Una inmigrante haitiana sujeta una bandera en una protesta en Tapachula, México
Una inmigrante haitiana sujeta una bandera en una protesta en Tapachula, México - AFP

Los haitianos en República Dominican aumentaron un 12,4 por ciento en los últimos cinco años

Los esfuerzos de Santo Domingo han ralentizado la progresión migratoria, pero se aceleran los nacimientos de haitianos en el país

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Una visita al mercado binacional de Dajabón, en el noroeste de la República Dominicana, pegado al límite fronterizo con Haití, ilustra bien el fenómeno de la inmigración haitiana en suelo dominicano.

La masiva llegada de compradores haitianos para adquirir productos básicos que no se encuentran en su país, junto con la abrumadora presencia de vendedores haitianos afincados en la nación de acogida hablan de una penetración haitiana que en las provincias fronterizas provoca recelos entre los dominicanos y motiva la estrecha vigilancia del Ejército (hasta cinco controles militares se ocupan de inspeccionar los autobuses que desde allí viajan a Santo Domingo).

A pesar de los esfuerzos del Gobierno dominicano por estabilizar la cifra de personas que llegan del otro lado de la frontera, la población haitiana en República Dominicana sigue aumentando. Las estadísticas oficiales hablan de una presencia en el país de 751.080 residentes de origen haitiano –el 7,3 por ciento del total de la población registrada– si bien se estima que, contando con la inmigración ilegal, la cifra supera el millón (el número oficial de habitantes es de 10,1 millones).

La mayor vigilancia fronteriza ha limitado el crecimiento de la inmigración (aún así en los últimos cinco años los residentes llegados de Haití aumentaron un 8,6 por ciento, llegando a ser 497.825), pero se ha acelerado el nacimiento en la República Dominicana de niños de padres haitianos (un incremento del 20,6 por ciento, alcanzado los 253.255), de acuerdo con la Encuesta Nacional de Inmigrantes referida al periodo 2012-2017. El 88,5 por ciento de los extranjeros que viven en República Dominicana son de origen haitiano.

Inseguridad y xenofobia

El desequilibrio socioeconómico entre los dos países que comparten la isla de la Española –Haití es el más pobre de América, República Dominicana el que más crece económicamente (un siete por ciento en 2018, cifra similar a la de los últimos años, si bien en 2019 el crecimiento podría bajar al cinco y medio por ciento, según el FMI)– hacen irremediable el flujo de personas de un lado de la frontera al otro.

La fuerte presencia de haitianos en labores del campo y en trabajos precarios y callejeros en las ciudades ha provocado brotes de xenofobia y cierta sensación de inseguridad entre parte de la población dominicana. Su fácil reconocimiento, por ser generalmente de piel más oscura (en el proceso de la independencia de Haití, a comienzos del siglo XIX, la población esclava mató a los blancos, por lo que apenas hubo mezcla racial) facilita la segregación. De todos modos, aunque algunos dirigentes políticos han lanzado mensajes populistas contra la inmigración, el tono general de la vida política ha evitado dejarse llevar por la demagogia.

A favor, en contra

Organizaciones internacionales, deseosas de resolver el problema de Haití mediante una mayor integración entre los dos países, han destacado el beneficio mutuo que supone la migración haitiana. El Fondo de Población de Naciones Unidas indicó en 2013 que los inmigrantes haitianos aportaban el 5,4 por ciento del PIB dominicano, al tiempo que las remesas enviadas por estos a su lugar de origen, por un valor de 1.300 millones de dólares, constituían una cuarta parte del PIB de Haití, país que cuenta con siete millones de personas censadas.

Quienes más han criticado la presencia haitiana han destacado el gasto que supone para la sanidad pública, pues esta tiene que atender a miles de mujeres haitianas que buscan los hospitales dominicanos para dar a luz, incluso aunque tengan su residencia habitual en Haití. En 2018, en las provincias dominicanas con mayor número de partos el 29 por ciento correspondió a mujeres extranjeras, la mayoría haitianas. Un estudio de la Fundación Global Democracia y Desarrollo indica que entre 2013 y 2016 el Estado dominicano destinó más de seis millones de dólares a la atención de parturientas extranjeras en centros de salud públicos.

La mayor tasa de fecundidad entre las mujeres haitianas permite aventar el miedo a una «invasión», algo que afecta un nervio esencial de la sociedad dominicana, que entre 1822 y 1844 estuvo bajo dominio haitiano y después conoció diversos intentos de control desde la otra parte de la isla. El recelo, en cualquier caso, es mutuo, pues al «Degüello de Moca» de 1805, cuando los haitianos pasaron a cuchillo a medio millar de dominicanos, se contrapone la «Masacre de Perejil» de 1937, cuando Rafael Trujillo ordenó la eliminación masiva de los haitianos que vivían en República Dominicana (murieron al menos 18.000 personas).

Denuncia y regularización

Si bien cuando se les pregunta de manera expresa, los dominicanos se pronuncian por una política especialmente estricta frente a la inmigración ilegal, las encuestas no sitúan directamente la inmigración como el principal problema del país, de acuerdo con el sondeo Gallup-Hoy publicado las últimas semanas. Para el 68,3 por ciento de los dominicanos, el mayor problema es la delincuencia, sobre todo robos y asaltos, seguido del paro y del alto coste de la vida y la corrupción. Por debajo del diez por ciento quedan otros asuntos, como el de la inmigración haitiana. No obstante, hay que tener en cuenta que muchos dominicanos vinculan la inseguridad con la fuerte presencia de haitianos en el país.

El partido que ha hecho bandera del descontento por el elevado número de haitianos en la sociedad dominicana y que más denuncia «el peligro haitiano» es el Frente Nacional Progresista (FNP), que el pasado mes de noviembre hizo una declaración pública en favor de levantar un muro en la frontera entre los dos países. Sin embargo, el FNP apenas cuenta en las preferencias electorales de los dominicanos y no alcanzó representación en el parlamento en las elecciones generales de 2016.

Ante la inquietud social, la República Dominicana procedió a una regularización de inmigrantes ilegales, siguiendo dos sentencias del Tribunal Constitucional, de 2013 y 2014. En este proceso se aceptó el registro de unos 200.000 haitianos. Desde entonces, las autoridades aseguran haber devuelto a Haití cerca de 30.000 personas.