La patada histórica de Torra: considerar al aragonés quemado por Calvino un «catalán de la Franja»

En un artículo de prensa publicado hace pocos meses, el nuevo presidente de la Generalitat afirmó que Miguel Servet era de la «Franja», una designación clásica del nacionalismo para la región aragonesa de sus ficticios Países Catalanes

Actualizado:

El nuevo presidente de la Generalitat, Quim Torra, muestra en varios artículos de prensa que comparte con Víctor Cucurull y el Institut Nova Història la obsesión por apropiarse de la historia del resto de Europa. Un imperialismo historiográfico más basado en teorías de la conspiración (el mundo está contra Cataluña), que en un método académico. Porque resulta que todos son catalanes... de Leonardo da Vinci a Santa Teresa de Ávila, pasando por Cortés y Colón... Incluído el teólogo y científico aragonés Miguel Servet.

A propósito de una reflexión sobre Stefan Zweig firmada en el periódico nacionalista «El Punt Avui», escribió Quim Torra el 9 de febrero de este año:

«Zweig penetra en la personalidad de un extremista religioso como Calvino, el instaurador de una dictadura teocrática en la cual la libertad personal desaparece por completo (…) y para Zweig, por encima de todo, el asesino de Miquel Servet, català de la Franja».

«Catalán de la Franja» es la denominación que el nacionalismo catalán hace de la zona de Aragón que reivindican como parte de Cataluña. Una parte de los ficticios Países Catalanes, en los que se integran Cataluña, la Comunidad Valenciana, las Islas Baleares, la franja este de Aragón, Andorra, el Rosellón francés, el Alguer italiano (en Cerdeña) y El Carche (en la esquina noreste de Murcia), todos ellos territorios en los que se emplea el catalán como lengua vernácula. La lengua como arma política... Frente a la incapacidad para encontrar un germen de nación en la historia de este región española, la mitología romántica acuñó a finales del siglo XIX el término Países Catalanes (o Gran Cataluña). El primero en usarlo fue el valenciano Bienvenido Oliver, sin intenciones políticas, para englobar los territorios de habla catalana y sus variantes.

Con las corrientes nacionalistas de finales de siglo XIX, las teorías lingüísticas adquirieron así entidad política e hicieron las veces de elemento aglutinante para identificar a la nación con la lengua. Bajo esta falsa premisa, los nacionalistas consideran que todos los que hablan catalán o sus variantes son igualmente catalanes y conformaron la ficción histórica de los «Països Catalans». El error de base está en estimar que la lengua es el único elemento definidor de una nacionalidad (con desprecio de la religión, la idiosincrasia, la geografía, la historia, etc).

«Ab Aragonia hispanum»

Para Quim Torra y los nacionalistas, Servet es indiscutiblemente catalán de la Franja, lo que, además de imaginar que Huesca es parte de Cataluña, conlleva dar por hecho que el científico español nació sí o sí en Villanueva de Sijena (Huesca), el conocido pueblo que mantiene desde hace años un pulso judicial con la Generalitat por los bienes de su monasterio. Y es que sobre el lugar de nacimiento del Miguel Servet (o Serveto) han corrido ríos de tinta a causa de las contradictorias afirmaciones del propio científico. No porque se sospeche que fuera catalán, sino aragonés o navarro.

En el otro lado de la balanza, está el hecho de que se inscribiera como navarro en la Facultad de Medicina de París (1538) o que conste así en su acta de nacionalización francesa (1548).

Los que defienden que era aragonés apuntan a que en la portada de su primer libro se presentó como «español de Aragón», «ab Aragonia hispanum»; que sus padres eran aragoneses, de Villanueva de Sijena; y que fue a la hoguera en Ginebra con el nombre de «Miguel Servet de Villanueva, del reino de Aragón, en España». En el otro lado de la balanza, la teoría navarra, está el hecho de que se inscribiera como navarro en la Facultad de Medicina de París (1538), que conste así en su acta de nacionalización francesa (1548) y que se declarara navarro en el proceso de Vienne (1553).

¿A qué se debe esta contradicción? Según escribe Marcelino Menéndez y Pelayo en su libro «Historia de los heterodoxos españoles. Libro IV», «toda duda acerca de la patria de Servet debe desaparecer ante la declaración explícita que él hizo en el proceso de Viena del Delfinado. Allí se dice natural de Tudela, en el Reino de Navarra». Esto es, probablemente nació en Tudela por circunstancias puntuales, pero él se crió y se sentía de Sijena, como hijo de sus padres, dos ilustres aragoneses. Gustaba firmar como «Michel de Villeneuve o bien Ab Aragonia Hispanus» por deferencia a sus padres, descendientes de un famoso jurisconsulto boloñés y de la familia Reves, ambas afincadas en Villanueva de Sijena.

