Donald Trump, a su llegada al aeropuerto internacional de Palm Beach
Donald Trump, a su llegada al aeropuerto internacional de Palm Beach - EP

Trump, furioso por los detalles comprometedores del informe Mueller: «Son pura basura»

El presidente estadounidense criticó los testimonios sobre él «de algunas personas» como «inventados y totalmente falsos»

Corresponsal en Nueva YorkActualizado:

Donald Trump ha reaccionado con furia a algunas de las revelaciones explosivas que contiene el informe elaborado por Robert Mueller sobre la trama rusa, que investigó durante 22 meses la posible coordinación de la campaña de Trump con Rusia durante las elecciones de 2016 y la obstrucción a la acción de la justicia como presidente.

Los resultados de la investigación del fiscal especial son dos caras de una misma moneda: por un lado, no determinan que Trump incurriera en ningún delito; pero, por otro, constatan que Rusia interfirió en las elecciones a favor del candidato republicano, recoge numerosos contactos de la campaña con agentes rusos y repasa diez episodios con pruebas sobre obstrucción de la justicia por parte del presidente. Por un lado, Mueller concluye que no hay prueba suficientes como para ver coordinación con Rusia. Por otro, elabora un retrato bochornoso y caótico de la campaña y de la presidencia de Trump y se abstiene de exonerarle en obstrucción a la justicia (la decisión recayó en el fiscal general, William Barr, que sí declaró que no hay delito).

Cómo gestionar la resaca de la publicación del informe de Mueller ha sido una preocupación en la Casa Blanca durante meses. Al principio, Trump decidió mantener el tipo de mensaje de trazo grueso que ha favorecido durante su presidencia: «Ni colusión, ni obstrucción», repitió antes y después de que se conociera el informe.

Este viernes, sin embargo, no pudo evitar salir del mensaje. Las más de 400 páginas del informe incluyen testimonios comprometedores contra él. Escuecen en especial los de algunos de sus altos cargos, que apuntan a que Trump trató de impedir o limitar la investigación de Mueller. También son dolorosos para el presidente porque no son como la montaña de rumores, declaraciones anónimas u opiniones de oponentes políticos que han colmado los medios estadounidenses los dos últimos años. Son declaraciones bajo juramento de personas clave de su equipo, en un interrogatorio realizado por un ex director del FBI -Mueller-, de reconocida imparcialidad y con prestigio en todo el arco político.

En uno de estos testimonios, el que fuera el asesor legal principal de la Casa Blanca, Donald McGahn, contó cómo Trump le exigió en junio de 2017, un mes después del comienzo de la investigación, que llamara al vicefiscal general para que echara a Mueller. McGahn se negó a ello.

Hubo otros episodios similares (su ex jefe de campaña se negó a exigir al fiscal general que restringiera la investigación de Mueller, su jefe de Gabinete no quiso cumplir la orden de despedir al fiscal general), pero el de McGahn es el de mayor gravedad. Si el asesor legal hubiera cumplido la orden, la existencia de obstrucción de la justicia hubiera sido mucho más evidente (ayer algunos medios señalaban a McGahn como el «salvador» de la presidencia de Trump).

Enfurecido desde su residencia en Mar-a-Lago (Florida), donde Trump pasa la Semana Santa, Trump criticó los testimonios sobre él «de algunas personas» como «inventados y totalmente falsos» y que él no respondió a revelaciones que eran «pura basura» y que solo se habían hecho «para que la otra persona quedara bien (o que yo quedara mal)».

Trump se negó a celebrar un interrogatorio verbal con Mueller, probablemente porque sus abogados temían que entrara en contradicciones y diera testimonios que no cuadraban con el resto de declaraciones. Solo admitió responder preguntas por escrito sobre la coordinación de su campaña con Rusia, pero no sobre los asuntos de obstrucción a la justicia. Mueller tenía la potestad de forzar un interrogatorio, pero decidió no hacerlo porque hubiera retrasado todavía más una investigación que se alargaba entonces durante dos años y amenazaba con llegar a la campaña presidencial de 2020.