El comisario europeo del Presupuesto, Gunther Oettinger
El comisario europeo del Presupuesto, Gunther Oettinger - EFE

Bruselas aprieta el cinturón a casi todos los Estados en su primer presupuesto post Brexit

La salida del Reino Unido dejaría un «agujero» de 90.000 millones de euros menos de ingresos en siete años

ENRIQUE SERBETO
BRUSELASActualizado:

El comisario encargado del presupuesto europeo, el alemán Gunther Oettinger, suele decir que lo único que cuesta la UE es equivalente al precio de un café diario por cada ciudadano. Sin embargo, el café será muy probablemente el ingrediente esencial en la discusión que empieza a partir de mañana y que probablemente se prolongará durante largas noches de amargas discusiones. Este será además el primer presupuesto post Brexit, es decir, que deberá gestionar el agujero financiero que deja la salida de un contribuyente neto y al mismo tiempo las ambiciones del presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker, para llevar a la UE hacia políticas nuevas de proyección de futuro, como defensa y seguridad, y que, naturalmente, cuestan dinero y por ello quiere aumentarlo un 10%.

Lo que va a presentar la Comisión mañana es su propuesta para lo que se llama técnicamente «Marco Financiero Plurianual» y que no es más que una manera de llamar al presupuesto, con la salvedad de que comprende siete años. La razón es evitar que esta discusión y los desencuentros entre países se repitan cada doce meses. Hasta ahora se cifraban en el 1% del PIB europeo. Juncker quiere subirlos hasta el 1,1% y aún con todo tendrás que hacer recortes para paliar el agujero dejado por la pérdida de la contribución británica. Lo que ahora está sobre la mesa son los números para el periodo entre 2021 y 2027, cuando ni siquiera estará en funciones esta Comisión.

El luxemburgués está decidido a dejar su huella en las instituciones comunitarias a través de este presupuesto, en el que quiere cambiar las prioridades y las fórmulas para calcular los gastos. Pero para eso tiene que convencer a los países, que son los que ponen el dinero.En el actual periodo presupuestario (2014- 2020) ascendió un billón 87.000 millones de euros. Es decir, unos 155.000 millones de euros al año, equivalente a la mitad del presupuesto español. Aún con los 13.000 millones anuales que aspiran a recaudar ahora, el café del comisario Oettinguer es más bien hecho en casa, porque a precios de cafetería de Bruselas las cuentas serían muy diferentes.

Las teorías que presentan a la UE como un monstruo del despilfarro no tienen ninguna base real. Al contrario, los beneficios que obtienen los ciudadanos en su vida diaria salen muy baratos. Sin embargo, esas teorías se han abierto paso en esta efervescencia nacional-populista que se ha propagado por muchos países y que está llevando a sus dirigentes a posiciones nunca vistas antes. Las primeras víctimas han sido los británicos, que al irse dejan un agujero que según los distintos cálculos puede llegar a los 90.000 millones en todo el periodo de siete años.

En los términos del acuerdo de divorcio que aún se está negociando, queda claro que tendrán que pagar todos sus compromisos hasta diciembre de 2020, cuando concluye el actual periodo presupuestario plurianual, pero no se sabe todavía nada del futuro, salvo que se entiende que tendrán que pagar solo por las políticas en las que decidan participar. En todo caso, la idea de la Comisión es que después del Brexit se acabarán todos los “cheques” y descuentos que se habían instaurado sucesivamente debido a las reticencias de Londres. Pero aún así, la Comisión ha necesitado de mucha imaginación para establecer unos presupuestos en los que tendrá menos ingresos y aspira a introducir nuevos gastos de forma que se mantengan al mismo tiempo los capítulos más emblemáticos de la acción de la UE como la Política Agrícola Común (PAC) y los Fondos de Cohesión que hasta ahora se llevan más de dos tercios del dinero.

La primera propuesta que va a introducir la Comisión para resolver este enigma será cambiar el criterio por el que se distribuyen los fondos estructurales y de cohesión de modo que ya no se calcularán directamente en función de la renta de los ciudadanos de cada región, sino que se introducirán otros elementos como el nivel de desempleo o su participación en la política de acogida de refugiados. Se trata de una fórmula que parece razonable, pero que parece hecha a medida para atacar a los países del Este, como Polonia o Hungría, que son los principales beneficiarios del dinero europeo, pero que responden con actitudes políticas que no se compadecen con las políticas del ejecutivo comunitario. Pero los recortes no serán solo para los polacos o los húngaros.

Hasta ahora la Comisión ha gastado el presupuestos en pura inversión, en proyectos concretos que se desarrollan en los países. A partir de ahora la Comisión quiere tener también la posibilidad de gastar en acciones propias dedicadas a nuevas políticas. Por ejemplo, en protección de fronteras exteriores, que se ha revelado como uno de los asuntos que pone en peligro la solidez del área de libre circulación, o la financiación de proyectos en la industria de la Defensa, campos nuevos para la UE. La cuestión del calendario es también muy importante. Los expertos de la Comisión temen que si la negociación se envenena, sería sin duda una sobredosis de combustible para los partidos antieuropeos y populistas.

Normalmente las negociaciones suelen durar dos años, y se considera que será imposible haber llegado a un acuerdo antes de las elecciones, en mayo de 2019, como quisiera Juncker. Por ello se prevé que harán una presentación escalonada de los distintos capítulos, para que aquellos países que reciban con simpatía una parte no tengan tantos argumentos después para rechazar las otras. Se necesita un acuerdo por unanimidad y hasta la minúscula Malta puede bloquear. Naturalmente, los países que más tienen que hablar son los que más pagan. Y ahí está la razón por la que el encargado de hacer los cálculos es el comisario alemán. Cuando se anunció que Oettinger dejaba la muy estratégica cartera de Energía solo podía ser por otra aún más interesante como decidir cuánto costará un café en Europa.