Entre las víctimas hay ocho niños muertos y 54 heridosREUTERS

El asesino de Niza dirigió el camión hacia el tiovivo donde estaban los niños

Entre las víctimas hay muchos extranjeros, al tratarse de un destino vacacional

MADRID Actualizado: Guardar
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Mohamed Lahouaiej-Bouhlel entró en el Paseo de los Ingleses zigzagueando con la intención de causar el mayor número de víctimas posible. Según un testigo, el joven tunecino, que vivía en Niza, dirigió el camión de forma deliberada «hacia el tiovivo, por eso hay un motón de niños entre las víctimas». Así es. Entre los 84 fallecidos, diez son niños; y entre los más de dos centenares de heridos, 54 son menores de edad, ingresados la mayoría en la Fundación Lenval, el hospital infatil de Niza. Según el pediatra Frederic Sola, presentan heridas en la cabeza y en las extremidades, aunque quizá las heridas más graves no son las físicas «sino las psicológicas».

Este tipo de ataque marca una clara diferencia con atentados terroristas anteriores sufridos en Francia: por primera vez, una parte importante de las víctimas son niños. Un dato que François Hollande destacó ayer al hacer un primer balance: «Hay muchos extranjeros» y «muchos niños, niños pequeños, que habían venido a ver los fuegos artificiales con sus familias, para ser felices, para compartir algo alegre, algo deslumbrante y que fueron golpeados, heridos de muerte para satisfacer la crueldad de un individuo o quizás un grupo», señaló.

Brodie Copeland, once años

Brodie Copeland, de once años, forma parte de estas dos estadísticas: de nacionalidad estadounidense, estaba de vacaciones en la Riviera francesa junto a su padre, Sean Copeland, de 51 años, que también murió en el ataque. Ambos vivían a las afueras de Austin (Texas). La noticia la confirmó ayer Haley Copeland a través de Facebook: «Dos de los 80 (muertos) eran americanos, y resulta que esas dos personas eran mi tío Sean y mi primo de once años Brodie. Habían ido de vacaciones a la Riviera francesa con otros dos primos y una tía para celebrar un cumpleaños», indicó. Entre las reacciones ante su trágicamente pérdida, un comunicado de la liga de béisbol Hill Country, en la que jugaba Brodie y de la que era entrenador su padre. «Nadie merece este destino, especialmente una familia tan maravillosa». Según el periódico Austin American-Statesman, los fallecidos habían llegado a Niza después de haber visitado Pamplona y Barcelona.

Brodie y su padre Sean Copeland
Brodie y su padre Sean Copeland - HEATHER COPELAND

Entre las víctimas también hay tres alemanes: dos alumnos, de entre 17 y 18 años, y una profesora de un instituto berlinés, que disfrutaban de un viaje de fin de curso, según confirmaron las autoridades del distrito de la capital en la que se sitúa el centro educativo. «Estamos conmocionados por la muerte de dos alumnos y una profesora del primer curso de bachillerato de la escuela Paula-Fürst», subrayó en un comunicado el alcalde del distrito de Charlottenburg-Wilmersdorf, Reinhard Naumann. Este es uno de los diez colegios que habían organizado excursiones esta semana a la ciudad de Niza. Algunos de esos alumnos formaron parte de las 30.000 personas que acudieron a ver los fuegos artificiales la noche del 14 de Julio, y resultaron alcanzados con el camión.

La primera víctima

Una fuente consular marroquí en Niza a través de la agencia MAP, informó también de que hay al menos tres fallecidos de esta nacionalidad: un niño de 13 años y dos mujeres, a los que se suma otro herido de menor gravedad.

Una de esas mujeres, Fatima Charrihi, de 60 años, fue precisamente la primera víctima que resultó golpeada por el camión que conducía Mohamed Lahouaiej-Bouhlel, según explicó su hija Hamza al diario «L’Express». Marroquí afincada en París, murió en el acto por el impacto del vehículo. «Mi hermano intentó reanimarla. Ella fue la primera víctima porque no había ningún cadáver antes de ella», señaló. Madre de siete hijos, practicaba «un islam moderado y no como el de los terroristas». Había ido a ver los fuegos artíficiales junto con sus sobrinos y su marido, que en el momento del atentado había ido a buscar el coche una vez concluida la celebración. Eso tal vez le salvó la vida.

Fatima Charrihi
Fatima Charrihi

La estudiante rusa Viktoria Savchenko, de 21 años, que estaba de vacaciones en la Costa Azul con su amiga Polina Serebryannikova, también acudió a ver los fuegos artificiales. Ambas estaban caminando por el Paseo de los Ingleses cuando se percataron de que un vehículo iba hacia ellas. «Vimos al camión moviéndose en un trayecto extraño. Mi amiga fue golpeada y murió. A mí me llevaron al hospital porque me rompí los dedos de un pie, y la otra pierna está hinchada», explicó Polina.

Viktoria Savchenko y Polina Serebryannikova
Viktoria Savchenko y Polina Serebryannikova

La lista de víctimas también incluye a una ciudadana suiza, Linda Casanova, de 53 años; un tunecino, Bilel Laboui, nacido en 1987; dos armenios y un ucraniano. El ministerio del Interior español no ha confirmado ninguna víctima española.

La muerte también ha golpeado a cuatro miembros de una misma familia francesa: Michael Pellegrini, de 28 años, profesor de Economía en la escuela privada Récollet, en Longwy (Meurthe y Mosela), que murió en el Paseo de los Ingleses, junto con su madre Véronique Lion, de 55 años, y sus abuelos François y Christiane Locatelli, de 82 y 78 años. Los cuatro vivían en Herserange, en los suburbios de Longwy.

Michael Pellegrini
Michael Pellegrini

Salvó a su mujer embarazada

Entre las historias que se van conociendo poco a poco surgen también las de aquellos que han resultado ser héroes, aunque sea de manera póstuma. Es el caso de Timothé Fournier, un joven francés de 27 años, con residencia en París, que murió protegiendo la vida de su mujer, que está embarazada de siete meses. En declaraciones a la agencia Afp, su prima Anaïs indicó que la empujó a un lado poco antes de que el camión le golpeara a él, causándole la muerte. «Era un joven soñador, pero que siempre estaba ahí para su esposa y el niño que iba a nacer», destacó.

Estas son las historias de algunas de las víctimas que han sido identificadas, pero como en muchos otros atentados de estas magnitudes la falta de información han provocado una avalancha de mensajes desesperados en las redes sociales para confirmar que familiares y amigos están bien. Mensajes acompañados de fotos, que no obtienen respuesta.