Escaparate de Armani frente a la iglesia de Saint-Germain
Escaparate de Armani frente a la iglesia de Saint-Germain - J. P. QUIÑONERO
EL PULSO DEL PLANETA

Residencias aristocráticas para vender el nuevo lujo

Las firmas de moda norteamericanas e italianas ocupan palacetes en lo que ya se conoce como el nuevo Soho parisino

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Picasso desbrozó y abrió el camino que hoy siguen Armani, Ralph Lauren, Céline, Gucci, Moncler, Fendi, Givenchy... Lujo, alta costura, moda y artes de vivir se exponen en grandes mansiones aristocráticas, para vender a precio de oro las chucherías que embellecen la vida del nuevo dinero cosmopolita.

Cuando Francia decidió exponer la más fabulosa colección pública y privada de obras de Picasso, donadas para pagar una herencia descomunal, se decidió construir un museo de nuevo cuño en una residencia aristocrática del XVIII, el Hôtel Salé, antigua propiedad de un afortunado recaudador de impuestos. Ese modelo –utilización de la gran arquitectura urbana de los siglos XVI al XVIII para exponer arte y moda contemporánea– se ha transformado en un filón excepcional para grandes modistos y creadores de estilos de vida.

Céline, por ejemplo, decidió abrir sus nuevos salones en otra legendaria residencia, el Hôtel Colbert de Torcy. El gran lujo y arte de vivir aristocrático del siglo XVII al servicio del prêt-à-porter del XXI. Ralph Lauren ya se instaló hace años en la antigua residencia de un intendente de la corte de Luis XV, en un bulevar Saint-Germain que ya era vía de hoteles aristocráticos mucho antes que llegasen los nuevos ricos de Marcel Proust, a finales del XIX y principios del XX. Armani y Ralph Lauren han conquistado ese barrio para sus escaparates.

Siguiendo esa línea, Fendi, Moncler, Gucci y Givenchy se han instalado en la rue des Archives, que ya fue una vía que solo habitaba la más alta aristocracia del siglo XVII en el corazón del Marais. Hace años, los gestores urbanos de ese barrio imaginaron una suerte de Soho parisino especializado en nuevos estilos de vida. La evolución del museo Picasso, en el corazón del lugar, y el precio del metro cuadrado han aconsejado un nuevo salto cualitativo. El gran lujo tradicionalista queda para la avenida Montaigne y el Faubourg Saint-Honoré (la calle del palacio del Elíseo), donde están todas las direcciones más indicadas para señoras respetables que pasan de los 50. Y el Marais y el nuevo Saint-Germain para un público con el mismo poder adquisitivo, aunque más joven.

En la esquina Rennes / Saint-Germain Armani tiene una de las vitrinas más cotizadas de París: sus escaparates reflejan la iglesia de Saint-Germain-des-Prés, donde comenzaron las relaciones España / Francia, la encrucijada urbana más cara de París. Una esquina inmortalizada por los directores de la Nouvelle Vague, donde el joven Jean-Luc Godard imaginó las locuras de su primera película, «À bout de souffle» («Sin aliento»).

A doscientos metros cortos, no lejos del hotel donde don Antonio Machado vivió su íntima tragedia con Leonor, el gran amor de su vida, Ralph Lauren ha «vestido» sus trapos, corbatas y ropa de andar por casa con un restaurante donde los señores que pagan las chucherías de las señoras y señoritas pueden tomar una copa y / o un bocata, esperando. «¿Qué se come aquí?», le pregunto a un señorín con librea de negro de una vieja mansión del Este americano de antes de la guerra civil. «La especialidad de la casa –me responde– son las hamburguesas. La que tiene más éxito es la “Ralph double bourguer”. 38 euros. Le encantará». «¿No hay nada más ligero?». «Entre las turistas japonesas tienen mucho éxito nuestra ensalada de melones de Long Island. 22 euros». «¿No hay nada con melones de Almería?» «¿Almería?... Nooo... También tenemos una ensalada con gambas de Madagascar. O, si lo prefiere, con cangrejos de Maryland».

Carta y precios a la altura de la sensibilidad y bolsillo de un corresponsal diplomático o de un intrépido reportero cosmopolita como Dios manda, claro está.