Pedro Rodríguez - DE LEJOS

Mirarse el ombligo de la historia

La saga del Brexit demuestra hasta dónde puede llegar la ruina del excepcionalismo

Pedro Rodríguez
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El excepcionalismo es la tesis mantenida a lo largo de la historia por países, regiones, colectivos o movimientos para declararse diferentes, singulares y, por qué no decirlo, superiores. Esta obsesión con ser muy, muy especiales está destinada más que nada a evadir de forma interesada las normas, principios u obligaciones aplicables al resto de los mortales.

La saga del Brexit demuestra hasta dónde puede llegar la ruina de todas estas interesadas y oportunistas falacias que mezclan cuestiones raciales, culturales, históricas e incluso han descendido hasta la pseudociencia, la posverdad y lo fake para justificar la existencia de un «espíritu» o «destino» nacional, casi siempre forzando conflictos en detrimento de otros vecinos bastante menos excepcionales.

La quiebra de un mínimo consenso en la política de Gran Bretaña sobre cómo materializar el divorcio con respecto a la UE demuestra lo tóxico que resulta el sentirse la última coca-cola en el desierto. Con el agravante de una mentalidad isleña y unos aires de superioridad sedimentados a lo largo de los años: desde la Carta Magna a Trafalgar, pasando por el Imperio, Waterloo o Dunquerque.

Por un error en su edición digital, el «New York Times» publicó este martes una crónica previa que incluía las dos posibilidades en el mismo texto de que el Parlamento de Westminster hubiera tanto aprobado como rechazado el acuerdo de salida planteado por la afónica primera ministra Theresa May. Al intentar cubrir tanto el rechazo como la aceptación de lo negociado con Bruselas, parecía que el mundo se hubiera partido irreparablemente por la mitad y la pesadilla del Brexit se estuviera empezando a vivir en dos dimensiones.

La opción accidental del «New York Times», al dar un poco a elegir cuál podía ser el final del Brexit, ha sido descrita como una metáfora bastante perfecta de un proceso que tiene demasiadas papeletas para terminar de formas totalmente contradictorias antes de que Gran Bretaña abandone –o no – la Unión Europea en cuestión de un par de semanas.

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