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Sanguinetti

Lo que hoy conocemos como tercera edad no parece hacer mella en los animales políticos de pura raza, independientemente del origen de su cuna

Carmen de Carlos
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Hay personajes de la política, longevos, que ocupan un lugar en la historia durante toda su vida y hasta sus últimos días. Sucedió, por motivos y con perfiles diferentes, con Rafael Caldera en Venezuela y con Joaquín Balaguer en República Dominicana. También, con Juan Domingo Perón y Carlos Menem (actual senador) en Argentina y por tomar distancia del otro lado del Atlántico, con Shimon Peres, un hombre que fue capaz de soplar las 90 velitas desde la Presidencia de Israel.

Lo que hoy conocemos como tercera edad no parece hacer mella en los animales políticos de pura raza, independientemente del origen de su cuna. El último caso de estos ejemplares, incombustibles, lo encontramos en Julio María Sanguinetti. El dos veces presidente de Uruguay, hombre de otro siglo y con dimensión sobrada para éste, confirmaba ayer –a su manera- en una entrevista en el diario La Nación de Buenos Aires, su decisión de presentarse a otra reelección para alcanzar su tercer mandato.

La decisión de Sanguinetti, de acuerdo a su propio testimonio, supone un «sacrificio» al que se somete a petición de sus compañeros de filas del Partido Colorado. A sus 83 años, los avatares de una campaña electora y los sin sabores del Gobierno –si triunfa– no le asustan. Por el contrario, suponen un desafío irresistible dada su naturaleza entusiasta y artística (es un formidable dibujante). Dicho esto, anticipa que en Uruguay, como en buena parte de las democracias modernas, las coaliciones serán las únicas formas de gobernar y no ve futuro a las viejas fórmulas bipartidistas.

Sanguinetti, personaje determinante en la transición uruguaya, conserva el espíritu conciliador al que obligan los tiempos difíciles. Salir de aquella dictadura, como de las del resto del Cono Sur de los años 70, no fue fácil pero, con su buen hacer, ayudó a lograrlo. Uruguay es hoy lo que es, un poco gracias a él. El regreso de este veterano, al que no le pesan los años, es sin duda una buena noticia para su país pero también para el resto.

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