AFP

Trump se queda solo en su defensa de Bin Salman

Los republicanos estallan contra la Casa Blanca por su gestión del «caso Khashoggi»

WashingtonActualizado:

Los senadores que interrogaron ayer a la directora de la CIA sobre el asesinato del periodista saudí Jamal Khashoggi han quedado convencidos de la culpabilidad del príncipe heredero saudí, Mohamed bin Salman. «Si tuviera que comparecer ante un jurado, en 30 minutos le declararían culpable», dijo al término de la vista oral el senador republicano Bob Corker, presidente de la Comisión de Exteriores de la cámara alta.

Gina Haspel, la jefa de la CIA, enfureció al Senado la semana pasada al ausentarse de una vista a la que sí acudieron los ministros de Defensa, James Mattis, y Exteriores, Mike Pompeo. Después de la enardecida defensa de la inocencia de Bin Salman por parte de Donald Trump, los senadores querían la misma información de la que dispone él. Tras recibirla ayer, están aún más convencidos de la culpabilidad del príncipe.

Estas gestiones del Senado son un problema de gran magnitud para Trump. Los senadores tienen la intención de aprobar sus propias sanciones a Arabia Saudí por el asesinato del periodista, que vivía exiliado en Washington. En los próximos días votarán a favor de interrumpir cualquier ayuda militar del Pentágono a la coalición que el reino árabe lidera en la guerra de Yemen.

La directora de la CIA se vio obligada ayer a hacer lo que fútilmente intentó evitar hace una semana: desmentir al presidente. Su comparecencia en el Capitolio se produjo a puerta cerrada y sólo ante una selección de miembros de las comisiones de Inteligencia y Exteriores. Pero en cuanto acabó, los senadores de ambos partidos corrieron a condenar públicamente a Bin Salman en los pasillos del Capitolio, donde se celebraba el velatorio por George H. W. Bush.

«No es que en este caso haya una pistola humeante, hay un serrucho humeante», dijo el senador republicano Lindsey Graham, habitualmente fiel aliado de Trump, haciendo referencia a las pruebas de que Khashoggi fue desmembrado en el consulado saudí en Estambul el pasado 2 de octubre. «Salgo de esta vista oral con el convencimiento de que mis sospechas previas eran correctas», dijo a los periodistas.

Consciente de los problemas que su apoyo a la corona saudí está provocando dentro de su propio partido, Trump canceló cualquier reunión con Bin Salman en la cumbre del G-20 en Argentina. De momento, se ha conformado con una serie de tímidas sanciones: retirada de visados y congelación de cuentas a una veintena de funcionarios saudíes acusados de participar en el asesinato.

La CIA ha llegado a la conclusión de que Bin Salman autorizó el asesinato a través de un lugarteniente suyo, Salud al Qahtani, quien supervisó personalmente la operación en la que participaron 15 agentes y soldados enviados a Turquía hace dos meses. La corona saudí asegura que está investigando a los sospechosos y que castigará a los culpables de lo que considera una operación clandestina ejecutada por unos soldados que actuaban en solitario.

De momento, 14 senadores republicanos han avanzado que votarán a favor de sancionar a Arabia Saudí. Se trata de un desafío en toda regla a un presidente porparte de su propio partido, algo sin precedentes en Washington.