El presidente estadounidense, Donald Trump, en el momento en que abandona la cumbre del G7
El presidente estadounidense, Donald Trump, en el momento en que abandona la cumbre del G7 - EFE

Trump avisa a sus socios: «EE.UU. no será más la hucha de la que todos roban»

El presidente estadounidense decide por sorpresa y a última hora no firmar el comunicado conjunto de la cumbre del G-7 por diferencias con Trudeau

Corresponsal en Nueva YorkActualizado:

«Presidente, tiene que llegar a su vuelo», le dijo ayer a Trump su asesor Larry Kudlow, para cortar una rueda de prensa en la cumbre del G-7 en la que su jefe acababa de amenazar a sus socios estratégicos con dejar de comerciar con ellos. El presidente de EE.UU. no iba a perder ningún avión -el Air Force One presidencial no va a ningún lado sin él-, pero sí corría el riesgo de echar todavía más gasolina al encuentro con otros líderes.

En las dos jornadas que ha durado la cumbre en La Malbaie (Canadá), Donald Trump ha querido escenificar dos cosas. Primero, que va por su cuenta: llegó tarde la primera jornada -lo que le hizo perderse una reunión con el presidente francés, Emmanuel Macron-, llegó tarde al desayuno de la segunda -dedicado a la igualdad de género-, dio una rueda de prensa en solitario y se marchó antes de tiempo, dejando plantados al resto de líderes, camino de Singapur, donde la semana que viene celebra la histórica cumbre con Kim Jong-un, el dictador norcoreano. Segundo, que sigue fiel a la idea de «EE.UU. primero» y que no le importa aislarse de sus aliados para conseguir ventajas comerciales.

Tras haber confirmado nuevos aranceles al acero y al aluminio contra Canadá, México y la Unión Europea a comienzos de mes, ayer volvió a criticar que el mundo se haya aprovechado durante décadas de EE.UU. con políticas comerciales «ridículas e inaceptables».

Sin barreras

«Tiene que acabar», dijo sobre los aranceles y el superávit comercial que otros países mantienen con EE.UU. «O dejaremos de comerciar con ellos», amenazó antes de criticar que «somos como la hucha de cerdito de la que todo el mundo roba, y eso se va a acabar».

Trump presentó una propuesta inesperada: que todos los países acaben con los aranceles, barreras comerciales y subsidios, y EE.UU. también lo hará. De lo contrario, seguirá con el látigo de aplicar castigos comerciales donde crea que los intereses de EE.UU. no se respetan, una táctica en la que su país siempre saldrá victorioso por su potencia económica. «Esa guerra la ganamos mil veces de mil», proclamó.

La cumbre se agrió en el último minuto, con Trump volando sobre el Pacífico. Justin Trudeau, primer ministro canadiense y anfitrión de la cita, anunció que su país impondría aranceles de respuesta equivalentes a los adoptados por EE.UU. «Los canadienses somos educados y razonables, pero no nos dejaremos zarandear», dijo. Trump acudió a Twitter para calificarle de «dócil», echarle en cara que hiciera esa rueda de prensa cuando él ya no estaba y amenazarle con más aranceles, esta vez a la industria del automóvil.

En un giro teatral de último minuto, aseguró que, debido a las declaraciones de Trudeau, había instruido a su equipo que no firmara el tradicional comunicado conjunto al final de la cumbre. Ante las tensiones previas al encuentro, se especuló que EE.UU. no lo respaldaría. Finalmente, sí lo hizo, en una generación genérica sobre «modernización» de la Organización Mundial del Comercio y reducción de barreras comerciales. Pero Trump cambió de opinión, por Twitter y dejó al resto de países descolocados.

La «crueldad de Europa»

A pesar de los roces, Trump aseguró que las relaciones con el resto de líderes del G-7 -Francia, Alemania, Reino Unido, Canadá, Japón e Italia- «son de diez» y que las conversaciones de los dos últimos días habían producido progresos. La sensación es, sin embargo, la contraria: el desarrollo de la cumbre no ha rebajado las tensiones con las que se inició ni ha significado avances o compromisos para reconducir la guerra comercial desatada por Trump.

«La Unión Europea es cruel con EE.UU., y lo saben», dijo Trump, que aseguró que cuando plantea la injusticia comercial que sufre su país a sus homólogos del Viejo Continente, lo que obtiene es «una sonrisa». Durante las reuniones, Trump leyó la cartilla a sus socios europeos con una letanía de quejas sobre aranceles y barreras a sus productos y trató de buscar divisiones en el bloque comunitario ofreciendo condiciones diferentes a los países. Los miembros de la Unión Europea han mantenido una posición unitaria respecto a los ataques de Trump y el presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker, se ofreció a viajar a Washington para acercar posturas y apaciguar la guerra comercial.

«Si toman represalias, será un error», dijo Trump ante la posibilidad de que la UE u otros miembros del G-7 respondan con más tarifas.

Trump tampoco quiso acercar posturas sobre su polémica defensa de que Rusia vuelva al G-7. «El G-8 tiene más importancia que el G-7», defendió, y no quiso responder sobre si la anexión de Crimea -la razón por la que se expulsó a Rusia- no es motivo para que Moscú no forme parte del grupo. La canciller alemana, Angela Merkel, insistió en la cumbre en que Rusia no debería volver hasta que no cambia su política en Ucrania. «Lo que queremos es la paz en el mundo -reaccionó Trump-. No juegos». El comunicado final, sin embargo, incluyó una referencia a Rusia, compartida por EE.UU., en el que se condena al país por el ataque químico en la localidad británica de Salisbury y la anexión de Crimea y se advierte de «más medidas restrictivas» a Moscú.