Exterior del edificio de viviendas donde residía Mohamed Lahouaiej Bouhlel con su exmujer
Exterior del edificio de viviendas donde residía Mohamed Lahouaiej Bouhlel con su exmujer - F. J. CALERO

Atentado en Niza«No lo quería nadie, y su odio a la sociedad lo pagó matando»

Quienes coincidieron con el asesino en el barrio marginal en el que vivía dicen de él que no era un buen musulmán

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Niza es una ciudad de grandes contrastes. Su selecto paseo marítimo se conecta con los barrios obreros de inmigrantes en solo 15 minutos de tranvía. El primero, lleno de restaurantes, hoteles y bares de copas. El segundo, kebabs y poco más. A diferencia de Marsella, donde los «quartiers nord» han sido «territorio vedado» durante años por la acción de las mafias, en Niza los suburbios aparentemente están más cuidados, con una atmósfera más amable. Mohamed Lahouaiej Bouhlel, el «soldado del califato» de Daesh, salió de los barrios periféricos para terminar abatido tras matar a 84 personas en la zona «chic» de la ciudad.

«¿Cómo un tío al que veía muchas veces pasar por este bar, liándose un porro en pleno ramadán, va a ser parte de algo llamado Daesh? Es absurdo», dice a ABC Wissem, frente a la casa donde el atacante vivía antes del atentado, en la Route de Turin. «No era un terrorista. Era un loco, un desequilibrado que se estaba divorciando de su mujer, a quien pegaba. Pero no tenía nada que ver con el islam ni con ninguna organización». Insiste en que no le llamen terrorista, contradiciendo a la presentadora que, desde la pantalla de un televisor, retransmite la última reivindicación del grupo yihadista. «Así solo le hacemos caso a Daesh, que va a adjudicarse todo lo que sea malo para Occidente».

Este tunecino, que vive en Niza desde hace 20 años, es originario de una ciudad próxima a la de Lahouaiej Bouhlel. Wissem se afana en destacar el racismo de la Policía. «Cada vez que era detenido y despreciado, bebía y bebía. Su odio hacia la sociedad, no lo quería nadie, lo pagó matando».

Dentro de la casa del atacante se pueden ver, por el ojo de la cerradura de una puerta que muestra signos de haber sido forzada, cajones vacíos, muebles por los suelos y mucho caos.

Los que coincidieron alguna vez con el asesino dicen únicamente que era muy discreto y que daba los «buenos días» sin mirar a la cara. Así lo recuerdan Anis -con la camiseta de la Selección de Túnez- y Abdelkader, dos muchachos que viven en Le Rouret, un suburbio obrero al norte de la ciudad, donde Lahouaiej Bouhlel vivió con su exmujer hasta hace unos meses. «Ella y su familia eran todo lo contrario a él: simpáticos y respetados en el barrio. Buenos musulmanes, al contrario que él, que ni siquiera iba a la mezquita ni cumplía el ramadán».

Marcel, un croata que lleva viviendo en este barrio cincuenta años, ha visto cómo ha cambiado. «Los de mi generación todos están muertos. Esto ha cambiado muchísimo. Aquí veníamos del este, de Italia y los “pieds noirs” argelinos. Ahora esto es un desastre». Todos los que lo ven lo saludan con cariño. «La austeridad y la falta de perspectivas dominan estos barrios. Ataques como el del 14 de julio se explican con inadaptados con problemas mentales y personales, que sumados al alcohol, completan un cóctel muy peligroso con los mensajes de Daesh detrás. Vemos cómo se repite este perfil ligado a la fragilidad individual», explica Karim Bitar, director del Instituto parisiense IRIS.

Al contrario que en París, en Niza los guetos están más dispersos entre la ciudad. Según dos locales que debaten en el Paseo de los Ingleses sobre cómo parar los atentados, pueden verse barrios plenamente árabes en pleno centro, como en la zona de la basílica de Notre-Dame, a unos minutos a pie de la playa.

«El atentado me ha impactado pero no me ha sorprendido -señala Alexandre, un músico de este barrio-. El fenómeno radical islamista se ha propagado en Le Rouret. Veo pasar a muchos barbas largas con túnicas que no hablan con nadie. Hacen política con su forma de vestir como los fascistas en los años treinta», señala lleno de rencor. Él perdió a una amiga este 14 de Julio.