Mosaico de Teodora, representada en color púrpura como símbolo de la realeza
Mosaico de Teodora, representada en color púrpura como símbolo de la realeza - C.C

Los caracoles carnívoros que impulsaron el esplendor fenicio sobre el Mediterráneo

Esta civilización crearía una industria tintorera basada en el teñido de las telas en púrpura cuyo color valía más que el oro

MadridActualizado:

Desde el siglo IX a.C los fenicios consolidaron su hegemonía comercial gracias a su fuerte espíritu mercantil en el Mediterráneo. En gran medida el éxito de su economía se debió a la fuerte industria tintorera, que pasaría a la Historia por el peculiar método teñido de telas en púrpura. Los pioneros en este arte, despertarían la codicia de los más poderosos de las civilizaciones vecinas, por vestirse de aquel color que valía más que el peso en plata y oro; para posteriormente ser imitado en el Imperio romano y mantenerse hasta nuestros días como un emblema de distinción.

La ciudad de Tiro se convirtió en un epicentro económico gracias a la industria tintorera, que permitió la fundación de varias colonias fenicias en las cuales también destacó por su producción: Arwad, Beirut, Sidón, Sarepta, Shiqmona, Tell Keisan, Dor, Akko y Tiro; donde se producía la mayor parte del tintado de telas. Y por esta razón, la famosa gama cromática adoptaría su nombre de origen: «púrpura de Tiro»

No obstante lejos de ser un proceso creativo agradable, implicaba la matanza de unos caracoles carnívoros (murex brandaris); así como la angustiosa y fétida tarea de manipular su glándula. La cual tras ser extraída sufría una putrefacción variando su color, hasta alcanzar el apreciado púrpura; con el que se teñirían la ropa.

La ciudad de Tiro se convirtió en un epicentro económico gracias a la industria tintorera, que permitió la fundación de varias colonias fenicias

Se necesitaban al menos 12,000 murex para producir 1,4 gramos de tinta - una cantidad ridícula, para tanto fétido escándalo y masacre-, que apenas alcanzaba para cubrir un cuarto de manga. Por este motivo, su precio era tan desorbitado, valorando aquella exquisitez por encima del oro. No obstante, su demanda era superior a la población de moluscos que pudieran generarle las ansiadas gotas púrpuras.

Siendo así, se vieron obligados y favorecidos en la apertura de nuevas colonias ultramarinas, para la captura de los murex con modernas instalaciones -muy avanzadas en su época- tal y como demuestran los recientes hallazgos arqueológicos en: Almuñécar, Roscanos, y Morro de Mezquitilla (España) y en otros países como Túnez y Marruecos.

Los mercaderes

Las rutas comerciales de los fenicios se extendían desde la India hasta Marruecos y entre sus mercancía comprendía además del púrpura: madera de cedro, aceite de oliva, lana, cerámica, vino y perfume.

Pero no sería hasta el éxito que trajo consigo este novedoso tintado, cuando estos mercaderes se consolidarían como los los reyes del comercio mediterráneo. Habían alumbrado a un nuevo emblema del poder con el púrpura de Tiro; del cual harían uso para resaltar el estatus social.

Se necesitaban al menos 12,000 murex para producir 1,4 gramos de tinta

Los fenicios se lucraron del lujo aspiracional de la clase dominante; a quienes encargaban el tintado de tapices, vestidos etc. El púrpura fue tan codiciado que se usó como moneda y con ello también comenzarían las restricciones de uso; en donde únicamente se permitiría vestirlo a los reyes o gobernantes.

«La producción de la púrpura de Tiro estuvo tan vigilada que la casa imperial no permitía el empleo de determinados tonos a nadie que no perteneciera a la familia. Ello generó la creación de falsificaciones e imitaciones a partir de elementos vegetales que buscaban el color púrpura y que también hubo que controlar», escribió Carmen Alfaro en su libro «Purpureae vestes: textiles y tintes del Mediterráneo en época romana».

«La producción de la púrpura de Tiro estuvo tan vigilada que la casa imperial no permitía el empleo de determinados tonos a nadie que no perteneciera a la familia»

Aunque esta medida restrictiva parecía reducir las oportunidades de los fenicios por el contrario; se abrirían otras mentes visionarias que entretejerían un mercado informal basado en las imitaciones. Se empezaron a crear tinturas similares a partir de otros elementos, como flores y plantas; no obstante, aunque estaban lejos de alcanzar el «púrpura de Tiro» se corría el riesgo de desvirtuarse tan costoso sello de poder. Por esta razón también comenzaría a regularse también su producción.

El fin del púrpura fenicia

A pesar de las numerosas prohibiciones de su uso, y su desorbitado precio. Los pioneros estaban agotando tan apreciado tesoro; por esta razón, extenderían su actividad de captura en nuevas colonias ultramarinas para su importación a Tiro. Sin embargo cuando su producción se fortaleció todavía más con las nuevas conexiones costeras, Tiro iría apagándose poco a poco durante el siglo IV a.C, tras la toma helénica de estas colonias, durante la conquista de Alejandro Magno. Quien se hizo con la ciudad del púrpura en el 332 a.C.

Posteriormente, el Imperio romano se apropiaría de sus dominios resucitando su producción; pero con el mismo fin: la distinción de clases.

Tiro iría apagándose poco a poco durante el siglo IV a.C, tras la toma helénica de estas colonias, durante la conquista de Alejandro Magno en el 332 a.C

«La valoración social y económica de los tejidos teñidos de rojo (púrpura sobre todo) llegó a ser tan elevada que su comercialización y uso adquirió, en época romana, amplias cotas de expansión tanto en la vida privada como en la actividad militar. Las togas y túnicas de los patricios, decoradas con bandas púrpura, eran consideradas un signo externo de elegancia, pero a la vez como elemento diferenciador de clase», relató Alfaro.

La leyenda, una ninfa encaprichada

La mitología griega atribuye el descubrimiento del púrpura a Melqart. Esta deidad se encontraba paseando por la playa en compañía de su perro y Tiro, su enamorada; quien era una de las cincuenta hijas de Nereo (el señor de las olas del mar). Y durante el romántico recorrido, el dios ordenó a su mascota traer cualquier bello presente que ofreciera el paisaje.

«Las togas y túnicas de los patricios, decoradas con bandas púrpura, eran consideradas un signo externo de elegancia, pero a la vez como elemento diferenciador de clase»

Sin embargo, el can volvió sin ningún regalo y con el hocico manchado de violeta. Melqart se acercó para asegurarse que no estaba ensangrentado, cuando descubrió la razón del misterioso pero exótico color.

La tradición oral cuenta que el perro mordió un caracol carnívoro; y junto con su saliva, una vez que secó, le tiñó el morro de púrpura. Tiro, quien se había entusiasmado con el nuevo color, se ofreció en matrimonio al dios si conseguía crearle un vestido de ese tono. Melqart, quien no dejaría escapar a la ninfa de sus noches, se entregó a la captura de murex; para confeccionarle la prenda púrpura a su novia.

El señor de aquellos dominios, el rey Fénix, también quedaría fascinado nada más vislumbrar aquella originalidad cromática; y siendo así mandó nombrar a aquellos dominios en honor a la nereida: Tiro.