La hipocresía del caso Khashoggi

Parece un aliado más conveniente el que viola los derechos humanos de los suyos que el que viene a ponernos bombas a nosotros

Ramón Pérez-Maura
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Las declaraciones que hoy publica ABC de Mohammad Mhaddessin, presidente del Consejo Nacional de la Resistencia Iraní, son especialmente relevantes por producirse unas semanas después del crimen del periodista saudí Jamal Khashoggi el mes pasado. El enfrentamiento entre tres potencias musulmanas lleva con frecuencia a crímenes horrendos. Y eso es algo que ocurre en Arabia Saudí igual que en Irán y en Turquía. Pero no nos enteramos igual de todos los casos. Generalmente recibimos mucha más información de los casos que nos afectan muy indirectamente que de los que son una amenaza directísima. Baste un ejemplo para comparar con el escándalo de Khashoggi.

La inmensa mayoría de quienes conocen todos los detalles de su espantosa muerte no ha oído hablar ni una palabra del frustrado atentado de los servicios de inteligencia iraníes el pasado 30 de junio en Villepinte, a las afueras de París. Ese día se reunía allí el «Free Iran Gathering» un congreso anual de opositores al régimen de los ayatolas en el que participaban personalidades como el ex alcalde neoyorquino Rudy Giuliani, el ex ministro de Exteriores francés Bernard Kouchner y su homólogo italiano Giulio Terzi, el ex primer ministro canadiense Stephen harper, el ex vicepresidente del PE Alejo Vidal-Quadras… Durante el congreso, la labor coordinada de las policías de cuatro países europeos llevó a la detención en Bélgica de un matrimonio belga de origen iraní que se dirigía al congreso de Villepinte a detonar un explosivo que le había sido suministrado por el iraní Assadollah Assadi, que además de dedicarse a repartir peróxido de acetona por Europa, fungía como consejero de la embajada de Irán en Viena. Assadi fue detenido en Alemania el 2 de julio, cuando intentaba alcanzar Austria por carretera para guarecerse en su inmunidad diplomática. No lo consiguió. En octubre fue extraditado a Bélgica para enfrentarse a juicio y el pasado 9 de noviembre le fue prolongada su prisión preventiva.

Los mismos medios de comunicación que tanto han disfrutado contando el asesinato de Khashoggi han ignorado mayestáticamente el caso de un frustrado atentado que podía haberse llevado la vida de decenas de personas -y personalidades- y en el que los indicios de responsabilidad del Gobierno iraní son tan creíbles como los del Gobierno saudí en el otro caso. Pero ya sabemos que la hipocresía que nos asola establece que hay muertos reales y potenciales de primera y de segunda categoría…

Sumemos a todo ello la clamorosa indiferencia ante las actuaciones terroristas de Irán en Europa (no en Turquía, en la Unión Europea) que demuestra la Alta Representante Federica Mogherini, a la que los frustrados atentados iraníes en París, Bruselas o Copenhague no le han ameritado hacer una denuncia pública. Y Mogherini va colocando peones proiraníes en la diplomacia europea en Oriente Medio por lo que lo menos que podemos preguntarnos es a qué está jugando Europa. Permítanme expresarlo con toda crudeza. Habrá quien diga que iraníes y saudíes violan los derechos humanos por igual. No me atrevería a afirmarlo, pero lo admito como hipótesis. En un caso así, me parece un aliado más conveniente el que viola los derechos humanos de los suyos que el que viene a ponernos bombas a nosotros. ¿O no?

Ramón Pérez-MauraRamón Pérez-MauraArticulista de OpiniónRamón Pérez-Maura