Estatua de Servet, en París
Estatua de Servet, en París

Así y todo, Consuelo Miqueo, experta en Historia de la Medicina, defiende en su entrada en el Diccionario Bibliográfico de la Real Academia de Historia que sí se puede dar por seguro su origen en Villanueva de Sijena, localidad de Huesca en la comarca de los Monegros de Aragón: «Las discrepancias sobre su origen, fecha de nacimiento, familia y otros datos biográficos elementales radican en el hecho de que Miguel Serveto ocultó su nombre hispano cambiándolo por el francés de Michel de Villeneuve en 1533, borrando desde entonces las huellas de su trayectoria biográfica para defenderse de la Inquisición católica o de la hostilidad protestante».

¿Quién fue Miguel Servet?

Filósofo, teólogo, filólogo, geógrafo, astrónomo, fisiólogo y médico. Miguel Servet es un personaje central del siglo XVI, cuyo descubrimiento sobre la circulación sanguínea cambiaría años después toda la ciencia médica. A los 17 años, fue enviado por su padre a estudiar a Toulouse, en Francia, y ya pasó el resto de su vida fuera de España aprendiendo lenguas y aumentando sus conocimientos. Como miembro de la Corte de Carlos V, conoció en Alemania a destacados líderes de la Reforma, entre ellos a Philipp Melanchthon y a Martín Butzer.

En la línea de ideas consideradas heréticas, publicó con solo 20 años una obra, «Errores de la Trinidad», en la que argumentaba que la enseñanza cristiana de las tres personas en un único Dios no tiene fundamento, lo que le ganó enemistades, prohibiciones en muchas ciudades y un creciente interés tanto de la Inquisición española como de la Inquisición francesa. «...durante muchos años anduve huido entre extraños, con penosos temor y abatimiento. Por causa de la dicha persecución, solo deseaba yo huir por mar o ir a una de las nuevas islas», dejó escrito Servet sobre la posibilidad de viajar a América.

Cambiándose el nombre a Michel de Villeneuve logró sobrevivir, saltando por el continente, durante décadas sin llamar la atención. Hacia 1545, comenzó a intercambiar cartas con Juan Calvino, líder de la Reforma en Ginebra, en lo que era inicialmente una feliz correspondencia. No en vano, Calvino se tomó a mal las críticas que el español adjuntó cuando recibió varios textos del reformador y, confesó a un colega suizo con malicia, que «se ha ofrecido a venir aquí, si quiero. Pero no tengo ninguna intención de asegurarle que su vida no correrá peligro, y si viene, no permitiré que se vaya vivo».

Ajeno al peligro que iba cercándole, Servet publicó meses antes de viajar a Suiza su obra más importante, «La restauración de la Cristiandad», una propuesta de una nueva y radical Reforma más allá de lo imaginado por Calvino y Lutero donde negaba la divinidad de Jesucristo, que para él solo era un hombre. Claro que el foco de más interés hoy de aquel texto está en que fue el primer discurso publicado en Europa sobre la doble circulación pulmonar de la sangre. Eso a pesar de que la afirmación de Servet pasó inadvertida en su tiempo, y que aquel descubrimiento médico se le atribuye a su contemporáneo el médico italiano Realdo Colombo, que allanó el terreno para la demostración práctica del médico inglés William Harvey.

Servet fue arrestado el 13 de agosto de 1553 en Ginebra, cuando el predicador Calvino creyó reconocerle en la última bancada de la iglesia

Gracias a la información de un amigo de Calvino, enfurecido por el texto; Servet fue arrestado por la Inquisición francesa en Vienne. De allí logró escaparse y se dirigió a Italia, no sin antes hacer una parada en Ginebra para acudir a los servicios religiosos de Calvino. Un riesgo que finalmente le costó la vida. El aragonés fue arrestado el 13 de agosto de 1553 en Ginebra, cuando el predicador Calvino creyó reconocerle en la última bancada de la iglesia donde estaba dando su sermón. Los hombres de Calvino, que había impuesto un régimen de terror contra toda disidencia en la ciudad, arrastraron al aragonés a los calabozos y meses después fue condenado a muerte por hereje (negar la doctrina de la Trinidad y de la divinidad de Jesucristo).

Miguel Servet fue quemado extramuros de Ginebra, en una zona llamada Champel, el día 27 de octubre de 1553. Se estima que la muerte fue especialmente agónica, puesto que los maderos de la hoguera estaban húmedos y tardaron en arder.