Machismo, religión e idioma, los desafíos de América Latina en la acogida de refugiados sirios

Varias familias de refugiados sirios han protestado en Uruguay para «salir a cualquier país» desengañados con la nueva vida que les esperaba alejados de la guerra y sin dinero suficiente para salir adelante

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Los cientos de miles de sirios que llegaron a Europa desde el inicio de la guerra desnudaron las fracturas de una Unión Europea en su momento más delicado en décadas. Si bien Angela Merkel abrió en 2015 las fronteras alemanas a los sirios, la Hungría de Viktor Orban, con la construcción de su muro, lideró a los países del Visegrado en la negativa a participar en las cuotas. En cambio, Jordania y Líbano, países que suman entre ambos 15 millones de habitantes, han asumido cerca de 1.700.000 refugiados sirios, que suponen el 20 y el 10% de la población total, respectivamente. Mientras que los países del Golfo se negaron a acoger, en América Latina, con el Atlántico como principal barrera, Brasil y Uruguay encabezaron la campaña para ayudar a los sirios; pero la feliz acogida que ofrecía el expresidente uruguayo Pepe Mujica se oscureció a los pocos meses con el arrepentimiento de algunas familias que esperaban mayor ayuda económica.

Lorenzo Agar
Lorenzo Agar

Grupos de refugiados sirios acamparon la pasada primavera en la Plaza de la Independencia de Montevideo para «salir a cualquier país» desengañados con la nueva vida que les esperaba alejados de la guerra y sin dinero suficiente para salir adelante. «Los que llegan no hablan el idioma. Además, el cheque del Estado no es muy alto, es poquita plata porque no hay recursos muy grandes. En un principio, la gente tiene la impresión de que está llegando a un país desarrollado... Por eso es importante en la entrevista con los sirios explicarles que este caso Chile es un país de desarrollo medio: vivirán tranquilos con estabilidad política, pero que no esperen recibir del Estado un apoyo inmenso, tendrán que trabajar», dice a ABC Lorenzo Agar, sociólogo chileno de ascendencia siria y coordinador de la Unidad de Migración e Inclusión social del Gobierno chileno. Más de 10.000 sirios -según cifras de Agar- viven en América Latina, de los que un 80% han ido a parar a Brasil, en mayo de 2016 los sirios conformaban la mayor comunidad de refugiados, con 2.298 de los 9.000 que vivían legalmente en el país hasta la fecha. Con 200 millones de habitantes, el gigante iberoamericano ha recibido a más de 2.000 sirios en los últimos años gracias a las políticas de apertura de Dilma Rousseff. Paradójicamente, su sucesor, el conservador Michel Temer, de origen libanés, ha promovido un mayor control en las concesiones de asilo por cuestiones de seguridad.

Chile, que cuenta con «2.000 reasentados» de otros países de la región, principalmente de colombianos, ha sido el último en sumarse al desafío sirio: 14 familias -66 personas- aterrizaron en el país el pasado 12 de octubre. «Es un grupo diverso: cristianos, católicos maronitas, musulmanes, chiíes y suníes, árabes, kurdos y armenios. La intención del reasentamiento en Chile es que fuera humanitario, sin ninguna connotación religiosa ni política. Van a estar ubicados ellos en dos pequeñas ciudades o comunas, como lo llamamos nosotros, donde el Estado se hace cargo de poder integrarlos desde el punto de vista de la vivienda», agrega.

De raíces sirias, los abuelos de Agar huyeron de Homs a principios del siglo XX hasta llegar a Chile. Pero no solo tiene orígenes sirios. «Mi abuelo materno era periodista español y estuvo en la Guerra Civil como republicano. Se vino a Chile en el buque Winnipeg con los exiliados».

¿Por qué querrían unas familias sirias cambiar Uruguay por Siria?

Pasó lo mismo con algunos palestinos que llegaron a Chile hace una década. No hablaban el idioma, el cheque del Estado no es muy alto, es poquita plata, no hay recursos muy grandes... En los primeros seis meses hay que dar un fuerte esfuerzo para que aprendan el idioma y empiecen a trabajar. No van a Chile para estar en una situación de asistencia, ellos tienen que emprender y empezar a generar recursos rápidamente porque no les alcanza con el subsidio. Probablemente pasó esto con los sirios en Uruguay. En Chile tendrán tranquilidad y apoyo económico: dos años con arriendo de vivienda, inserción, asistencia sanitaria, educación para los niños y subsidio monetario para los gastos de unos 120 euros por persona.

Aprender el idioma y las relaciones hombre-mujer son los dos principales problemas en la adaptación de sirios y palestinos a Chile

¿Cuáles son los principales problemas de integración a los que se enfrentan?

Lo más complicado para ellos, especialmente en el caso de adultos, es aprender el idioma. El segundo gran problema es en cuanto a las relaciones hombre-mujer. Están acostumbrados a que la mujer esté en la casa, sobre todo la población musulmana, y si están en la casa, no pueden generar ingresos. En Chile, para llegar más o menos a final de mes, tienen que trabajar los dos y, además, quedándose en casa no se aprende el idioma. Hay que ir modificando algunos hechos culturales para la adaptación, porque con lo que gana el hombre no les alcanzará. La atención médica también es diferente en el caso de las mujeres: muchas solo quieren ser atendidas por mujeres y en Chile no se elige género; es según lo que te toque. El país tiene que adaptarse de alguna manera a la población, porque si no, puedes generar problemas. Los palestinos han sido capaces de integrarse aquí; la integración se puede, pero no es fácil.

