José M. de Areilza

Brexit en estado crítico

Las cámaras han reforzado su capacidad de voto (y veto) sobre el acuerdo final de salida

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La razón por la que Theresa May continúa al frente del Gobierno es su debilidad, no su fortaleza. Las dos facciones de su partido enfrentadas en la negociación del Brexit están de acuerdo en que, por ahora, sea ella quien encabece el gabinete hasta el 29 de marzo de 2019, fecha en la que el Reino Unido deja la Unión. A continuación, habrá una batalla en campo abierto para designar a un candidato conservador, joven y con garra, para sustituirla y concurrir a las siguientes elecciones. Si May cayese antes, la oposición laborista ganaría unos comicios anticipados, por muchas divisiones que también experimente sobre la UE. Pero los acontecimientos de esta semana en el Parlamento pueden hacer volar por los aires cualquier entendimiento mínimo entre las tribus tories. Los rebeldes anti-Brexit han arrancado de Theresa May más concesiones al legislativo. La primera, evitar la posibilidad de que no se logre un acuerdo con Bruselas, un escenario con repercusiones económicas desastrosas. También las cámaras han reforzado su capacidad de voto (y veto) sobre el acuerdo final de salida. May se resiste y se parapeta detrás de fórmulas jurídicas ambiguas. La ruptura interna conservadora impide a la premier formular una visión clara de qué significa Brexit. La mayoría de los miembros del Parlamento están a favor de una versión blanda, con su país dentro de la unión aduanera y un acceso amplio al mercado interior, si los negociadores de Bruselas muestran flexibilidad.

No hay apetito en la clase política británica para forzar un segundo referéndum sobre los términos de la salida que, en todo caso, serán poco precisos. De hecho, la negociación más sustantiva tendrá lugar a continuación, durante el período transitorio de 21 meses, hasta diciembre de 2020. En esa etapa el Reino Unido disfrutará de un status inspirado en el de Noruega, un arreglo que May quiere alargar para gestionar el espinoso asunto de la frontera irlandesa. Pero la volatilidad de la política británica en torno al Brexit es máxima. En Bruselas, por el contrario, el asunto se ha convertido en un factor singular de unidad.

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