Evita en uno de sus baños de multitudes en Argentina. Debajo, muy enferma, procede a votar. Falleció el 26 de julio de 1952
Evita en uno de sus baños de multitudes en Argentina. Debajo, muy enferma, procede a votar. Falleció el 26 de julio de 1952 - Reuters

100 años de Evita Perón: un mito para todas las causas argentinas

El 7 de mayo es el centenario de Eva Duarte, quien subió a los altares populares del siglo XX tras su boda con Juan Domingo Perón

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Decir Eva en Argentina y el mundo es hablar de la creación, de verdad y ficción, de fe y esperanza, de mentiras verdaderas o falsas, de historia sagrada para una parte de la humanidad y de una religión para millones de argentinos.

La Eva de las Escrituras es a los católicos lo mismo que la otra Eva a los peronistas. La última fue la tentación de Perón y del pueblo, hablar de «ella» es recordar la transformación de una aprendiz de actriz que tocó el cielo del poder, con las manos de un hombre que guió sus pasos hasta el último aliento de su vida. «A Evita la inventé yo», diría, celoso y ya viudo el general Juan Domingo Perón.

100 años del nacimiento de «Evita» son 100 años de historia de la Argentina escrita de aquella manera. Es el siglo condensado o contabilizado desde el 7 de mayo de 1919, la fecha (quién sabe si cierta) de un parto en un pueblo de Juana Ibarguren, una mujer que, al no ser esposa, parecía ser nadie. También es reconocer que el padre, Juan Duarte, no renegó de sus descendencia y que de todas sus hijas sólo una, la «ilegítima», logró llegar donde ninguna otra mujer lo había hecho antes en la historia.

Portada de ABC que recoge el discurso de Evita a una multitud de madrileños durante su visita oficial a España
Portada de ABC que recoge el discurso de Evita a una multitud de madrileños durante su visita oficial a España - ABC

La construcción de un mito

El mito de Eva coloca a la mujer nacida en Los Toldos, en la provincia de Buenos Aires, en el altar divino de la entrega y la justicia social. Inventó el tren sanitario, construyó hospitales, regaló máquinas de coser y cumplió deseos y sueños de sus «grasitas», sentada en una mesa, mientras ellos hacían cola para pedir.

La ilusión de Eva desborda las fronteras del amor pasional -y compañero- a un hombre, Perón, que la veía en una dimensión inferior a la grandiosa leyenda que proclamaba el pueblo. La realidad de Eva, con todo su arrojo y valentía, también desbordaba mezquindades propias del resentimiento social y puestas en escena ridículas como su aterrizaje en Madrid, en el mes de junio, con abrigo de visón, tiaras, collares y anillos que asombrarían a Carmen Polo, la mujer de Franco.

Carmen Polo, esposa de Franco, recibe a Eva Duarte de Perón en el aeropuerto de Barcelona, donde llegó desde Zaragoza.
Carmen Polo, esposa de Franco, recibe a Eva Duarte de Perón en el aeropuerto de Barcelona, donde llegó desde Zaragoza. - Josep Brangulí

El siglo XXI encontró, en aquel cadáver profanado, embalsamado y viajero (estuvo secuestrado) una mina de usar y tirar entre los suyos y los ajenos. Cristina Fernández, la viuda de Néstor Kirchner, reivindicaría la «Eva del puño» cerrado, Elisa Carrió, ahijada arrepentida del ex presidente Raúl Alfonsín (Unión Cívica Radical) colocó su imagen, como si fuera un cuadro de cabecera, en el despacho de trabajo. Hasta Mauricio Macri, antes de entrar como presidente en la Casa Rosada, recordaría su mérito, compartido con Perón, al lograr, «imposible imaginar un trabajador sin aguinaldo y derechos para la familia».

Teñido perpetuo

Palabra sagrada en la calle su nombre sirve para una calle, un monumento o una cerveza «rubia». El teñido perpetuo y la piel blanca infinita, gracias a la maestría del doctor Pedro Ara, el español que conservó un trocito de la oreja, que ya era momia, para reconocer el original, permanece en la memoria de todos. Tampoco se olvida a Miguelito Romano, el niño «abanderado» por Eva en la escuela y peluquero más tarde de aquella cabeza sin vida. De esa experiencia conservó un peine. De otras más recientes tarjetas de créditos de clientas despistadas.

Juan Domingo Perón y Eva Duarte (ambos en 1948, se casaron en 1945)
Juan Domingo Perón y Eva Duarte (ambos en 1948, se casaron en 1945) - Ortiz

«Si ella viviera...»

«Si Evita viviera sería montonera», proclamaban los guerrilleros expulsados por Perón de la Plaza. «Si Evita viviera diría que Macri se está haciendo peronista», declararía el sindicalista Hugo Moyano cuando el presidente de Argentina atravesaba el primer año de gestión y la ilusión, antes del azote de la inflación, era esperanza. «Si Evita viviera sería “trava” (travesti)», escribió «Nacho Estepario». «Si Evita…», las palabras en su boca sirven y sirvieron para cualquier causa, incluida la del feminismo, que ejercía sin saberlo y despreciaba: «…parecían estar dominadas por el despecho de no haber nacido hombres, más que por el orgullo de ser mujeres», sentenciaría.

Cáncer de útero

Pero Evita murió, el 26 de julio de 1952. Un cáncer semi secreto de útero, el mismo que atribuyen a Aurelia Gabriela Tizón, la primera mujer de Juan Domingo Perón, se la llevó. Para unos fue santa y para otros, mujerzuela. Ni lo uno ni lo otro, o de las dos cosas un poco. Eva Duarte, «la jefa espiritual» del pueblo argentino, si fuera eterna en la tierra, el 7 de mayo cumpliría 100 años o al menos, es lo que decían sus documentos.