Françoise Bettencourt junto a Liliane Bettencourt
Françoise Bettencourt junto a Liliane Bettencourt - CHRISTOPHE PETIT TESSON

Françoise Bettencourt: La discreta heredera de la mujer más rica del mundo

En 1992, Liliane Bettencourt decidió repartir su fortuna entre su hija y sus dos nietos

MadridActualizado:

Con la muerte el pasado jueves de la gran matriarca de L’Oréal,Liliane Bettencourt, la familia de oro y brillantes de Francia pierde también a la mujer más rica del mundo, honor que recae ahora en Alice Walton, de 67 años e hija del fundador de los supermercados estadounidenses Walmart. Françoise Bettencourt-Meyers (París, 1953), la primogénita de Liliane, se hará cargo junto a sus dos hijos de la inabarcable fortuna de la nonagenaria, valorada en 33.000 millones de euros.

«De pequeña me llamaban “el mejillón en la roca” por lo protegida que estaba por mi madre», reveló Françoise a «Le Monde» en 2012, en pleno escándalo judicial por el litigio que mantenía con el fotógrafo y gran confidente de Liliane, François Marie Banier, a quien acusó de pescar en el alzheimer y la decadencia de la eterna heredera para adueñarse de sus riquezas. El pasado domingo, el periódico francés «Le Journal du Dimanche» informó que Banier heredaba de forma consentida trece obras de la valiosa «pinacoteca» de su difunta amiga: «Una naturaleza muerta con guitarra», de Picasso, un Munch, un Braque, un Mondrian, un Giorgio De Chirico, un Juan Gris, un Miró y un Matisse, entre otros. Tras siete años de pleitos el fotógrafo y la nieta del fundador de L’Oréal (Eugène Schueller) llegaron a un acuerdo extrajudicial para cesar las hostilidades y recuperar la buena imagen de la dinastía.

Siguió los pasos de su madre

Tan discreta como sus padres, Françoise no ha cesado de luchar durante la última década para mantener la fortuna y el imperio de L’Oréal bajo el paraguas de la familia Bettencourt y la gestión del todavía CEO Jean Paul Agon. «¡Se dijo que yo quería ocupar su lugar! Esta historia ha sido una lucha constante por la verdad», afirmó hace años la flamante matriarca de L’Oréal. De 64 años, Françoise, al igual que su madre, cedió el protagonismo empresarial a su marido, Jean-Pierre Meyers, miembro de una de las familias judías más poderosas de Francia y nieto de un rabino asesinado en Auschwitz. Liberada de la carga empresarial, la nieta de Eugène Schueller ha podido dedicarse a colmar sus aspiraciones intelectuales, publicando varias obras sobre mitología y religión. Su libro sobre los vínculos entre el judaísmo y el cristianismo, «Las trompetas de Jericó» ganó el premio literario de los «Lauriers Verts» en 2009. De esta forma, la familia Bettencourt pasó de las tendencias filonazis de los años treinta -en los que el fundador de L’Oréal defendía de puertas afuera las tesis nacionalsocialistas mientras que entre bastidores protegía a sus trabajadores judíos-, a sentar cátedra tan solo unas décadas después sobre religión en una Francia de obstinada laicidad.

En 1992, Liliane, que se guardó hasta la muerte el derecho de los beneficios de sus acciones, decidió repartir su herencia entre su hija y sus dos nietos, Jean-Victor (1986) y Nicolas (1988): dos tercios para ella y el restante para los dos jóvenes. Mientras que las buenas relaciones madre-hija se quebraron en los últimos años, los jóvenes herederos mantuvieron siempre una estrecha relación con su abuela. Por medio del holding Thétys, con el 33% del capital los Bettencourt son los principales accionistas de L’Oréal.