El presidente de Estados Unidos, Donald Trump/ Donal Trump califica de «fiasco total» la operación para matar al periodista Kashoggi - AFP/ Vídeo: ATLAS

EE.UU. exige a Arabia Saudí decir dónde está el cuerpo de Khashoggi

Washington también exige a Riad que deje salir del país a los tres hijos del periodista

David Alandete
WashingtonActualizado:

La inteligencia norteamericana está convencida de que la orden de matar al periodista Jamal Khashoggi vino desde los más altos escalafones del Gobierno saudí y cree que el Príncipe Mohamed bin Salman debía de estar al tanto de ella. Así se lo trasladó el jueves la directora de la CIA, Gina Haspel, a Donald Trump, en una reunión en la que le detalló los contenidos de una grabación de sonido de la muerte, que escuchó durante una visita a Turquía.

A medida que la corona saudí ha ido admitiendo lo que la inteligencia turca reveló hace ya una semana, la diplomacia norteamericana ha ejercido presión sobre Riad sobre todo en dos frentes: la corona debe revelar de una vez por todas dónde se encuentra lo que quede de los restos de Khashoggi y debe permitir a los tres hijos del periodista que tienen pasaporte norteamericano que abandonen el país y vayan a EE.UU.

De hecho, ya ha llegado a Washington el primero de ellos, Salah, cuya foto estrechando la mano de Bin Salman el martes dio la vuelta al mundo: la imagen de un hombre cuyo padre ha sido asesinado y al que se le prohíbe salir de Arabia Saudí, forzado a mirar a la cara al Príncipe del que se sospecha que ordenó matar a su padre. En Washington, Salah coincide con el que fuera jefe de su padre y director de la inteligencia saudí, el príncipe Turki al Failsal.

Al Faisal fue embajador en Washington y contrató a Khashoggi para su departamento de comunicación. Hoy es profesor visitante en Georgetown y ha servido de enlace de su país con la Casa Blanca, a la que ha trasladado que Bin Salman no puede salir debilitado de esta crisis, inmerso como está en un ambicioso programa reformista.

Débiles sanciones

Que ese mensaje ha quedado claro en Washington lo demuestra la tardía reacción de Trump, que ha defendido la presunción de inocencia de Bin Salman pero ha acusado a su vez a los saudíes de inventarse «la peor coartada de la historia». La prueba de que EE.UU. no va a tomar medidas drásticas es que de momento sólo ha ordenado la rescisión de visados de 21 sospechosos de haber participado en la operación.

De fondo, está el gasto saudí en armas de EE.UU., que asciende a 80.000 millones de euros durante los últimos cincuenta años. No sólo es Trump quien se ve en la necesidad de creer a Bin Salman. Son también las empresas de armamento.