El incierto futuro de Harley-Davidson

El proteccionismo de Trump, la desconexión del público joven y el éxito de la segunda mano empuja a la marca hacia los motores eléctricos

Vea en el vídeo el Harley-Davidson Project LiveWire

J. M. Sánchez

Representa el sueño americano en todas sus vertientes. Su logo es uno de los pocos, quizás el único, que se tatúan los aficionados del motor sin temor a ser tachados de «frikis». Pero a pesar de la pasión que aún despierta, Harley-Davidson (H-D) no ha sabido aprovechar la corriente retro que ha empujado al alza a algunas de sus competidoras europeas, como Triumph o Moto Guzzi, o a la también estadounidense Indian.

Frente al crecimiento de sus rivales, la centenaria marca de Milwaukee (Wisconsin), que contó en sus orígenes con el respaldo del Gobierno americano -que la eligió como proveedora para su Ejército en las dos guerras mundiales-, se enfrenta a problemas coyunturales que han derivado en una crisis financiera . El último, el potencial impacto en su cuenta de resultados de las nuevas medidas proteccionistas planteadas por la administración Trump , que provocarán, en caso de aplicación, un incremento de sus precios en Europa, la segunda región donde mejor se comportó en 2017, con 44.935 unidades vendidas. [ Sigue leyendo tras el gráfico ].

«Cualquier medida proteccionista, y Trump va en ese camino, es una desgracia para la economía mundial», asegura Mario Weitz , profesor en ESIC y execonomista del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional, que abona la teoría de que las restricciones supondrían un mazazo en sus ventas: «Provocarían un aumento del precio y se reduciría la competitividad», resume.

Sin embargo, su mayor reto es que, tras lograr seducir a varias generaciones, Harley ahora deja frío al público joven . Entre los motivos, sus prohibitivos precios, los nuevos hábitos de los consumidores -más interesados en algo más práctico y urbanita como las «scooters»-, y las restricciones a la hora de poder personalizar sus motocicletas. Tampoco ha contribuido la actual corriente retro que ha popularizado un estilo llamado Café Racer heredado de la década de los años cincuenta. U na tendencia a la que la marca no ha querido subirse. «Las modas son cíclicas, y hemos visto que ahora está de moda el Café Racer y dentro de dentro de dos años puede volver el estilo "bobber"», reconoce Raúl Hidalgo , del taller especializado en personalización Custom Motor Madrid .

Mientras tanto, cada vez se distancia más de las cifras de antaño. El punto álgido de sus ventas se registró en 2006 cuando se entregaron 361.656 unidades , tras unos años realmente muy positivos. A partir de 2008, en cambio, la curva de adopción hacia sus nuevos modelos ha ido cuesta abajo y sin frenos hasta tocar fondo en 2010 con unos registros de caídas de hasta el 60%.

El año 2017 fue particularmente adverso para la marca. En los últimos meses ha tenido que afrontar cierres de plantas, como la de Kansas City, recortes de 800 empleos , un agujero de 10.000 millones de dólares y una reducción del 6,7% de la demanda, incluido en su principal mercado, EE.UU., donde cayó hasta el 8,5% respecto al año anterior. Todo ello ha encendido las alarmas en la compañía, que no obstante ha preferido no hacer declaraciones al respecto a ABC.

En sus 115 años de historia, Harley ha innovado con cuentagotas , apurando las curvas de la tecnología y corrigiendo el paso ante la explosión de firmas japonesas más accesibles. Pero también ha superado diversos episodios tortuosos, que en varias ocasiones estuvieron a punto de llevársela por delante. Ahora, sin embargo, el problema tiene un doble filo: además de no seducir a los jóvenes, el 70% de sus motos en circulación en EE.UU. no son modelos actuales. Dos factores que repercuten en el éxito de sus últimos lanzamientos.

Seducir de nuevo

Prototipo eléctrico de Harley-Davidson Getty

¿Pueden, no obstante, ser los propios «millennials», los jóvenes nacidos antes del año 2000, los que salven al fabricante? Este público quiere modelos más urbanitas , menos pesados, más prácticos y que bajen de los ocho mil euros (un precio de difícil acceso entre los jóvenes), lo que ha permitido que competidores como Triumph, Moto Guzzi o Ducati se apropien del carácter retro del que ha hecho siempre gala Harley.

Por ello, la firma se ha propuesto ofrecer una gama más variada de modelos. El resultado ha sido la creación de una nueva familia, la Street (7.200 euros), con refrigeración líquida y menor potencia de salida. Harley ha resistido, no obstante, por enclavarse en un segmento «premium». En los modelos actuales se ha eliminado, entre otras cosas, la familia Dyna, para muchos aficionados a las harleys, uno de los chasis con más virtudes de las últimas décadas, y se le ha dotado a la mayoría de los modelos de una mayor carga de tecnología.

Un movimiento que, junto con la eliminación de la gama V-Road, diseñada en su momento en colaboración con Porsche, pone de manifiesto una situación delicada: los nuevos modelos causan indiferencia. Además, frente al reto de las grandes ciudades de alcanzar un parque de vehículos con emisiones cero en los próximos años, Harley ha abrazado a los motores eléctricos como el segmento que le debe llevar hacia el futuro. El proyecto, en el que se lleva trabajando un lustro , saldrá en 2019 . Los primeros protipos dibujan una moto de corte deportiva similar a las fabricadas por Buell, una marca subsidiara fundada en los años ochenta por exingenieros de la propia compañía y que tuvo que cerrar su producción en 2009.

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