¿No teme brotes xenófobos en Chile como ha pasado en Europa?

Chile es un país donde hubo emigración por exilio desde el Golpe de Estado de 1973 hacia diferentes partes del mundo: Europa, Norteamérica, Australia… Tenemos refugiados colombianos, por las FARC y los paramilitares, peruanos por Sendero Luminoso y hasta afganos por los talibán. En 1999 se recibió a un grupo pequeño proveniente de los países de la ex Yugoslavia, con luces y sombras en cuanto la capacidad para armar todo el programa. Pero con los palestinos tuvimos una experiencia más positiva: se adaptaron rápidamente pese al idioma. En las entrevistas previas a palestinos y sirios en Líbano se les explica claramente que el tema religioso es un tema privado, personal. Lo pueden hacer pero no tiene el peso para nada que tiene en los países de Oriente Medio. Es una gran ventaja. Puede haber algún caso de xenofobia pero todavía no lo ha habido. En Chile hay 3.000 musulmanes y la mayoría son chilenos conversos. Además tenemos una notable comunidad libanesa y judía. No ha habido rechazos por cuestiones de religión y ahora tampoco tiene sentido que lo tengan.

En Argentina se ha creado la figura del «llamante», que consiste en que los propios argentinos de a pie actúen como receptores de familias de refugiados. Quienes se comprometan como voluntarios, deben proporcionar alojamiento, ayuda económica y medios para integrarlos en la sociedad. ¿Cómo lo ve?

A mí no me gusta mucho porque en el fondo creo que el reasentamiento es cosa de los Estados, porque si hay algún problema, ¿quién asume la responsabilidad?, ¿qué pasa si se enojan entre familias?

¿Debe dar un paso más Iberoamérica para que no recaiga todo el peso en Jordania, Líbano, Turquía o el sur de Europa?

Creo que América Latina debe dar un paso más en la acogida de refugiados, pero es un tema financiero. América Latina es una región que tiene justamente la gran ventaja de su diversidad cultural y su aceptación de las distintas personas, países, religiones y cultural, todo. Es un espacio de América Latina privilegiado, pero se requieren recursos, por eso recibimos a muy pocas familias y vamos con paso lento. Los Estados no tienen suficiente presupuesto. Todavía hay mucha pobreza en los países: ¿cómo les dices a los la sufren que sí hay dinero para refugiados? América Latina es un excelente espacio para reasentar personas, pero tenemos muchas dificultades.

¿Por qué habla de familias? Para los niños sirios o palestinos, que llegan sin hablar español, ¿prefiere tutor o escuela?

Accordamos con Líbano y Acnur que traeríamos familias y no individuos porque son núcleos más sencillos. Las familias traerán niños que irán directamente a la escuela para aprender el idioma. A los menores palestinos los enviamos rápidamente al colegio para que estuvieran con compañeros chilenos. Así que nada de un tutor, no sirve de nada. La interacción con los niños será rápida, en tres meses estarán hablando.

Con muchas de las ciudades más peligrosas del mundo, ¿se puede hablar de países seguros en América Latina para los refugiados?

Es verdad, tienen que ser en países con cierto grado de seguridad: no puedes correr el riesgo de que sufran consecuencias de violencia urbana. Por eso se inicia en Uruguay, Chile o en algunas zonas de Brasil. En Chile hay índices de normalidad bastante altos. Aunque nadie está a salvo del peligro.

Usted es nieto de sirios.

Mis abuelos llegaron a Chile desde Homs en 1904. Fueron en barco hasta Argentina y luego atravesaron la cordillera porque había ya sirios en Chile. Tengo ahí una raíz de Siria siempre presente que ha hecho que siempre me haya dedicado a estudiar la cultura árabe.

¿Y lo habla?

No, no hablo árabe. Mi papá, sí. Mi papá se casó con mi mamá que no era árabe y se empezó a perder el idioma.

¿Recuerda un caso de integración que le haya alegrado especialmente? ¿y algún otro que lo recuerde con tristeza?

Dos hermanos palestinos que llegaron a Chile con una ceguera progresiva, y que ya se han quedado ciegos definitivamente, recibieron un apoyo muy importante de parte de las universidades para que pudieran hacer su carrera profesional y aprender bien el idioma. Ahora están trabajando con normalidad.

Recuerdo especialmente el caso de una familia palestina que se fue a Europa porque Chile no colmaba sus expectativas y no había capacidad para retenerlos. Pero al final, te acostumbras.

Cuando una familia de reasentados se arrepiente y decide irse, ¿lo considera un fracaso personal?

No, no lo siento como un fracaso. Me ha pasado varias veces. Va a haber arrepentimiento, no te quepa duda, es lo que llamo el shock de la tranquilidad. Al cabo de un mes, dos o tres meses, cada persona empieza ese problema. Y ahí el punto está en el seguimiento.

*En una versión anterior del artículo se hacía referencia erróneamente a reasentados costarricenses.