Reportaje

La Medina de Tetuán: tradición marroquí con productos naturales

Por Salva Moreno,

El matrimonio formado por la marroquí Ouafae Amajhour y el chiclanero Ramón Ramos decidió concentrar todos sus negocios en uno solo. Tras cerrar los locales que tenía en Cádiz, abrieron el restaurante La Medina de Tetuán el pasado 12 de diciembre en Chiclana, donde ya habían regentado otros establecimientos. El primero, una tetería en las cercanías de Sancti Petri. Con un obrador en la calle Huerta Chica comenzaron a elaborar los productos típicos de la repostería de Marruecos, actividad a la que la familia de ella también se dedica en su tierra natal.

Ramón Ramos y Ouafae Amajhour, los propietarios de La Medina de Tetuán.

Ramón Ramos y Ouafae Amajhour, los propietarios de La Medina de Tetuán.

Trasladados a su ubicación actual un año después, Ramón narra cómo optaron por centrarse en un solo lugar. “Todo lo que se sirve, sale de aquí mismo. Es cien por cien natural, y tratamos siempre que sean productos ecológicos, principalmente las verduras“. Entre su oferta, Ramos destaca los batidos naturales: “tenemos una carta con unos batidos que también son muy típicos en Marruecos, como son los de aguacate con pistacho miel, mango, coco, melocotón, fresa o piña. Allí se dan mucho en las cafeterías y pastelerías”.

El couscous, uno de los platos tradicionales de La Medina de Tetuán.

El couscous, uno de los platos tradicionales de La Medina de Tetuán.

En su primera tetería, comenzaron también a preparar sus propios dulces, algo en lo que la familia de Ouafae tiene gran experiencia. Vista la demanda que tenían, decidieron entonces apostar por el obrador. “Aquí hacemos todo lo que vendemos, también la heladería artesanal, que es algo a lo que queremos dar relevancia, con sabores tradicionales pero también innovando con otros más”.

El hummus es otro de los platos del restaurante.

Abierto desde las nueve de la mañana, en La Medina de Tetuán disponen de una amplia carta de tés para desayuno. “También tenemos nuestro pan marroquí y la rifa, unas tortas parecidas a un crep pero mucho más gruesas. Habitualmente se unta con crema de queso y miel, pero es muy versátil y también admite paté o mantequilla, por ejemplo. Los batidos naturales también son muy demandados para el desayuno”.

En la cocina, Ouafae se encarga de la elaboración de los platos, asegurándose de continuar con la tradición marroquí, rescatando recetas antiguas y platos que se han elaborado desde hace siglos en el país norteafricano. “Son los platos de toda la vida”, recuerda el dueño del restaurante.

La repostería árabe no puede faltar en La Medina de Tetuán.

La repostería árabe no puede faltar en La Medina de Tetuán.

Ramón dice de su oferta “es una carta muy típica con platos antiguos como la baisara, de habas o de chícharos. Además, hummus, babaganoush, couscous o los tradicionales tajines. Son platos que para hacerlos bien hay que prepararlos al estilo tradicional, siempre con productos naturales, aquí no se compra ni una lata de tomate”, añade Ramón. También comenta que la comida es halal, adaptándose así a los preceptos de la religión musulmana. Además, gran parte de la carta es apta para veganos, destacando el zalouk, un surtido de entrantes templados con verduras y especias.

Los helados artesanales también tienen mucho protagonismo.

Los helados artesanales también tienen mucho protagonismo.

La repostería es otra de las especialidades en La Medina de Tetuán. Al entrar en el local, con capacidad para 36 personas, encontramos una buena muestra en una vitrina, estratégicamente colocada para que el comensal “se haga un huequecito para el postre“. En cualquier caso, están disponibles también durante todo el día, especialmente durante la merienda, y pueden comprarse para llevar a casa.

La Medina de Tetuán, en definitiva, propone una oferta que abarca desde el desayuno hasta la cena, pasando por el almuerzo y la merienda. Productos naturales y la fidelidad a la tradición de la gastronomía marroquí son las bases de la cocina de este restaurante recientemente estrenado de la mano de Ramón Ramos y Ouafae Amajhour.