Diego Maradona junto a su exmujer Claudia Villafane y sus hijas Dalma Nerea y Giannina Dinorah
Diego Maradona junto a su exmujer Claudia Villafane y sus hijas Dalma Nerea y Giannina Dinorah - Alec Michael

Los Maradona escenifican su discordia en la boda de la hija del Pelusa

Dalma Nerea quiere que Diego Armando la lleve al altar, pero veta a su madrastra y a tresde sus hermanos

Corresponsal en Buenos AiresActualizado:

La noticia la conoció el mundo porque su padre no pudo contener su entusiasmo en Twitter. Diego Armando Maradona lo ha contado en la red de los 280 caracteres (antes eran 140) y el planeta de los periodistas del corazón ha estallado en busca de detalles. Dalma, la hija que quiere ser artista y trabaja duro para formarse como actriz, se casará en abril con Andrés Caldarelli, el hombre con el que vive desde hace cinco años y que, por fortuna para ambos, le cae bien al antiguo astro del balón.

«Le pedí que no dijera nada», ha explicado la novia en referencia a su progenitor. Pero pocos minutos después de saberlo, «El Pelusa» había roto su promesa tras asegurar a su hija que «acá, en Dubai, no se lo puedo contar a nadie». Finalmente, Dalma se ha mostrado indulgente con su padre: «Me empezó a sonar el ‘‘celu’’ con capturas de pantalla de su publicación. Al principio me enojé, pero entendí que él necesitaba compartir su alegría».

Maradona, poco acostumbrado a tradiciones y formalismos, estaba feliz y su alegría se incrementó porque Caldarelli, economista y jugador de rugby, le había pedido la mano de Dalma Nerea. Sabido esto, era de esperar que el siguiente episodio no iba a resultar un camino de rosas. Todo lo que tiene que ver con esta familia suele ir acompañado de polémicas, disputas, tensiones y desafíos. Así que la boda de Dalma, de 30 años, no podía ser menos.

De la alegría al enojo, Diego Armando ha atravesado todos los estados de ánimo, de estar pletórico a anunciar que no asistirá ni a la ceremonia ni al convite. Los motivos de su irascibilidad tienen nombres de mujeres: Claudia Villafañe, su exesposa, y Rocío Oliva, su joven y actual pareja sentimental. Dalma, al igual que su hermana Giannina, no soporta a Rocío y le expresó a su padre el deseo de que el día de la boda, en abril, la dejara en casa. En cuanto a Villafañe, la madre de la novia, Maradona habría pedido que en su caso también asistiera al enlace sin su pareja, Jorge Taiana, al que suele referirse despectivamente como «Tontín».

En el tira y afloja de unos y otros parece que se ha llegado a un acuerdo, tras el paso de Dalma por Dubai para visitar a su padre. Aquella reunión terminó, según ha deslizado en la radio, con la pipa de la paz. Maradona asistirá al enlace y ejercerá de padrino, pero el acuerdo dejaría fuera a Oliva y a «Tontín», así como los teléfonos móviles de todos los invitados para evitar la captura de imágenes íntimas de la fiesta y de un Maradona como suele verse con frecuencia: desbordado por la ingesta de líquidos espirituosos. Dicho en palabras de su hija, «porque no quiero que nadie joda (incordie) a mi papá».

Una tregua

El enlace parece haber abierto una tregua, dejando atrás los pleitos de la familia y las amenazas del Pelusa de desheredar a sus hijas por ponerse del lado de Villafañe cuando esta le reclamó, en un ajuste de cuentas monetario, un apartamento que ella habría comprado a sus espaldas con su dinero.

Otro de los asuntos delicados de esta boda apunta a los medio hermanos de la novia, que Maradona primero despreció y, finalmente, terminó reconociendo, obligado por la ley con uno y forzado por las circunstancias con el resto. Dalma y Gianinna no quieren saber nada de Diego Júnior, el italiano. Tampoco de Jana (argentina) ni de Dieguito Fernando, un niño de 5 años, fruto de la relación del Pelusa con Verónica Ojeda. Al parecer, ninguno de ellos ha recibido invitación.

En ese escenario agridulce, Dalma proclama su felicidad y cuenta en «Un chino» (un lío, en porteño), su programa de radio, cómo Andrés le pidió matrimonio: «Me dijo que me esperaba con la comida. Cuando llegué y abrí la puerta vi un montón de velas y no caí. Le dije ‘‘¡Qué producción para una cena!’’, como haciéndome la graciosa y él me preguntó: ‘‘Chava, ¿te querés casar conmigo?’’». Desde entonces, reconoce, «estoy llorando de felicidad».