María Acaso durante la entrevista con ABC
María Acaso durante la entrevista con ABC - JOSÉ RAMÓN LADRA
EDUCACIÓN

«En el colegio los niños pierden la pasión innata por el conocimiento»

La «pedagogía sexy» con la que la escritora María Acaso pretende desestabilizar al sistema educativo tradicional ya está en las librerías

MADRIDActualizado:

Imaginen haber aprendido a despejar una ecuación mediante una representación teatral. O el ciclo del agua con una ópera. Y que el aula pudiera ser cualquier lugar y no obligadamente una habitación colmada de pupitres, pizarras, tizas y alumnos mirando al frente hacia un docente todopoderoso. Imaginen que el colegio resultase un lugar atractivo. ¿Sería posible? La propuesta de María Acaso (Madrid, 1970) en su último libro «Art Thinking» pretende soliviantar a los lectores en contra del modelo educativo tal y como se conoce, a su juicio «impregnado de pensamiento lógico y convergente» y enmarcado en un «sistema vertical» que entorpece el análisis crítico, para conquistar las aulas a base de «pedagogía sexy». La autora sugiere introducir el pensamiento artístico. ¡Pero si ya hay una asignatura de arte!, se dirán muchos. Ella va más allá. ¿Y si las artes estuvieran presentes en todas las asignaturas?

¿Qué es el Art Thinking y por qué Art Thinking?

El concepto de Art Thinking lo oigo por primera vez de la mano de Luis Camnitzer, el señor que ha escrito el prólogo del libro. Consiste en utilizar la metodología de trabajo de un artista dentro de la educación. Lo que me interesa conseguir es que la educación beba de los elementos buenos que tiene el arte y se transforme en algo completamente diferente a lo que tenemos ahora, de forma que los recursos artísticos sean una especie de amalgama a través de la cuál transmitamos los conceptos, pero no los conceptos de arte en sí mismos. Cualquier concepto. De esta forma se conquistaría el pensamiento divergente. Es decir, un tipo de pensamiento subjetivo que no acepta una única verdad y que respeta las individualidades. En la escuela o en la universidad actuales sólo hay una verdad: la que dice el profesor. Es un sistema de poder muy vertical. La educación tiene que trabajar la diversidad y el pensamiento crítico.

Lo denomina «pedagogía sexy»

La pedagogía sexy es una pata del Art Thinking, pero no la única. Lo que quiero transmitir con este concepto es que el placer tiene que volver a la educación porque están absolutamente relacionados. Todos los niños de las escuelas de Infantil y Primaria sienten ese placer, pero lo van perdiendo según suben en la escala. Pierden la pasión que el ser humano tiene de forma innata por el conocimiento. Realmente, cuando hablamos ahora de educación nos referimos a un «simulacro educativo»: estudio esto para aprobar un examen, para sacar una nota para obtener una certificación.

«Hay profesiones que todos entendemos que tienen que seguir investigando y renovándose, por ejemplo los médicos. ¿Por qué los profesores no?»

Pero eso no tiene nada que ver con la pasión ni con el conocimiento. No entiendo por qué elementos que están muy instaurados en el entretenimiento, como lo inesperado, lo extraño, la expectativa... desaparecen en la clase, que es un aburrimiento máximo.

Tú, profesor, te llevas al colegio una sandía, la pones encima de la mesa, y durante los primeros diez minutos los alumnos dicen: "¿Pero qué va a pasar? Eso se llama mecanismo de extrañamiento, y genera atención y motivación, que es lo que el Art Thinking entiende como la antesala del aprendizaje.

¿Entonces, este modelo prescindiría de programas académicos?

No. Tú, como profesor, tienes que impartir unos conocimientos, pero nadie te dice cómo lo tienes que hacer. Normalmente los profesores cierran su puerta y pueden hacer lo que quieran. Pueden decir a sus alumnos que tienen que estudiar a base de codos y ponerse con un látigo, o pueden hacer una performance para hacerles entender qué son las ecuaciones de segundo grado. El libro quiere apoyar a los profesores para que sean capaces de dar ese salto, en vez de llegar al aula e impartir una lección magistral.

¿Están los profesores mal educados para educar?

