La primera ministra británica, Theresa May
La primera ministra británica, Theresa May - REUTERS

Londres propone mantener una «frontera invisible» con Irlanda

El plan para evitar los controles tiene muchos puntos ambiguos, y no satisface a Dublín

ENRIQUE SERBETO
CORRESPONSAL EN BRUSELASActualizado:

El Gobierno británico quiere evitar reintroducir controles fronterizos físicos entre la República de Irlanda e Irlanda del Norte cuando se haya producido su salida de la UE, según figura en un documento presentado ayer para exponer sus posiciones ante la próxima ronda de negociaciones sobre el Brexit. La propuesta se basa en las «circunstancias únicas» de esa región británica y su relación con el resto de la isla de Irlanda y da la impresión de que quiere utilizarlo como una puerta trasera para hacer avanzar su idea de seguir beneficiándose del mercado único europeo sin tener que asumir los costes correspondientes. Para el Gobierno irlandés, formalmente se trata de una proposición que deja muchas incógnitas sin aclarar. En su fuero interno, lamentan que la idea de Londres no prevea una solución más favorable para sus intereses, que sería la atribución de un estatuto especial para el Ulster, diferenciado de las demás regiones del Reino Unido.

Está previsto que la tercera ronda de negociaciones con la Comisión Europea empiece el próximo 28 de agosto. Por ello, los portavoces del Ejecutivo comunitario han vuelto a insistir en que no esperan negociar nada sobre el futuro estatus del Reino Unido antes de que se haya avanzado significativamente en el campo de la «salida ordenada», que ya es un eufemismo para referirse a la cuestión de los ajustes contables, el finiquito o la cuenta de lo que Londres debe pagar para honrar sus compromisos previos. Sin embargo, la cuestión irlandesa figura entre la lista de las tres cosas que hay que abordar en primer lugar debido a sus connotaciones históricas.

Al referirse a la delicada cuestión de la frontera irlandesa, el Gobierno de Theresa May ofrece indicios «prácticos y flexibles» para asegurar que tanto las personas como los bienes comerciales sigan viajando libremente dentro de Irlanda tras el «divorcio». El responsable negociador británico, David Davis señaló en un comunicado que «el Reino Unido e Irlanda siempre han sido claros en que es necesario dar prioridad a proteger el Acuerdo de Viernes Santo en estas negociaciones, y asegurar que la frontera terrestre sea lo más sencilla posible para las personas y los negocios».

Sobre el asunto de la frontera penden multitud de efectos secundarios, no solamente la libre circulación de mercancías, sino hasta los fondos europeos dedicados a los programas de cimentación de la paz en Irlanda del Norte o las interconexiones eléctricas, que se diseñaron precisamente para mantener una coherencia geográfica con el conjunto de la isla. Londres insiste en que quiere que el resultado de las negociaciones refleje «el compromiso absoluto del Gobierno británico, irlandés y de la UE con el proceso de paz», y la separación entre Irlanda del Norte y la República de Irlanda será la única frontera terrestre entre el Reino Unido y la UE, ya que Gibraltar no forma parte del Reino Unido.

Libre circulación

Hasta ahora, los irlandeses y los británicos disfrutan de una fórmula de libre circulación (Área Común de Circulación) entre los dos países y de una tradición que permite a todo británico reclamar la nacionalidad irlandesa si tiene antepasados irlandeses. Para los agricultores irlandeses, el británico es su primer mercado sobre todo para la carne y los productos lácteos.

El escenario favorito de Londres sería llegar a un pacto que permitiera mantener el libre comercio entre el Reino Unido y la UE y que evitaría la necesidad de establecer controles fronterizos en el límite con Irlanda. Si no hay controles fronterizos, la llegada de productos británicos al mercado europeo a través de Irlanda podría continuar con independencia de si se ha previsto o no en las relaciones futuras.

El ministro irlandés de Asuntos Exteriores, Simon Coveney, comentó ayer que sigue habiendo puntos importantes sin respuesta en la propuesta de una frontera «invisible» después del Brexit. Pese a ello, Coveney acogió positivamente el compromiso de mantener el Acuerdo de Viernes Santo y el Área Común de Circulación, así como los esfuerzos para mantener la financiación para los programas relacionados con la paz en la región fronteriza, pero advirtió que cumplir las aspiraciones en el documento sería difícil. «Todavía hay preguntas importantes que no se han resuelto en términos de cómo vamos a gestionar y mantenernos lo más cerca posible del statu quo actual en la isla de Irlanda, en términos de libre circulación de bienes y servicios en el futuro y asegurar que mantenemos una frontera invisible». Aunque Coveney ve posible que se alcancen «posiciones de compromiso» en las negociaciones con la Comisión, antes de llegar a la fatídica fecha de la primavera de 2019, cuando se producirá la salida del Reino Unido de la UE.