Una mujer carga a su hija recién nacido en la maternidad de Roraima
Una mujer carga a su hija recién nacido en la maternidad de Roraima - Reuters

Huir a Brasil para dar a luz

Las venezolanas llegan a la maternidad de Boa Vista sin cuidados prenatales, desnutridas y con enfermedades

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La tragedia humanitaria de los venezolanos en la frontera brasileña no perdona a nadie. Menos a las centenares de mujeres embarazadas que cruzan a Brasil después de haber recorrido 900 kilómetros -en las peores condiciones posibles- para ver nacer a sus hijos en un país con mayores oportunidades. Esta generación de bebés venezolanos están naciendo en un entorno muy precario, dada a la grave crisis económica que afecta a sus madres.

Los partos de venezolanas en el sistema público de sanidad de Boa Vista, la capital de Roraima, en la frontera, se han duplicado en un año. Solo en la primera mitad de 2018 se registró 571 nacimientos, el doble del año anterior que se ubicó en 566. Según las cifras del Departamento de Salud, el promedio es de tres nacimientos diarios, lo que puede llevar a más de 1.000 hijos de refugiados cuando finalice diciembre.

Sin embargo, lo que más preocupa a las autoridades locales no son los números sino las pésimas condiciones en que estas mujeres llegan a la maternidad con problemas de salud, desnutrición, sin orientaciones ni cuidados prenatales, lo que ha aumentado también el número de bebés prematuros o que no resisten al parto.

En entrevista a TV Globo, el pediatra Gustavo Araújo da Silva, director de la única maternidad pública en Boa Vista, explica que son casos difíciles y de riesgo. «Normalmente no es un paciente fácil de tratar, tiene patologías que generan un aumento de hospitalizaciones de riesgo», afirma.

Agilizar la residencia

El éxodo de venezolanas ha sobrecargado los servicios sociales de Roraima al punto de que los trabajadores han alertado estar «al límite» de su capacidad y que necesitan mayores recursos del sistema de sanidad brasileño en cuidados intensivos y medicamentos para atender a todas las mujeres que llegan.

Son muchos también los casos de personas que cruzan la frontera para tener un hijo brasileño y así aprovechar la posibilidad de agilizar los trámites de residencia en el país. Mientras una visa de refugiado puede demorarse tres años, la residencia para inmigrantes padres de brasileños es automática y les da derecho a pedir la nacionalidad.

Otro problema grave enfrentado por la sanidad brasileña es el brote de sarampión. Desde febrero, cuatro personas murieron de sarampión en Roraima, tres de ellas, venezolanas. El estado registró 281 casos este año, la mayoría de niños.

El ministro de Sanidad de Brasil, Gilberto Occhi, reclamó públicamente al gobierno de Nicolás Maduro por no colaborar con datos que lo ayuden a evaluar la extensión de la epidemia. «Tenemos que saber cuál es la política de Venezuela y que está haciendo para vacunar a su población», criticó. Brasil está vacunando a los venezolanos que entran al país.

El riesgo de colapso de la red pública ha alimentado la tensión en el estado de Roraima. Con la llegada masiva de venezolanos, un promedio de 500 al día, se ha registrado también un aumento de delitos y de la prostitución que se reflejan en el incremento de la xenofobia contra los vecinos del norte.

En la capital, Boa Vista, se calculan que viven entre 30.000 a 40.000 venezolanos, equivalentes al 10% de la población, llevando la ciudad al límite. Especialmente en la sanidad, donde las atenciones han subido de 700 en 2014 a 50.000 en 2017 y a 45.000 en los primeros tres meses de 2018. Durante el fin de semana, 700 venezolanos fueron atacados por brasileños en Pacaraima, puerta de entrada a Brasil, después de un supuesto robo a un comerciante brasileño. Por lo menos, 1.200 venezolanos abandonaron Brasil en un sólo día.

Mientras las autoridades de Roraima piden el cierre de la frontera, el gobierno de Michel Temer ha desplazado soldados y reforzado una operación con para recibir a estas familias. Pero ni las ONU ni las autoridades brasileñas están dando abasto para atender al fuerte flujo migratorio.