Ángel Correa
Ángel Correa - RODRIGO JIMÉNEZ

La detención de su hermana amarga la semana al atlético Ángel Correa

Julieta Correa era detenida esta semana por encubrir a su novio, sicario de una banda de narcotráfico

BarcelonaActualizado:

Hace tiempo que la vida, en muchos aspectos, sonríe a alguien con un pasado tan duro como el de Ángel Correa (23 años). Delantero del Atlético de Madrid, el jugador argentino también forma parte de la selección nacional de su país natal, todo un logro para quien casi desde la cuna tuvo que lidiar con un rosario de problemas familiares y de salud. Esta semana, sin embargo, Correa no ha podido dormir tranquilo, sobre todo tras el arresto de su hermana Julieta (20), el pasado martes en el hotel Howard Johnson de Rosario. Una ciudad que, más allá de ser la cuna de los hermanos Correa, Ángel Di María o Lionel Messi, está considerada por el gobierno argentino como la zona que concentra mayor cantidad de crímenes asociados al consumo de drogas.

Julieta Correa era detenida junto a su actual pareja, Leandro Daniel «Chulo» Olivera (29), por delitos vinculados al narcotráfico. Aunque la joven, a quien se le acusa de encubrimiento, fue liberada al día siguiente por falta de antecedentes penales, muy diferente es la situación de su novio, quien carga con delitos graves.

Al «cuñado» del delantero del Atlético de Madrid se le acusa de pertenecer a Los Monos, una banda asociada al narcotráfico y que ha realizado ataques armados contra edificios y funcionarios públicos. Unos atentados que ascenderían a 15 y que comenzaron tras las condenas a Ariel «Guille» Cantero y Ramón Machuca, líderes de la organización. Según informes judiciales, la pareja de Julieta Correa trabajaría como sicario y mano derecha de Cantero en la organización criminal.

A lo largo de la investigación judicial de estos ataques se llegó a citar al jugador atlético, quien en febrero de 2018 tuvo que declarar ante el juez Juan Carlos Vienna. Entre 25 detenidos por narcotráfico, había supuestos conocidos suyos.

Desde muy pequeño, la vida de Ángel Correa ha estado marcada por la tragedia. Con apenas 10 años, perdió a su padre. Con el tiempo se convirtió en el hombre de la casa, quien mantenía a la familia. El sueldo que recibía como jugador se lo entregaba íntegro a su madre, para hacer frente a los numerosos gastos.

Dos años después del fallecimiento de su progenitor, Correa perdió a su hermano mayor. Y en 2017 también murió Luis Martínez, otro hermano de Ángel, quien se quitó la vida al arrojarse por un puente de la autopista que comunica Rosario con Buenos Aires.

Pero las pérdidas familiares no son lo único que ha marcado la difícil existencia de «Angelito», como le llaman en Argentina. En 2014 se sometió a una operación a corazón abierto en Nueva York, tras detectarle una anomalía cardíaca cuando se le realizaba una revisión médica en el Atlético de Madrid.

Un «faro de alegría»

En los malos tiempos, el fútbol ha sido para Correa una vía de escape, un «faro de alegría». Así lo contó él mismo a «Página 12»: «Cada vez que entro a la cancha a jugar, me olvido de las pérdidas que tuve y lo único que quiero es divertirme con mis compañeros en el Atleti o con amigos en Rosario».

El de Julieta Correa no es el primer caso de familiares de estrellas argentinas del balompié que aparecen vinculados a episodios delictivos. Sin ir más lejos, uno los casos más sonados es el de Matías Messi, la «oveja negra» del clan de Leo Messi. A mediados de 2018, el hermano mayor de «La Pulga» fue condenado a dos años y medio de prisión por tenencia ilegal de armas de fuego, tras verse involucrado en un rocambolesco episodio a bordo de una lancha. No era la primera vez que tenía problemas con la Justicia. Dos años antes, Matías fue detenido por la policía local tras ser visto con un arma.