El magnate se encandiló con una presentadora de televisión libanesa, de 25 años
El magnate se encandiló con una presentadora de televisión libanesa, de 25 años - Getty Images

Muere un magnate saudí tras perder uno de los divorcios más sonados de Inglaterra

El doctor Juffali fallece en Zurich por cáncer solo tres semanas después de su derrota judicial contra la modelo Christina Estrada, ex chica Pirelli

CORRESPONSAL EN LONDRESActualizado:

El magnate saudí Sheik Walid Juffali, que se acaba de morir en Zurich por un cáncer a los 61 años, y la modelo estadounidense Christina Estrada, de 54 años, protagonizaron uno de los culebrones de divorcio más enrevesados y amenos del Reino Unido, en el que incluso llegó a intervenir la diplomacia británica. Juffali intentó todo tipo de tretas para frenar la demanda, hasta el punto de que cuando sus abogados dijeron que luchaba en Suiza contra la muerte, los letrados de la modelo pensaron que intentaba escabullirse una vez más.

Pero Juffali ha probado de la manera más drástica que no mentía. El multimillonario se ha muerto solo tres semanas después de su sonada derrota en la Corte Suprema, donde se falló que debe pagar 90 millones de euros a Estrada.

Juffali, neurólogo, presidente de una de las compañías más potentes de Arabia Saudí y mujeriego entusiasta a pesar de su porte feucho, conoció en 2000 en Londres a Estrada, exchica de calendario Pirelli. Se casaron enseguida y son padres de una hija, hoy adolescente. Para él era su segundo matrimonio.

Pero en 2012, el magnate se encandiló con una presentadora de televisión libanesa, una belleza de 25 años. Apelando a que las leyes coránicas permiten tener hasta cuatro esposas siempre que se las trate con equidad, Juffali se casó con la periodista a espaldas de Estrada, quien finalmente acabó pidiendo el divorcio en 2014. El saudí llevaba treinta años viviendo prácticamente en el barrio londinense de Knightsbridge, por lo que resultaba muy oportunista que invocase las normas matrimoniales de su país de origen.

El juicio ha sido un alarde de frivolidad por parte de Estrada, que comenzó reclamando a su marido 234 millones de euros para sus «necesidades razonables». Juffali, al que se atribuye una fortuna de 9.5000 millones (él decía que solo eran 113), le hizo una contraoferta de 37 millones. Pero Estrada vino a decirle al juez de Familia de la Corte Suprema que eso no le daba ni para tabaco. Reclamó una casa en Londres de 52 millones de euros y otra de campo, de 5,2; cinco coches y un presupuesto de 1,2 millones de euros al año para ropa y 400.000 para el servicio. « Soy Christina Estrada. Yo era modelo internacional y he vivido esta vida. Es a lo que estoy acostumbrada», declaró con facundia en el juzgado. Lo cierto es que exageró un poco, porque tampoco fue una modelo de primerísimo nivel, como las «tops» más afamadas de su época.

Al final, el juez condenó a Juffali a pagarle 90 millones, en una de las indemnizaciones de divorcio más altas de Inglaterra. La exmodelo lo celebró con euforia y un bonito abrigo rosa en la escalinata del tribunal. Eso sí, muerto ya Juffali, se declara –desde su veraneo en St. Tropez- «devastada» por la pérdida y asegura que lo quiso hasta el final y ha rezado por él. Afirma también que lo importante ahora es que su hija ha perdido a su padre, y no el dinero del divorcio.

Pero de lo que se habla en Londres, por supuesto, es del parné. Aunque los flecos del acuerdo no estaban cerrados, se da por descontado que Juffali tendrá que pagar ultratumba, porque el juez había establecido que debía abonar los 90 millones a su exmujer antes de las cuatro de la tarde del 29 de julio. El magnate no acudió a la vista judicial, que de hecho se adelantó por su precario estado de salud.

Durante los tres años de disputa, el momento más glorioso de Juffali fue cuando invocó su supuesta condición de diplomático para declararse exento de responder ante los tribunales británicos. En concreto, dijo ser el representante de la isla caribeña de Santa Lucía en la Organización Martíma Internacional. En el juzgado se probó que jamás había acudido a una de sus reuniones y se desestimó su inmunidad diplomática. Pero la decisión judicial provocó protestas del ministro de Exteriores, Philip Hammond, hoy convertido en el nuevo responsable de la economía británica.

La historia acaba con Juffai en el más allá y Estrada viviendo la dolce vita a costa de su fortuna. Eso sí: «Devastada» por la pérdida.