Sí, están mal educados. Yo trabajo mucho en formación del profesorado y la mayoría de ellos se quejan continuamente del sistema con el que fueron educados, pero cuando se ponen a dar la clase reproducen el sistema. Hay que desaprender la metodología tradicional y aprender nuevas. En el libro anterior, «rEDUvolution», hablaba de la necesidad de crear una comunidad de aprendizaje en la que el alumno puede desautorizar al profesor y el profesor al estudiante. Fuera castigos, y fuera eso de: "tú te callas (al alumno) porque tú no sabes nada". Ahora los niños sí saben cosas porque Internet ha cambiado todo. El Art Thinking hace hincapié en esa dinámica de poder.

En el libro sitúas a los profesores al nivel de productores culturales

Los artistas sí creen que son productores culturales, productores de conocimiento, mientras que los profesores se entienden a sí mismos como transmisores de conocimiento. Quiero empoderar a los profesores como intelectuales, agentes sociales..., pero para eso el sistema debe cambiar. Primero es importante cambiar la percepción social de lo que es el profesorado y dejar de verlos como a unos técnicos. Siempre hablamos de Finlandia como referente en la educación. Pues bien, lo primero que hicieron fue empoderar al profesorado. Hay profesiones que todos entendemos que tienen que seguir investigando y renovándose, por ejemplo los médicos. ¿Por qué los profesores no? ¿Cómo puede ser que un profesor mantenga el mismo programa durante toda su vida profesional?

Citas al economista Cesar Molina para advertir que «todos los trabajos que no requieran de creatividad van a desaparecer». ¿Hay una exigencia en la sociedad que está siendo desatendida por el sistema educativo?

Sí. Necesitamos una alternativa política dentro de las metodologías educativas que se posicione a favor de que los ciudadanos sean activos y críticos. En el momento actual se perpetúa un sistema en el que la gente no piensa. ¿Por qué? Porque interesa que seamos buenos consumidores y buenos votantes. No tenemos ni idea de las profesiones que van a tener los niñs que están ahora mismo en las aulas.

«La ignorancia no es siempre un concepto negativo, puede ser positivo si se relaciona con la sospecha y el pensamiento crítico»

Lo que sí sabemos es que dentro de poco, muchas personas van a perder sus empleos porque el trabajo lo van a realizar robots. Entonces, vamos a fijarnos en qué competencias no van a poder suplir las máquinas. ¿Cuáles son? Las emocionales, críticas, creativas... Pues eduquemos en eso, porque resulta que todo lo demás lo van a hacer robots.

Eliminar de la Primaria las enseñanzas artísticas me parece un megadrama. El país necesitará gente creativa dentro de muy poco para desarrollarse. Qué queremos, ¿embrutecer al personal? Y lo mismo con el IVA de los productos artísticos. Cuando las artes están situadas en la periferia de la educación estamos posicionándonos en torno a la educación bancaria, que quiere ciudadanos sumisos, que no no generen su propio cuerpo de conocimientos.

Ahora sí se puede sacar a colación el concepto de «noluntad» al que tanto te refieres en el libro. ¿Qué es?

Aprender a decir que no a lo que no quieres.

¿Rebeldía?

Sí. Está muy relacionado con la «ignorancia activa». Es decir, "yo quiero ser ignorante de estos temas porque no me interesan". Por ejemplo: "yo quiero ser ignorante de la vida de Belén Esteban". La ignorancia no es siempre un concepto negativo, puede ser positivo si se relaciona con la sospecha y el pensamiento crítico. Pero para saber lo que quieres y lo que no, lo que te interesa y lo que no, tienes que saber discernir. Ahora mismo en la escuela no se puede aprender eso porque se enseña a deglutir información sin filtro.

Dices que el Art Thinking puede combatir el poder de la imagen enseñando a los niños a leer los mensajes implícitos. Si es difícil para un adulto, para un niño...

Aquí entra el pensamiento crítico visual, que se ha expandido a lo bestia con la llegada de las redes sociales. Hay una primera revolución tecnológica, que es cuando aparecen los ordenadores; y una segunda, que estamos viviendo ahora y en la cual el papel de las imágenes es central. Necesitamos ciudadanos alfabetizados críticamente con las imagenes. Los niños y las niñas tienen que saber lo que es Disney, pero también conocer otras alternativas que empoderen a mujeres, personas viejas, de otras razas... Tenemos que enseñar a los niños a analizar esos metarrelatos y mostrarles que hay otra imaginería dentro del cine.

Una alternativa a Disney como...

Como Studio Ghibli. Y si puedo recomendar una película: Capitan Fantastic. Un padre que hace «homeschooling» extremo con sus hijos en un bosque del norte de los Estados Unidos. Tienen incluso que cazar para comer. Estas cosas deben llegar a la escuela. Disney ya está en todas partes.

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