El presidente Trump, durante un mitin en Tennesse, este lunes
El presidente Trump, durante un mitin en Tennesse, este lunes - AFP

Los republicanos ignoran las nuevas acusaciones contra el juez de Trump

El Senado vota esta semana su ingreso en el Supremo pese a las sospechas de mentir

David Alandete
WashingtonActualizado:

Los líderes republicanos en el Senado de EE.UU. rechazaron ayer ampliar el plazo concedido al FBI para investigar al candidato al Tribunal Supremo Brett Kavanaugh por diversas acusaciones de agresión sexual. A pesar de los nuevos testimonios sobre abuso de alcohol y conducta violenta en sus años universitarios, tanto la Casa Blanca como los republicanos están convencidos de que la policía judicial norteamericana no encontrará pruebas que incriminen al juez, cuya candidatura debe ser sometida a un voto final esta misma semana.

«Que no quepa duda de que el Senado va a votar sobre el juez Kavanaugh esta misma semana», dijo ayer ante el pleno el líder republicano en esa cámara, Mitch McConnell, quien acusó a los demócratas de haber abierto una «guerra política de difamación». El viernes pasado, a petición de miembros de su partido, McConnell aceptó aplazar el voto previsto para el lunes, para dar tiempo a que el FBI investigue al juez por séptima vez en su carrera judicial.

Los demócratas quieren que la investigación determine si Kavanaugh mintió ante el Senado cuando declaró bajo juramento que nunca bebió en exceso durante sus años universitarios. En un informe policial de 1985, revelado ayer por CNN, figura que el juez fue interrogado por haber participado en una pelea en un bar en la que un amigo suyo fue detenido por agresión. Según el auto policial, Kavanaugh lanzó hielo a la cara a otro joven. No se presentaron cargos en su contra.

Los agentes del FBI ya han interrogado a al menos cuatro personas. Una de ellas, Deborah Ramírez, acusa al juez de haberle enseñado los genitales en una fiesta universitaria. También han tomado testimonio a Mark Judge, que estaba presente durante un supuesto intento de violación de Kavanaugh a Christine Blasey Ford en 1982, cuando ambos estudiaban en el instituto. Ford detalló aquella agresión ante la comisión de Asuntos Judiciales del Senado el jueves. Después Kavanaugh negó las acusaciones y denunció que su confirmación se ha convertido en «una desgracia nacional».

El Supremo ha comenzado esta semana su curso judicial, en el que va a decidir sobre la pena de muerte y condenas por agresión sexual. Desde la jubilación del juez Anthony Kennedy en junio, ha quedado vacante la novena plaza de ese tribunal, la instancia judicial más alta de EE.UU. Kavanaugh es el segundo nominado por Donald Trump para el Supremo, después de la exitosa confirmación, el año pasado, de Neil Gorsuch.

Trump dijo ayer que podría replantearse la idoneidad de su candidato al Supremo si se demuestra que mintió bajo juramento. «Creo que nadie debe mentirle al Congreso, y ha habido mucha gente en años pasados que lo ha hecho. No creo que sea algo aceptable».

En esta investigación el FBI debe determinar si hay pruebas de las denuncias de agresión sexual, para poner sus conclusiones en conocimiento de la Casa Blanca y el Senado. No puede presentar cargos porque el delito, de haberse producido, habría prescrito. Rachel Mitchell, la fiscal a la que los republicanos contrataron para que interrogara a la profesora Ford y al juez la semana pasada en el Senado, concluyó que ella no hubiera denunciado a Kavanaugh, por la falta de pruebas y las inconsistencias en el testimonio de la supuesta víctima.