La cantante Maria Dolores Pradera acompañada de su hija Helena Fernán Gómez
La cantante Maria Dolores Pradera acompañada de su hija Helena Fernán Gómez - J.L. PINO

«María Dolores Pradera quería una despedida con sus amigos, no una feria»

Fernando Fernán Gómez, su hijo, cuenta cómo fueron los últimos años de la gran dama del teatro y la canción: «Su ilusión era regresar a los escenarios»

Víctor Abril
MadridActualizado:

En los últimos tiempos había recuperado la voz, varios años después de que una neumonía le bajara de las tablas del teatro Coliseum, en la Gran Vía madrileña. Corría 2012 y meses más tarde, en junio de 2013, aún pudo interpretar «Fina estampa» en compañía de Miguel Poveda en la plaza de toros de Las Ventas. Aquella fue la última vez que María Dolores Pradera cantó en público. «No pudo cumplir su ilusión de regresar a los escenarios», cuenta a ABC su hijo Fernando, dos días después del fallecimiento de la gran dama de la interpretación. «Ella me decía: “Cuando esté buena, salimos de gira”. Era su ilusión y hasta su obsesión: estar en contacto con el público», añade. A su muerte, tenía 93 años.

Fernando, hijo de la cantante
Fernando, hijo de la cantante - KLA

Fernando, un hombre discreto y cabal, quien pronto asumió lo difícil que resultaba seguir la estela artística de unos padres de leyenda -María Dolores Pradera se casó en 1945 con Fernando Fernán Gómez; la pareja se separó en 1959-, trabajaba a la sombra de su madre desde hacía décadas. «En los años 60 y 70 hice algunas incursiones en el cine, pero sabía que la interpretación no era lo mío, más aún cuando las comparaciones con mi padre eran constantes. Vivir así se hacía imposible. Luego monté una galería de arte y la cerré porque la cosa del arte andaba fatal. Así que acabé organizando las giras y las grabaciones de los discos de ella», explica. La habitua l sobriedad de su carácter se rompe por la emoción cuando recuerda que «estábamos muy unidos. Fue la persona que nos guió a mi hermana Helena y a mí a lo largo de nuestras vidas. Como mujer siempre fue un ejemplo y como artista... no voy a ser yo quien lo diga. Sencillamente, era mi madre».

En las inmediaciones del Paseo de la Castellana de Madrid, a tiro de piedra del estadio Santiago Bernabéu, la intérprete de «La flor de la canela» hacía una discreta vida de barrio en compañía de su hija Helena: paseos, compras, charlas con los amigos... Cuentan sus vecinos que era una mujer adorable, ajena a cualquier exceso de diva. Prudente. «Nunca dejó de recibir ofertas para cantar, pero ella, además, siempre se sintió actriz», continúa Fernando, quien aclara las diferencias con su hermana Helena a la hora de velar el cuerpo de María Dolores Pradera. Mientras que Helena quería que el velatorio fuera en el Teatro Español, él insistió que el mejor lugar para rendirle homenaje era el tanatorio de la M-30. « No hubo discusión alguna. Durante el último año, y sabiendo que ya estaba mal, ella me decía que no quería la feria que se montó cuando falleció mi padre, en la que ni mi hermana ni yo participamos. Deseaba una despedida de sus amigos en el tanatorio». El funeral en su memoria tendrá lugar en la Basílica Parroquia de la Virgen Milagrosa (los Paules), el 12 de junio. «Ese era el templo al que acudía con sus padres cuando era pequeña», indica Fernando.

Massiel, María Teresa Campos y Bogote Arrocet, Ana Belén o Rosana pasaron por la capilla ardiente
Massiel, María Teresa Campos y Bogote Arrocet, Ana Belén o Rosana pasaron por la capilla ardiente - ABC

Una existencia discreta

Al recordar el matrimonio que en su día formaron Fernando Fernán Gómez y María Dolores, roto a finales de los años 50, su hijo asegura que «pese a todo, siempre hablaron bien el uno del otro. Suena raro, pero entre personas cultas no hay porqué hablar mal de nadie, a no ser que te hayan hecho una faena monstruosa, que no era el caso. Mi madre llevó una vida discretísima. Si tuvo algún que otro amor, no sintió la necesidad de explicarlo. Era su vida».

Recuerda Fernando lo mucho que María Dolores Pradera viajó a lo largo y ancho del mundo, «y eso que para ella la cosa no resultaba nada fácil, porque tenía pánico al avión e incluso al tren. Prefería moverse en coche». Hubo un tiempo en que adquirió una hacienda en México como base de operaciones, y que acabó vendiendo cuando ralentizó un ritmo casi frenético. «Fue feliz trabajando, aunque en algún momento no se encontrara totalmente bien. No le importaba el dinero, pues tenía muy pocos gastos», asegura Fernando. Y cuando se le comenta que existe la creencia de que María Dolores Pradera amasó una gran fortuna, responde divertido: «¡Ojalá! Quien dice eso está totalmente equivocado. Ganaba dinero, pero todo el equipo y el personal que ella movía en sus galas costaban auténticas fortunas. Más que el dinero, lo que a ella le gustaba era estar en contacto con el público. No podía vivir sin cantar y a mí me hacía feliz que fuera así».