Cristina Piaget, esta semana, en la librería La Fugitiva del barrio madrileño de Lavapiés
Cristina Piaget, esta semana, en la librería La Fugitiva del barrio madrileño de Lavapiés - ISABEL PERMUY

Cristina Piaget: «Mi etapa como modelo fue la más triste de mi vida»

La maniquí habla con ABC sobre su vida como madre soltera y de sus proyectos como actriz

MADRIDActualizado:

Dice Cristina Piaget (49 años) que nacer el mismo año, el mismo día y a la misma hora que Kate Blanchett, su actriz favorita, tiene que ser una señal que le empuje a conseguir el papel de su vida. Sentada frente a una ventana de la librería La Fugitiva, en el barrio de Lavapiés, la actriz y una de las modelos españolas más cotizadas de los años 80 y 90 reivindica que ella nunca se ha retirado en su empeño por dedicarse a su auténtica pasión: la interpretación. Una meta que hace siete años tuvo que posponer para dedicarse a criar a su hijo Paul David.

Tras dar a luz, se instaló en una casita de madera en Piedralaves (Ávila), donde pasó cuatro años junto al pequeño. «Le matriculé en un colegio público del pueblo y yo daba clases extraescolares de yoga para niños», cuenta, mientras da un sorbo a su taza de café. Quiso que su hijo creciera en el campo, con el sonido de los grillos y los pájaros, aunque resultó ser una época dura: «Estaba un poco mal económicamente, pero sin ninguna carencia porque en el campo es todo más fácil». Desde el principio no pudo contar con el padre del niño, «por eso -asegura- cuando eres madre soltera te tienes que poner las cosas fáciles».

Con el tiempo, vendió su piso del centro de Madrid y una casa en Barcelona, y se instaló en el barrio de Lavapiés, «la milla de oro del teatro» -dice ella-. «Siempre he querido vivir aquí porque es donde pasan las cosas», apunta.

Desde que regresó a la capital, Piaget no ha estado parada. «Ni mucho menos retirada, algo que se ha dicho mucho, porque la crianza me llevó a aislarme y se entendió como que me había alejado de todo», añade. Rodó «Adiós Susana», de Rubén Pascual Tardío, «una joven promesa de 24 años» que le dio una oportunidad. Ahora, contará con ella otra vez para un largometraje junto a Verónica Forqué, «una historia superhumana que tiene que ver con las madres». Además, Piaget rodará con Gérard Depardieu un filme donde también saldrá el pequeño Paul, quien asimismo será su hijo en la ficción. «Hasta ahora me lo habían pedido para publicidad, pero me había negado. He empezado a aflojar porque creo que tiene madera», explica orgullosa.

La era anlógica frente a la digital

Piaget pertenece a la generación dorada de las supermodelos españolas, junto a Esther Cañadas, Judit Mascó, Verónica Blume o Inés Sastre. A los 16 años, protagonizó la primera portada de la revista «Elle» en España y a los 18, ya desfilaba para Dior, Yves Saint Laurent o Valentino. Se crió en una época completamente analógica, «donde no existía ni el photoshop», por eso confiesa que las redes sociales le abruman. «No quiero competir con una niña de 20 años que se hace una foto al escote, la sube y tiene 20.000 likes. ¿Eso tiene el mismo valor que haber hecho una lectura dramatizada en la Universidad Complutense sobre Tennessee Williams? No, pero en Instagram eso no vende». Ha optado por eliminar algunas fotografías de su perfil donde aparecía en ropa de baño: «Prefiero tener menos aprobación y ser fiel a mí misma». Y es que, asegura, en su época como top model «podría haber llegado a tener 300.000 likes», pero aquellos no fueron sus mejores días: « Era una de las mejores modelos de los años 90, pero fue la etapa más triste de mi vida. Me sentía muy vacía».

La moda, en su día, le procuró un desahogo económico y unos beneficios que invirtió en propiedades inmobiliarias y en formarse como actriz. Cuando vivió en Nueva York, entre desfiles y sesiones de fotos, protagonizó varios proyectos de tesis cinematográficos en la NYU, lo que le dio tablas para su papel en «La Monja» (2005). Ahora, cuando ronda los 50 años, reconoce que los papeles escasean y que «al final los acaban haciendo las mismas, las que tienen padrino». Siempre ha tenido un plan alternativo, porque «un actor, hoy en día, se muere de hambre», aunque, insiste, «siempre desde la integridad». También asegura que «ahora estamos viviendo un cambio increíble con la sororidad»: «Antes me moría por trabajar con Almodóvar, pero me encantaría trabajar con Isabel Coixet o María Ripoll».

«Necesitamos convivir»

Hace unos días «un multimillonario» le ofreció un sueldo fijo a cambio de convertirse en «una funcionaria del amor»: «Él me lo ponía todo, hasta me iba a comprar un teatro, pero mi camino en el cine no va por ahí». Aún así, considera que ahora las mujeres tendrían que «apreciar el cambio» de los hombres: «Hay muchos que han evolucionado y apoyan el feminismo, ahora tenemos que ser menos opresoras y escucharles porque necesitamos convivir».

Aún así, no quiere ataduras sentimentales. «No me apetece tener una relación. Los de mi generación no me gustan, los prefiero 10 años más jóvenes, y a ellos les gusto yo, así que tengo que aprovechar», asegura, y suelta una carcajada. Ella, que fue pareja de José María Cano, puede presumir de haberle hecho «una cobra» a Sean Penn: «Fue un ejercicio de inteligencia. Si hubiera tenido algo con él, me habría quedado pilladísima».