Li Keqiang, durante su conferencia de prensa
Li Keqiang, durante su conferencia de prensa - REUTERS

China aprueba una nueva ley de inversión extranjera para abrir más su mercado

El primer ministro, Li Keqiang, promete igualdad y respeto a la propiedad intelectual con esta norma, que acaba con la obligación de transferir tecnología a los socios locales

Corresponsal en PekínActualizado:

En su pleno final de este año, la Asamblea Nacional Popular – Parlamento orgánico de China – ha aprobado este viernes una nueva ley de inversión extranjera que abrirá más su gigantesco mercado. Con su entrada en vigor prevista para el 1 de enero del próximo año, esta nueva normativa responde a las quejas de trato desigual manifestadas desde hace décadas por las empresas foráneas y sus gobiernos. Atraídas por los 1.400 millones de consumidores potenciales del mercado chino, dichas compañías se veían obligadas en numerosos sectores a montar sociedades conjuntas («joint-venture») con socios locales a los que debían transferirles su tecnología. Una norma que será eliminada por la nueva ley, que también promete defender mejor los derechos de propiedad intelectual y amenaza con castigar a los funcionarios que filtren a las empresas chinas información confidencial de las firmas extranjeras.

«China tratará a todo el mundo por igual: empresas extranjeras y nacionales y privadas y públicas», aseguró el primer ministro Li Keqiang en la rueda de prensa posterior al cierre de la Asamblea, emitida en directo por la televisión estatal. En esta multitudinaria comparecencia, la única que protagoniza durante todo el año y en la que las preguntas han sido seleccionadas para evitar temas sensibles, Li explicó que «más sectores se abrirán a la inversión extranjera, pero no de una vez, sino trimestre a trimestre y año a año». Sin dar detalles ni plazos, anunció que «pronto entregaremos una lista negativa que será más corta», dijo en alusión a los sectores que seguirán cerrados al capital foráneo, como la energía, las telecomunicaciones o las infraestructuras.

Junto al empleo, el crecimiento, el comercio, la inversión doméstica y las expectativas del mercado, la entrada de capital extranjero es una de las seis áreas a «estabilizar» este año por parte del régimen chino. Aunque la inversión extranjera directa subió el año pasado un 3 por ciento al ascender a 135.000 millones de dólares (120.000 millones de euros), en la última década ha aminorado por las restricciones del mercado chino.

Esta nueva ley de inversión extranjera era una de las demandas de Estados Unidos en la guerra comercial que su presidente, Donald Trump, inició el año pasado con una batería de aranceles multimillonarios. Aunque el autoritario régimen de Pekín empezó a redactar su primer borrador en 2015, no aceleró su tramitación hasta mediados del año pasado, cuando se convirtió en uno de los frentes de batalla con la Casa Blanca. Su aprobación por abrumadora mayoría en el Parlamento «de pega» chino, donde casi todos los diputados pertenecen al Partido Comunista y votan los que les ordena el régimen, coincide con las últimas negociaciones entre Pekín y Washington para zanjar la guerra comercial, que podrían concluir este mes. Como suele ser habitual en la Asamblea Nacional, donde no hay debate alguno, la nueva ley fue aprobada por una aplastante mayoría: 2.292 votos a favor frente a ocho en contra y ocho abstenciones.

Tal y como informa el periódico de Hong Kong «South China Morning Post», la legislación recién promulgada sustituye a las tres normativas vigentes hasta ahora sobre capital extranjero, que fueron aprobadas entre 1979 y 1990 y dejaban numerosos flecos abiertos y a expensas de otras regulaciones y normas.

«Mientras China está en transición hacia un modelo más sostenible basado en el consumo y la economía innovadora, la necesidad de un entorno más abierto, justo y transparente para todos los tipos de inversores es vital», analiza en un comunicado remitido a ABC el decano de la Escuela Chino-Europea de Negocios de Shanghái (CEIBS), Ding Yuan. En su opinión, «con la nueva ley veremos un punto de inflexión crítico y estratégico» porque «ayudará a convencer al resto del mundo de que China está dando los pasos hacia una economía de mercado más abierta».