Marcus Pretzel
Marcus Pretzel - REUTERS

La extrema derecha intenta sacar rédito de las víctimas

«Son los muertos de Merkel», asegura un mensaje de Alternativa para Alemania

R. SÁNCHEZ
BERLÍNActualizado:

La canciller Merkel recibió la primera noticia sobre el ataque mientras salía de una reunión con la directiva de su partido, la CDU. Tras contar con los primeros informes policiales, de riguroso negro y visiblemente afectada, compareció ayer ante los medios de comunicación para expresar su dolor y para calificar de «especialmente repugnante» el hecho de que el atacante hubiese podido ser un refugiado. Horas después de pronunciar esas palabras, el sospehoso, un refugiado paquistaní de 23 años detenido por la Policía, era puesto en libertad. Sin saberlo, la canciller aseguraba que sería «especialmente insoportable que se tratase de un refugiado». Merkel no ocultaba su estupor y su incapacidad para explicar que, «en un lugar donde las familias celebran la paz, alguien decida sembrar la muerte».

Pero mientras Merkel mostraba su estupor, la extrema derecha de Alternativa para Alemania (AfD) entonaba el «ya lo avisamos» y se disponía a hacer caja electoral con la tragedia. «Son los muertos de Merkel», agitaba en Twitter el eurodiputado de este partido xenófobo y antieuropeo Marcus Pretzell. «Primero las olas de violaciones y ahora los ataques terroristas, aunque se empeñen en ocultar que ha sido un atentado», decía quien es además marido de la presidenta de AfD, Frauke Petry. «Tiene las manos manchadas de sangre. ¡Echadla!», clamaba en Facebook Stefan Räpple, diputado regional de Baden-Württemberg, bajo un montaje fotográfico en el que Merkel aparecía salpicada de sangre.

En declaraciones a los medios, sin embargo, AfD guardaba la compostura, limitándose a subrayar la «crueldad» del atentado y llamando a una «reflexión consecuente» sobre los efectos de una política de extranjería fuera de control, en palabras de la presidenta del partido, Frauke Petry, Esta ponía así en práctica la estrategia electoral acordada por la dirección de AfD la semana pasada y que consiste en una agitación agresiva en las redes sociales simultánea a una presencia más moderada en el debate político. «Lamentamos profundamente lo sucedido, lloramos por las víctimas y constatamos que el terror, finalmente, ha alcanzado a Alemania», decía el comunicado oficial del partido.

Lo que AfD ha volcado en las redes sociales durante las últimas 48 horas es todo menos espontáneo, a pesar de que esa es su apariencia. El documento de estrategia recién aprobado opta por una «provocación cuidadosamente planificada» a la que el brutal ataque a un mercado navideño en el centro de Berlín ha servido de primera y espléndida plataforma. Frente a ellos, Merkel seguía ayer defendiendo su política de refugiados. «Hay muchos refugiados que se preocupan por integrarse en Alemania», recordó, subrayando que este país encontrará «la fuerza para vivir como queremos, libres unos junto a otros». También rechazaba la tentación de vivir «paralizados por el miedo al mal» tras el ataque. «Como millones de personas estoy profundamente triste, conmocionada y horrorizada», dijo, e invitó a confiar en «los valores y en las leyes».

Las encuestas, volátiles

El resultado que estas dos estrategias obtengan en el electorado es todavía una gran incógnita. La victoria de Donald Trump en EE.UU. y sus primeros pasos en la formación de gobierno habían tenido un efecto de retroceso en las encuestas para AfD, que de haber estado obteniendo el 12% en intención de voto pasaba la semana pasada a un escaso 5% en el sondeo de Emnid, en el que la CDU de Merkel seguía instalada en el 36%, muy lejos del segundo más votado, el Partido Socialdemócrata. «Pero ahora es diferente. Cuando le toca a uno en su propia carne todo es diferente», lloraba ayer, indignado, un taxista berlinés, «se ha ido demasiado lejos, hay que volver atrás, hay que terminar con Schengen. ¿Puede decirme a quién le importa mostrar su pasaporte al aterrizar en otro país? A mí no me importa, así había sido siempre y a nadie le importaba, fue Europa la que vino a cambiar esto y traer este caos…».

«La ciudad ha quedado silenciosa, atemorizada», reconocía anoche Anke Schützeichel, voluntaria en un centro para refugiados de Cáritas Alemania, «esta mañana apenas había gente por la calle, sabemos que pudimos ser nosotros, porque a ese mercado navideño en pleno centro de Berlín suele ir todo el mundo».