Francisco de Andrés

La impostura tiene las patas cortas

La izquierda europea debería ser más cauta a la hora de buscar ídolos de masas

Francisco de Andrés
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Cuando todos pensábamos que con el Brexit nos íbamos a librar de los británicos antes del verano, mira por dónde han sido ellos los que se han librado de Julian Assange antes del solsticio, después de casi siete años de incómodo hospedaje del australiano en Londres. El proceso de extradición puede ser lento, pero el divo del espionaje cibernético ya no tendrá la oportunidad de reírse de medio mundo bajo la cobertura del asilo ecuatoriano, del que –como sabemos– también acabó burlándose el huésped, porque Assange tiene alma de artista.

Lo que ha ocurrido en las horas posteriores a la operación policial de Scotland Yard es un refrendo del calado ideológico y político que había adquirido el «caso Assange» en los últimos tiempos. Gurús de la izquierda latina como Rafael Correa, o de la europea, como el británico Corbyn, han denunciado la detención del cofundador de WikiLeaks como un atropello a la ley y a la Justicia. El líder laborista se muestra contrario a que Londres extradite a Assange a Estados Unidos «por revelar pruebas de las atrocidades en Irak y Afganistán». Que se queden tranquilo Corbyn y todos los progres bienintencionados. Assange no será extraditado y juzgado por revelar atrocidades, sino por delitos que van desde el pirateo informático a la revelación de secretos de Estado y el riesgo en que puso a miles de civiles en Irak y Afganistán al publicar sus nombres. Eso dejando de lado los cargos británicos de violación de la libertad condicional, y los que probablemente reabra Suecia por posible violación de dos mujeres.

La izquierda europea debería ser más cauta a la hora de buscar ídolos de masas. Si no que se lo pregunten a sus colegas norteamericanos, que rendían pleitesía a Assange hasta que el «enfant terrible» publicó los correos electrónicos de Hillary Clinton y hundió sus aspiraciones presidenciales. Resulta grotesco que el gran padrino de Assange y de sus libertades sea el presidente ruso, Vladimir Putin, que también protege en su territorio al analista de la CIA y émulo del «hacker» australiano. David Snowden.

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