«La calidad de la educación está muy vinculada a la calidad del espacio en el que se imparte»

Según Pablo Campos Calvo-Sotelo, catedratico del CEU, los entornos que despierten bienestar psicológico incrementan el sentimiento de pertenencia a la institución y, al mismo tiempo, enriquecen la motivación por el aprendizaje

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Pablo Campos Calvo-Sotelo es catedrático del CEU y Académico de la Real Academia de Doctores de España. Acaba de publicar «Arquitectura, Urbanismo y Educación: hacia una dimensión didáctica del espacio» (Fundación SM, 2018), un libro por el que ha sido galardonado con el Premio Ángel Herrera de Investigación 2018 de la Fundación Universitaria San Pablo CEU.

En su opinión, «la calidad de la educación guarda una estrecha relación con la calidad de su arquitectura, puesto que contribuye activamente a optimizar la formación humana».

¿De qué manera influye el diseño de un espacio formativo en el aprendizaje humano?

Genera entornos que despiertan bienestar psicológico y fomenta en los alumnos un mayor sentimiento de pertenencia a la institución, al tiempo que enriquece su motivación por el propio aprendizaje. La arquitectura no sólo construye ámbitos, sino que induce formas de vida.

¿Por qué se le concede mayor importancia en las primeras etapas formativas? En las posteriores, y hasta la Universidad, ¿no es relevante este asunto?

La arquitectura es una componente decisiva, con independencia del nivel formativo. Podría matizarse que, en clave de psicología ambiental, el impacto del entorno construido (formas, texturas, colores, composición arquitectónica) es más intenso en la niñez, debido a su mayor fragilidad emotiva; pero en la Educación Superior, los alumnos adultos pueden también beneficiarse extraordinariamente de contextos espaciales que induzcan actitudes proactivas hacia el aprendizaje. 

¿Qué es un «Campus Didáctico»?

Se trata de una herramienta teórico-práctica, diseñada inicialmente en 2005, cuando planifiqué el Campus de Villamayor de la Universidad de Salamanca. Desde entonces, y asentada ya como paradigma, se utiliza con el propósito de que sea útil a toda institución educativa que afronte el reto de planificar el diseño o la transformación de sus espacios físicos, de modo que el propio escenario urbanístico-arquitectónico transmita valores en sí mismo. Con ello, la arquitectura desempeñará un rol calificable como «libro de texto tridimensional». Esa faceta formativa per se está estructurada conforme a los 18 principios del «Campus Didáctico». No hay nada desconocido en cada uno de ellos; lo que sí es innovador es el ensamblaje unificado de todos en un corpus de contenidos. De comprometida vocación proactiva, los 18 principios se constituyen en expresión de transversalidad, coordinándose para incrementar la sensibilidad de los lugares donde se produzca el trascendental proceso formativo. 

¿Existen experiencias prácticas reales y ejemplares de cómo deben ser exactamente la arquitectura y urbanismo destinados a la educación?

El libro culmina 30 años de mi dedicación investigadora a la Arquitectura de la Educación, incluyendo dos Tesis Doctorales (una en Arquitectura y otra en Educación). A lo largo de tan extenso itinerario, he podido generar conocimientos alternativos sobre este fascinante e inagotable tema en tres frentes convergentes: diseño (planificando de más de 20 complejos universitarios), investigación (visitando más de 500 campus, junto con investigaciones bibliográficas y contraste con expertos internacionales), y docencia (desde mi ejercicio como profesor en la Universidad CEU San Pablo, lo que me ha permitido comprender a fondo la esencia del hecho formativo, para posteriormente extraer pautas operativas que trasladar al plano del diseño). El libro recoge un estudio de casos de excelencia en cada uno de los 18 principios del «Campus Didáctico», dentro y fuera de España. 

¿Qué relación existe entre el «Campus Didáctico» y la creatividad?

Intensa y creciente, como se defiende en el libro. La arquitectura, como una de las Bellas Artes, es una verdadera vitamina de creatividad, lo que resulta especialmente relevante en los centros docentes. 

¿Cuál es el verdadero propósito de este libro?

La misión última de las instituciones docentes es la formación integral de la persona. Para alcanzarla, necesitan un cuerpo urbanístico-arquitectónico cualificado. Pero debe adquirir una virtud «didáctica» añadida: transmitir valores en sí mismo, aumentando el potencial educativo. Tomando como columna vertebral el concepto del «Campus Didáctico», el objetivo esencial del libro es aportar criterios y referencias que sean útiles en la misión de optimizar el diseño de los «Espacios del Saber». En suma, recuperar la dimensión humana de las instituciones educativas, especialmente la universitaria.

¿De quién depende que se tenga en cuenta sus recomendaciones para mejorar el diseño y arquitectura de los recintos educativos actuales y del mañana?

Depende de que, de una vez por todas, quienes tienen esa capacidad, asuman con responsabilidad y conocimiento la trascendencia que el entorno espacial posee en las actividades humanas, entre ellas, la educación. En primera instancia, de los responsables encargados de la gestión y gobernanza de las instituciones educativas, empezando por la esfera ministerial, continuando con la autonómica y acabando en los órganos de gobierno de las respectivas instituciones. Pero también debiera ser labor, intensa e inagotable, de todos cuantos nos ocupamos y preocupamos de construir entornos idóneos para la formación integral de la persona: arquitectos, urbanistas y profesores. 

¿Cuál es la siguiente etapa en su trabajo, tras este libro?

Divulgar los contenidos de este libro y asesorar a instituciones educativas para que puedan hallar en sus contenidos claves con las cuales acometer transformaciones cualitativas de sus espacios. También deseo continuar con la fructífera fusión entre aportaciones provenientes de diferentes áreas de conocimiento, que se impulsan desde la Real Academia de Doctores de España. Más específicamente, en materia de investigación, me interesa en este momento la influencia de la arquitectura educativa en entornos desfavorecidos, tanto en lo físico (diseños resilientes en zonas de riesgo) como en lo humano (arquitectura para y con personas con «capacidades diferentes», incluyendo la invidencia).

¿Qué mensaje le gustaría enviar como síntesis de este libro?

Que la arquitectura educativa no es sólo una organización formal, sino una organización humana. De eso trata, en definitiva, este libro: de personas.

 

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