Pedro Rodríguez - De Lejos

Brexit party

El anticipado final de la política europea dominada por el centro-izquierda y el centro-derecha

Pedro Rodríguez
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La trascendencia de las elecciones europeas del 2019 puede superar incluso la magnitud de sus números. Entre cuatro días, más de 400 millones de ciudadanos están llamados a las urnas para elegir la composición del próximo Parlamento Europeo. Se trata de uno de los mayores ejercicios de participación democrática del planeta, solo empañado por la abstención. Y únicamente superado en términos agregados por las mastodónticas elecciones de la India que se prolongan durante más de un mes para acomodar por fases a 900 millones de votantes.

En estos comicios europeos –que irónicamente arrancan hoy jueves en Gran Bretaña (y también en Holanda)– el nacional-populismo continúa siendo un factor decisivo para cuestionar el proyecto de Europa. Aunque de cara a los próximos cinco años, tan importante, o incluso más que el auge del populismo y el euroescepticismo, puede resultar la fragmentación política anticipada para estas elecciones al Parlamento Europeo.

Todo hace indicar que el poder mayoritario va a seguir alejándose de los dos grandes bloques dominantes en la política europea: populares/democristianos y socialistas/socialdemócratas. Este forzado final del consenso entre centro-izquierda y centro-derecha vendría acompañado por un creciente respaldo hacia otras opciones como liberales, verdes, la izquierda más radical y el propio nacional-populismo, que lejos de formar un bloque monolítico tampoco se libra de esta tendencia hacia la dispersión.

De todos los partidos en lucha, especial atención merece el Brexit Party lanzado hace tan solo cuatro meses por el corrosivo Nigel Farage con la obsesión de salir de la Unión Europea cuanto antes, si es preciso sin acuerdo alguno. Con posibilidad de barrer en estas elecciones en detrimento de conservadores y laboristas, que juntos pueden terminar sumando menos votos que Farage. Aunque el objetivo verdadero no sería tanto Bruselas como Londres, al poner en su punto de mira al tradicional bipartidismo de Gran Bretaña que desde el referéndum de 2016 se está ganando a pulso perder, perder y perder.

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