Simulación hecha por ordenador publicada por Deutsche Welle
Simulación hecha por ordenador publicada por Deutsche Welle - DW

Karl Marx regresa a Alemania

El camión con la estatua de dimensiones gigantescas de Karl Marx con la que China ha querido obsequiar a Tréveris entraba en Alemania siguiendo una ruta secreta y tratando de burlar a los fotógrafos

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Con nocturnidad y alevosía. El camión de carga especial con la estatua de dimensiones gigantescas de Karl Marx con la que China ha querido obsequiar a Tréveris, la ciudad natal del pensador y filósofo germano, entraba en Alemania siguiendo una ruta secreta y tratando de burlar a los fotógrafos, casi como Lady Dy. Y no es precisamente fácil de ocultar. Se trata de una estatua bronce de más de cuatrometros de altura que ha generado una gran controversia entre los vecinos de la localidad en los últimos meses. Nadie la había pedido. Pekín hizo pública su intención de enviar la obra a la patria chica de quien está considerado el padre del comunismo, con motivo del segundo centenario de su nacimiento, que se cumplirá en mayo de este año, y las autoridades locales se vieron envueltas en una situación diplomática que les quedaba grande y atrapadas en sus deseos de celebrar por todo lo algo el aniversario de uno de sus conciudadanos más célebres. Así es como la estatua está firmada por el artista chino Wu Weishan está ya en la ciudad y será colocada en una plaza cercana a la Porta Nigra, una monumental puerta construida en la época del Imperio romano y calificada como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco desde 1986.

El estado federado de Renania-Palatinado, la Fundación Friedrich Ebert y la ciudad de Treveris han programado a partir de mayo tres grandes exposiciones y cerca de 600 actos, desde congresos para presentaciones musicales, acerca de una de las personalidades más controvertidas y más influyentes de los últimos dos siglos. «Karl Marx es con seguridad el economista y pensador social que más influencia cuyos escritos más influencia han tenido en la historia», ha defendido la primera ministra de Renania Palatinado, Malu Dreyer, «me alegro de que con motivo de sus 200 años la región, la ciudad, el obispado y muchos otros organismos le rindan tributo al hijo más grande de Treveris». Con estas palabras, Dreyer creía que finalmente reconciliaba la figura de Marx con la profundamente católica ciudad que vio nacer al autor de El Capital. «Fue necesario que acabará la guerra fría para que la ciudad encontrara un camino para confrontarse normalmente con Marx», explicaba, pero por si acaso ha hecho llegar la estatua sin periodistas de por medio y los habitantes de Tréveris no pueden verla todavía sino en una simulación realizada en un ordenador.

En el acalorado debate en el que lleva sumida la ciudad desde hace cerca de un año, hay dos bandos muy marcados. Por una parte, los miembros del Gobierno local, socialdemócrata, que defienden que el monumento constituye todo un éxito porque ha servido para abrir una reflexión sobre las relaciones que la ciudad quiere mantener con China y con la figura de Karl Marx. Por otra parte, quienes se posicionaron claramente en contra de la estatua, como líderes del partido liberal FDP que señalaron que la gran cuestión era deliberar si Tréveris quería aceptar un regalo de un «régimen déspota, cruel y sanguinario». «Se trata de un regalo envenenado, un caballo de Troya ideológico», han denunciado desde el partido ecopacifista de Los Verdes. «¿Acaso les hemos enviado nosotros como regalo una estatua de bronce de cuatro metros de altura del Papa Francisco? ¿Qué harían con ella si nos atreviésemos a enviarla?», se preguntaba una de las manifestantes el pasado fin de semana, portando una pancarta en la que podía leerse: «Marx go home China». «¡Con lo que nos costó derribar esas gigantescas estatuas después de la caída del Muro de Berlín! ¡No había quien arrancase esos pies de bronce! Por eso ahora no entiendo qué es lo que estamos haciendo», añadía un anciano en la misma manifestación, en declaraciones a los periodistas.

Lo cierto es que no es la primera vez que Alemania recibe un obsequio polémico y provocador por parte del gigante asiático. En 2014, la ciudad de Wuppertal fue agasajada con una figura de gran tamaño de Friedrich Engels, compañero de Marx. Hoy en día, esta estatua también de cuatro metros de altura se ha convertido en el principal reclamo para los turistas y el debate ha perdido vigor en la ciudad.

Marx, justifica Beatrix Bouvier, la comisaria del programa conmemorativo, «sigue siendo un tema controvertido porque tuvo una influencia que fue más allá de su vida y todavía muchos se confrontan con él preguntándose si tenía o tenía razón Eso tiene que ver con la fuerza de su lenguaje, cercano al de la biblia. Luego vino el hecho de que el movimiento obrero necesitaba creer en algo y se encontró con la obra de Marx«. Sus palabras, en lugar de apaciguar, alimentan la polémica. «¿Pero a quién se rinde homenaje? ¿Al filósofo, al revolucionario, al agitador?», se pregunta Zoran Arbutina, analista de Deutsche Welle, «La religión fue para Marx el opio para el pueblo, lo que no evitó que sus seguidores lo adoraran como un santo. Después de su muerte, crearon una secta alternativa y dogmática que llamaron marxismo y en su nombre se han cometido algunos de los peores crímenes en la historia de la humanidad: genocidio, persecuciones y deportaciones indiscriminadas. Al mismo tiempo, se han cometido crímenes similares para luchar contra los crímenes cometidos en nombre de las ideas de Marx», reflexiona, «sus apologistas afirman que Marx fue instrumentalizado por dictadores y déspotas, sus críticos ven la dictadura ya establecida en los fundamentos de su pensamiento, no en vano soñó con una «dictadura del proletariado. Lo más probable es que no fuera ni profeta ni demonio, sino una superficie de proyección en la que todos pintan la imagen que más les conviene. En la historia de los movimientos comunistas y socialistas las ideas libertarias y opresoras han ido, a menudo, a la par. Tanto que apenas se percibe la transición de unas a otras».