Teresa Sapey, arquitecta e interiorista
Teresa Sapey, arquitecta e interiorista - T. S.

¿Es el sol español?

Después de residir en París y Turín, le cautivó la sonrisa permanente impresa en el rostro de la gente de Madrid

Teresa Sapey
ItaliaActualizado:

Cuando vine a vivir a España, mi primera impresión fue que aquí era verano todo el año. Las españolas se ponían abrigos con temperaturas casi tropicales y tenían la piel tostada, mínimo desde mayo a noviembre. En Madrid, mucha gente vive en casas con piscina, como en los sitios de vacaciones. Aquí, el cielo siempre es azul y el sol grande y luminoso como una bola de oro. Amarillo Chartreuse y cítrico en invierno, de cadmio y Nápoles en primavera, y amarillo indiano y albero cuando se superan los 40 grados de temperatura.

Aquí la gente sonríe mucho y parece como que la luz del sol haya penetrado en sus vísceras. Yo venía de París y antes de Turín donde se vive envuelto en tonalidades grises, donde se cuentan los días en los que se ve el sol, donde la niebla te impide conducir varios días al año, donde el día es noche y la noche es día. Donde la gente anda mirando sus propios pies y nunca adelante, donde si te encuentras no te ves o eso parece, donde saludar es como un toque de campana al amanecer, para no molestar. Donde sonreír está considerado de tonto «risus abundat in ore stultorum». Ahí nadie tiene piscinas.

Mi ciudad

Pero ahora, tras varios años en España, me siento una madrileña de Turín. Voy a cumplir casi tres décadas en esta ciudad y espero que estéis de acuerdo conmigo: Madrid es mi ciudad, Madrid es mi casa.

Ahora yo también puedo hablar de tortillas y opinar si están más ricas con o sin cebolla, si tienen que estar cuajadas en los bordes pero jugosas en el centro. También la tortilla es redonda como el sol, y su amarillo varía según la cantidad de yema, desde un amarillo pajizo al intenso color del azafrán. Creo que yo veo este país como un tejido de lunares amarillos, un poco como Yayoi Kusama ve el mundo con lunares, incluso las calabazas.

Por esto he pintado un sol sobre la pared de mi casa en Palma. Yo veraneo en el Mediterráneo. Siempre he veraneado en este mar que me pertenece. Ahora voy a Palma de Mallorca. Amo Palma, me siento en casa. Las Baleares me parecen un paraíso para todos, todo el año. En mi casa he querido robar el sol de España, lo he pegado a la pared como antes se pegaba un sello al sobre. Me siento muy rica porque siento que he robado el sol a España, ¿pero el de que día del año? No sé si es un sol o es un corazón con forma de sol: el corazón ibérico, sí sé que es amarillo, de dos amarillos. No sé si es un sol o un lunar o una croqueta o una aceituna o una tortilla, pero es mi amuleto de la felicidad, lo miro y me relajo. Así, yo creo que he capturado el sol en mi jaula, pero puede que sea el mundo, nuestro mundo. Y como escribió Hemingway en «Fiesta» (The Sun Also rises) «no me importaba qué era el mundo, solo quería saber cómo vivir en él. Quizás, si aprendías a vivir en él, también entendías qué era».

¿Creéis que he aprendido a vivir con vosotros?