8 de Marzo

Los 5 micromachismos que debemos evitar en la educación de los más pequeños

Los micromachismos son sutiles actitudes o comportamientos que se realizan en la vida cotidiana para perpetuar el dominio de lo masculino

S. F.

En los últimos años se ha producido un gran avance en materia de paridad entre hombres y mujeres . Sin embargo, todavía queda un largo camino por recorrer hacia la igualdad . Los micromachismos son sutiles actitudes o comportamientos que se realizan en la vida cotidiana para perpetuar el dominio de lo masculino, para imponer razones, intereses, privilegios, y que están tan normalizados y automatizados que no siempre se detectan o reconocen. Este tipo de actitudes, que se trasmiten culturalmente, suelen aprenderse durante la infancia y podemos evitarlas cambiando los modelos educativos que ofrecemos a las niñas y los niños.

«Dedicar tiempo a poner en cuestión algunas creencias culturales respecto al género nos ayuda a inculcar el valor de la igualdad en los más pequeños», comenta Ana Herrero, psicóloga y coordinadora del departamento de Orientación del grupo Brains International Schools. « Los más pequeños aprenden por sí solos que existen diferencias físicas entre los niños y las niñas , pero también aprenden comportamientos, actitudes y expectativas ligadas a los roles de género y que pueden mantener las creencias respecto al papel que la cultura tradicional, patriarcal, asigna a las mujeres y a los hombres, manteniendo la distribución injusta de derechos y oportunidades para las mujeres», añade la psicóloga.

5 micromachismos habituales que debemos evitar en la educación de los más pequeños

· Los colores no tienen género: tradicionalmente se ha asociado el color rosa con las niñas y el color azul con los niños. Los adultos, por nuestra parte, podemos contribuir a no marcar con colores el género de niños y niñas en la ropa, la decoración de sus habitaciones o en sus complementos.

· Todos ayudamos con las tareas del hogar: involucrar a los niños en las tareas del hogar nos permite fomentar la autonomía y el sentido de la responsabilidad entre los más pequeños. En este sentido, debemos involucrar por igual a los hijos y a las hijas. Lo más importante, en todas las edades, es educar con el ejemplo. Papá y mamá se repartirán las tareas del hogar a partes iguales. En el caso de que uno de los miembros de la familia no trabaje fuera de casa y se encargue del cuidado del hogar, se entenderá que esta responsabilidad recaiga más en esa persona, pero la otra parte también colaborará y participará activamente.

· Juguetes: los juguetes no deberían ser productos exclusivos de un género y no deberían limitar la creatividad y el desarrollo de las capacidades. De la misma forma que los colores, debemos dar la oportunidad de poder divertirnos, aprender y desarrollar procesos madurativos a través de los juguetes sin distinción de género. Se trata de romper con la idea de asociar a las niñas solo con juguetes que tienen que ver con la belleza o el cuidado y a los niños con la acción, las construcciones y los deportes. Tan interesante puede ser para una niña desarrollar sus habilidades motrices y sociales a través de juegos con la pelota, como para un niño desarrollar su sensibilidad y empatía a través del cuidado de una muñeca.

· Las niñas también pueden marcar goles: Las niñas pueden ser tan buenas en los deportes como los niños, solo hay que darles la oportunidad de desarrollar sus habilidades. Cada vez hay más niñas que juegan al fútbol, deporte tradicionalmente masculino. Hay que facilitar espacios de juegos comunes, compartidos, donde sean respetadas en su deseo de jugar también al fútbol.

· Profesiones: las profesiones tampoco tienen género. Podemos animar a niños y niñas a que puedan desear ser lo que quieran, a que sueñen con aquello que les fascina o admiran, y ofrecer ejemplos de hombres y mujeres que puedan ser referentes en esa profesión: desde mujeres policías, astronautas o científicas a hombres enfermeros, cocineros o modistos .

«Para educar en igualdad primero tenemos que aprender a conocer y detectar en nosotros mismos, los padres y madres, los micromachismos que pueden estar condicionando nuestra manera de comportarnos, para promover todos los cambios que favorezcan en los niños y niñas un desarrollo más respetuoso con ellos como personas, en igualdad de derechos y oportunidades», concluye Ana Herrero, psicóloga y coordinadora del departamento de Orientación del grupo Brains International Schools .

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