos. Sin embargo, el vehículo autónomo también tendrá que ser capaz de funcionar de forma segura en estas áreas, algo de lo que, según aseguran desde Intel, será capaz en 2021, si bien con funcionalidades reducidas. «También hay que tener en cuenta que el coche también será un repetidor para otros vehículos, lo que minimizará el impacto de, por ejemplo, el fallo de una torre de cobertura», explica Viñals.

Otro de calibre será, previsiblemente, su elevado precio de venta al público, al menos durante los primeros años. En este sentido, el acuerdo entre BMW e Intel tratará de generar estándares que luego puedan ser adoptados por otros actores de la industria, favoreciendo las economías de escala. «No es lo mismo construir un coche autónomo que millones», explica Viñals, cuya empresa ha desarrollado la plataforma Intel GO, en la que podrá participar cualquier empresa que lo desee. La idea es favorecer la escalabilidad para abaratar los precios al tiempo que se crean estándares que permitan que el vehículo funcione en todos los países y carreteras, «igual que el WiFi o un pendrive, que puede ser utilizado en cualquier ordenador».

Dado el estado de la tecnología actual y los avances en los que ya se está trabajando, Viñals cree que para 2030 el coche autónomo ya será un habitual de nuestras carreteras. Será entonces cuando debamos enfrentarnos a otros dilemas, ya no de tipo tecnológico, pero sí legales o morales: ¿Qué decisión tomará el coche autónomo cuando deba elegir entre salvar nuestra vida o la de un peatón?¿Deberá el ser humano, causante de 9 de cada 10 accidentes, seguir conduciendo, o llegaremos a un mundo en el que se nos prohíba?. «Podría ocurrir», alerta Viñals, «pero primero hay que ver cómo se materializan los avances tecnológicos en los próximos años».