Beach Club AWA: Cocinando dos continentes, bañado en dos aguas

Por Angélica Jódar del Álamo @comerdelujo

Como suele decirse en los negocios de restauración, las claves del éxito de un restaurante son “ubicación, ubicación y ubicación”. Pues bien, aquí me encuentro en el Beach Club AWA en Chipiona, disfrutando de un amontillado, demasiado pronto para mí para degustar un moscatel de la zona. Mientras a mi derecha se encuentra esperando la noche el espectacular faro, a la izquierda reposa el precioso santuario de Nuestra Señora de Regla. A mis pies la arena, que acaricia un espectacular mar, que como si los ojos de David Bowie se tratara, se pueden diferenciar en su horizonte dos colores de agua: las más revueltas que vienen del Guadalquivir y las azules propias del Océano Atlántico.

El faro de Chipiona desde el interior del Beach Club AWA.

El faro de Chipiona desde el interior del Beach Club AWA.

Visitar Chipiona en invierno tiene un encanto especial. Los que la han visitado en verano, han podido corroborar como sus 20.000 habitantes se multiplican casi hasta 10 veces más. Lejos de ese bullicio podemos encontrar abierto toda el año este restaurante, pero mejor no confiarse y reservar. Me cuentan los dueños, Manuel Pantoja (alias “Manolo Picoco”) y su mujer Mara Valenzuela, que el pasado fin de semana se quedaron 33 mesas en lista de espera. Manolo se define inquieto y juntos buscan el detalle, para llevar a la excelencia su grupo de negocios, que se complementan a la perfección: Bar Picoco de copas, Chicuelo con helados y la Discoteca Picoco para un último bailoteo.

El Beach Club AWA de Chipiona.

El Beach Club AWA de Chipiona.

El detalle de pensar en la experiencia de cliente: como ofrecer una heladería cerquita, para que en un momento dado dejen los niños a los padres “un poco más tranquilos”, o de cuidar la insonorización con paneles en el techo para que absorba el rebote del sonido, tan castigador por los ventanales de cristal de este tipo de establecimientos, ofreciendo un ambiente “chill out” donde conversar tranquilos.
Manolo, con más de 30 años de experiencia en el mundo de alimentos y bebidas, hombre de retos, lejos de querer ofrecer “sardinas y sol” veía fácil el conquistar el paladar de los cautivos bañistas de verano, y ha creado una oferta complementaria denominándola “el tardeo”, extendiendo su oferta incluso ¡hasta las 6 de la mañana!

Interior del restaurante.

Interior del restaurante.

Ha sabido convertir el antiguo “Sardinero” en un Beach Club, donde gracias al trabajo de su diseñador Christian Harhoff, se respira un ambiente de diseño y cuidado. Su principal petición fue “humanizar” el local, y lo consiguió. La distribución dispone de tres diáfanos ambientes en función de sus vistas: salón “santuario”, terraza “faro” y la bancada frente al mar, complementada con una informal barra. Por la noche se crea un ambiente romántico, diferente
En su carta se pueden encontrar platos de dos continentes: el mediterráneo y el asiático. Alimentos locales y de temporada, se combinan con la creatividad de dos cocineros: Don Vienne y Jesús Vidal, que lideran ambas propuestas. Por su continuo movimiento, conviene preguntar qué hay fuera de carta. Me enseñan la propuesta de la nueva carta de vinos, y me parece una carta correcta para el local.

Nos dejamos llevar por cocina y nos sirvieron: un primer plato de selección de crudos acompañado de sake. Recomendación: comer y luego beber. Un ceviche de corvina, tartar de atún con sirope de lima y tartar de salmón con sirope de eneldo: ¡tres bocados muy ricos!

Tartar de atún, tartar de salmón y ceviche de corvina.

Después alternamos con algo de la tierra: tortillitas de camarones, para continuar con ¡una sopa de galeras muy sabrosa!

Tortillita de camarones.

Tortillita de camarones.

Sopa de galeras.

Sopa de galeras.

Luego, pudimos degustar mestizaje con los langostinos de Sanlúcar en una crujiente tempura acompañada de kimuchi de mango.

Seguimos con una corvina, pescada en estas aguas, acompañada de crema de mariscos, y como no podía faltar el atún de almadraba, a los tres cortes con ginebra de Mahón.

El atún del Beach Club AWA.

El atún del Beach Club AWA.

Terminamos los salados con el plato más espectacular: el variado de sushi.

Variado de sushi.

Variado de sushi.

Cerramos la comida, ya rondando las cinco de la tarde, con un dulce Macaron de cacao con compota de manzana y frambuesa.

Macaron de cacao con compota de manzana y frambuesa.

Macaron de cacao con compota de manzana y frambuesa.

La opinión de Angélica @ComerdeLujo :
Recomendado para: personas que quieran una experiencia gastronómica y “tardeo” interesante en la playa. Suele haber conciertos, grupos de flamenquito y animación para alargar la comida con unas copas!
Contraindicado para: los “sin camiseta”.
Un lujo: Cenar bajo la iluminación del Faro de Chipiona.
Curiosidades: aseguran que es un lugar mágico para el avistamiento de fenómenos paranormales y O.V.N.I.s
Un secreto: debido a su posición, pese a estar en la costa de Cádiz, esta zona se ve menos castigada por los vientos. Es un buen refugio para los veranos de Levante. Ah! Y no dejes de visitar los divertidos lavabos (de hombre) de su vecino Picoco, o sino que te lo cuenten.. ¡ahí lo dejo! 😉
Alrededores: recorrer el paseo marítimo y visita a la basílica, para después subir al Faro de Chipiona (se debe pedir cita previa). Nota: En verano no es fácil aparcar, por lo que mejor preverlo antes de salir.