Un grupo de manifestantes en el aeropuerto de Hong Kong
Un grupo de manifestantes en el aeropuerto de Hong Kong - AFP

Una nueva ocupación del aeropuerto de Hong Kong obliga a cancelar más vuelos

Mientras las aerolíneas intentaban desatascar el cuello de botella del día anterior, los manifestantes han vuelto a bloquear los mostradores de facturación en medio del caos

Corresponsal en PekínActualizado:

Sigue el caos en el aeropuerto de Hong Kong tras su ocupación el lunes por la tarde por parte de miles de personas, que obligaron a cerrarlo y a cancelar sus vuelos como protesta por la «mano dura» de la Policía para dispersar las marchas prohibidas contra el autoritarismo del régimen chino. Mientras las aerolíneas intentaban desatascar el cuello de botella generado por la cancelación de más de 180 vuelos, los manifestantes han vuelto a ocupar este martes la terminal de salidas bloqueando los mostradores de facturación. Tal y como han anunciado las autoridades del aeropuerto, hoy ya no podrán viajar los pasajeros que tuvieran que facturar su equipaje después de las cuatro y media de la tarde (diez y media de la mañana, hora peninsular española).

Estas cancelaciones y retrasos se suman a las provocadas por el cierre del aeropuerto el lunes. Según informa el periódico South China Morning Post, este martes por la mañana ya habían sido cancelados más de 300 vuelos: 160 de salida y 150 de llegada. El aeropuerto de Hong Kong, uno de los más transitados del mundo con 800 vuelos diarios y 75 millones de pasajeros anuales, se enfrenta a otra jornada de pesadilla que puede dañar aún más su imagen.

Con su sentada masiva y la interrupción del tráfico aéreo, los manifestantes denuncian la «mano dura» de la Policía para sofocar las protestas contra la ley de extradición a China, suspendida pero no retirada. El fin de semana, uno de los más violentos, dejó a una joven que podría perder un ojo por un supuesto disparo de una pelota de goma de la policía, así como a un agente herido con quemaduras por un cóctel molotov.

Mientras el régimen chino ya tilda las protestas de «terrorismo», la jefa del Gobierno local, Carrie Lam, ha preguntado este martes a los manifestantes, en su mayoría jóvenes y adolescentes, si quieren «empujar a Hong Kong al abismo». En una comparecencia ante la Prensa, ha apelado directamente a los manifestantes para «dejar a un lado las diferencias y mirar durante un minuto a nuestra ciudad y nuestro hogar», insistiendo de nuevo en la necesidad de «oponerse a la violencia y mantener el imperio de la ley». Sin responder a las demandas de las protestas, que exigen la retirada total del proyecto de ley, una investigación de la fuerza policial y reactivar el proceso democrático para alcanzar el sufragio universal, Lam prometió impulsar la dañada economía y que «cuando todo esto se calme, empezaremos a tener un diálogo sincero y a reconstruir la armonía».

De esta manera despejó las preguntas sobre su dimisión, que también le exigen los manifestantes. Lo que empezó a principios de junio con multitudinarias manifestaciones pacíficas contra una controvertida legislación que permitiría la entrega de criminales a los tribunales de China continental, que los hongkoneses temían que mermara las mayores libertades que les ofrece el modelo «un país, dos sistemas», ha derivado en una revuelta contra el autoritarismo de Pekín y la falta del prometido sufragio universal. Enfurecidos por la falta de respuesta del Gobierno, miles de jóvenes y adolescentes se enfrentan cada fin de semana a la Policía con tácticas de «guerrilla urbana» bajo la mirada comprensiva y el apoyo de sus mayores. Escarmentados por el endurecimiento de la respuesta policial, los manifestantes han optado por jugar al ratón y al gato con los antidisturbios, rehuyendo las batallas campales de hace un mes y moviéndose por toda la ciudad cortando calles con barricadas y cercando comisarías.

Para acabar con las protestas, la Policía ha sacado de su retiro al subcomisario jefe Alan Lau, quien ya sofocó la «Revuelta de los Paraguas» en 2014 y los disturbios que sacudieron dos años después a los puestos de bolas de pescado en Mong Kok. Su llegada se ha notado y, durante el último fin de semana, la Policía ha empleado nuevas tácticas.

Además de seguir gaseando de lo lindo a los manifestantes, los antidisturbios los han perseguido hasta el interior de las estaciones de metro y sus escaleras mecánicas, desatando algunas escenas de pánico. Debido al riesgo de avalanchas, esta actuación ha sido muy criticada junto a los disparos de pelotas de goma a corta distancia. Aunque una joven fue gravemente herida en un ojo, cuya imagen ha conmocionado a la sociedad hongkonesa, la Policía asegura no tener constancia de que haya sido por uno de sus agentes. Pero sí ha reconocido que ha infiltrado a sus agentes entre los manifestantes para detener a los más radicales, confinados en un centro de detención cerca de la frontera con China, y ha mostrado un camión con un cañón de agua para apagar las próximas protestas.

Pekín ya habla de terrorismo

Tras los violentos enfrentamientos del fin de semana, en los que ha habido numerosos detenidos, el régimen chino calificó el lunes las protestas como «terrorismo». Tal y como explicó el portavoz de la Oficina de Asuntos de Hong Kong y Macao del Consejo de Estado (Gobierno chino), Yang Guang, «manifestantes radicales han usado armas peligrosas para atacar a la Policía, lo que constituye una grave ofensa criminal y un signo de terrorismo».

Siguiendo con sus advertencias, la Prensa oficial ha mostrado camiones de la Policía Armada en la vecina ciudad de Shenzhen, en teoría para unas maniobras antidisturbios como las de la semana pasada. A pesar de las amenazas, pocos creen que Pekín se atreva a enviar al Ejército para aplastar las protestas porque recordaría a la masacre de Tiananmen en 1989, pero en pleno siglo XXI y en una ciudad internacional como Hong Kong.