EFE

Irán celebra el 40 aniversario de la revolución bajo la creciente presión de Trump

Las marchas conmemorativas del derrocamiento del régimen del sah Mohamad Reza Pahlavi echaron por tierra el pronóstico del asesor de seguridad nacional de Trump, John Bolton

Corresponsal en JerusalénActualizado:

Frío, lluvia y una enorme mancha negra cubriendo la interminable calle Azadi (libertad, en farsi) hasta desembocar en la plaza del mismo nombre en Teherán. Esa fue la imagen panorámica que los medios oficiales iraníes ofrecieron de la celebración del 40 aniversario del triunfo de la revolución islámica. «Millones de iraníes», según esos mismos medios, respondieron a la llamada de las autoridades islámicas en un aniversario marcado por la grave crisis económica, la escalada de tensión con Estados Unidos y la cumbre que arrancará mañana en Varsovia sobre «estabilidad y paz» en Oriente Medio, convocada por el secretario de Estado estadounidense, Mike Pompeo, para contrarrestar el peso creciente de la república islámica en la región. Esta cumbre es un paso más de la Administración que lidera Donald Trump para presionar a Irán tras su retirada unilateral del pacto nuclear.

«La presencia del pueblo en las calles significa que el enemigo no alcanzará nunca sus objetivos diabólicos», proclamó el presidente Hasán Rohani en un discurso en el que denunció un «complot» orquestado por Washington, los «sionistas» y Estados «reaccionarios» de la región contra su país. El clérigo moderado también transmitió al público presente que «no hemos pedido y no pediremos permiso para desarrollar diferentes tipos de misiles. Continuaremos nuestro camino y con nuestras capacidades militares», otro mensaje directo a la Casa Blanca.

Las marchas conmemorativas del derrocamiento del régimen del sah Mohamad Reza Pahlavi echaron por tierra el pronóstico del asesor de seguridad nacional de Trump, John Bolton, quien señaló hace un año que Irán no llegaría a celebrar este 40 aniversario. Lo celebró y en sus calles se volvieron a escuchar eslóganes clásicos como «Muerte a Estados Unidos», «Abajo Inglaterra» o «Muerte a Israel». Esta vez también se vieron carteles que rezaban «No a la malversación» o «No a la corrupción», mensajes en clave interna dirigidos a unos mandatarios acusados de no gestionar correctamente los recursos de una de las mayores potencias mundiales en hidrocarburos.

Mensaje de EE.UU. a Israel

Entre los gritos, los carteles y el discurso del cada vez más cuestionado Rohani, que ganó las dos últimas elecciones con la promesa de que el pacto nuclear traería grandes beneficios que nunca han llegado, el Cuerpo de los Guardianes de la Revolución aprovechó para exhibir en la capital los misiles Qadr, con un alcance de 2.000 kilómetros, Ghiam, de 700 kilómetros, y Zolfeghar, de 800. Sardar Yadolá Javani, uno de los responsables de este cuerpo paramilitar de élite, declaró en medio del fervor revolucionario que «con todas sus capacidades defensivas y militares, Estados Unidos no se atreve a disparar ni una sola bala contra nosotros. Estados Unidos sabe que si nos atacan, Tel Aviv y Haifa quedarán reducidos a polvo», recogió la agencia oficial IRNA.

«En estas cuatro décadas Irán no exportado su sistema de gobierno teocrático a otros países, pero sí ha logrado expandir su influencia», destacó la analista Ariane Tabatabai en un artículo publicado por el centro de estudios estratégicos Atlantic Council en el que señaló que la actual política exterior del país «tiene como objetivo asegurar sus intereses y maximizar su poder». Invasiones de Estados Unidos como la de Irak han ayudado a reforzar la expansión iraní en la región, a base de apoyar a grupos chiíes, y Teherán ya cuenta con gobiernos aliados en Bagdad, Beirut o Damasco. El apoyo de la república islámica al presidente sirio, Bashar Al Assad, ha sido firme desde el comienzo de la guerra y el Ejército de Israel ha llevado a cabo miles de operaciones en el país árabe, según el ex jefe de Estado Mayor, Gadi Eisenkot, argumentando que actúa para evitar el establecimiento de bases iraníes en el país. Después de 40 años de revolución, Siria se ha convertido en el último campo de batalla entre los dos grandes enemigos de la región.