Carlos Urquijo, exdelegado del Gobierno en el País Vasco
Carlos Urquijo, exdelegado del Gobierno en el País Vasco - Iosu Onandia

Carlos Urquijo: «Queremos reivindicar nuestro orgullo de ser vascos y españoles»

El dirigente alavés impulsa la asociación Esteban de Garibay, destinada a fortalecer los vínculos entre el País Vasco, Navarra y el resto de España

VitoriaActualizado:

En 2017, meses después de ser reemplazado como delegado del Gobierno en el País Vasco, Carlos Urquijo aceptó el encargo de dirigir el área de Seguridad de la Comunidad de Madrid, entonces regida por Cristina Cifuentes. Pese a su nueva vida en la capital, el mandatario popular no descuidó la política vasca: «Es mi pasión», afirma el alavés, que confiesa sentirse preocupado por la incipiente «desconexión» de las sociedades vasca y navarra respecto al resto de España. Fruto de esa inquietud surgió la asociación Esteban de Garibay, que en palabras de Urquijo constituye «un SOS, una llamada de socorro» para evitar que el «avance del ultranacionalismo» derive en un nuevo escenario de ruptura.

¿De dónde surge la necesidad de crear una asociación de esta naturaleza?

Percibimos un paulatino retroceso de las opciones no nacionalistas en el País Vasco y Navarra. Pero aunque hay un espacio para la lucha en el ámbito institucional, creemos que los partidos políticos no deben ser los únicos que trabajen por la defensa de la españolidad. La sociedad civil tiene que jugar también un papel, no se puede limitar a votar cada cuatro años. Y hemos detectado que hay muchas personas deseosas de hacer algo, de buscar un revulsivo en el País Vasco.

¿A qué se refiere cuando habla de la «desconexión» del País Vasco y Navarra?

A esa difuminación de la imagen de España a la que han contribuido el nacionalismo y la actuación de ETA. En los últimos años se ha producido un avance importantísimo del nacionalismo, que no solo ha penetrado en las instituciones, controlando la educación, la cultura y algunos medios de comunicación, sino también en el ámbito social. De alguna manera se han «colonizado» áreas que no tienen por qué ser permeadas por partidos políticos, como cámaras de comercio, cajas de ahorro, clubes de fútbol o hasta asociaciones de vecinos. Eso ha pasado durante muchos años, y evidentemente ha dado sus frutos.

¿Cuáles han sido esas consecuencias?

Como decía, en el País Vasco hay una imagen deformada y negativa de España que no se corresponde con la realidad. El nacionalismo ha tratado de ocultar la normalidad con la que durante siglos se asumieron las identidades vasca y española, que jamás han sido excluyentes. Desde la asociación Esteban de Garibay queremos reivindicar nuestro orgullo de ser vascos y españoles, de quitarnos los complejos, de desmontar mitos.

¿Qué clase de mitos?

Por ejemplo, el de la independencia económica. Es verdad que el País Vasco aparece por arriba en todos los rankings. En renta per cápita, en progreso. Pero queremos que se cuente la verdad oculta, que es que si podemos ocupar esos puestos es gracias a la solidaridad del resto de los españoles, que son los que aseguran en parte nuestro bienestar. Como comenté en la presentación de la asociación, el déficit de las pensiones en el año 2017 fue de 3.400 millones de euros. No se puede ser independiente, si podemos seguir funcionando a este ritmo es gracias a la solidaridad.

¿Teme que ese impulso del ultranacionalismo pueda dar lugar en el País Vasco a un escenario crítico como el que imperó en Cataluña en 2017?

El País Vasco ya alcanzó un estado crítico en los años 80 y 90. Ahora es noticia que se golpee a un votante de Cs o PP o que se rajen las ruedas de un coche, pero es que en el País Vasco se ha asesinado a gente por apoyar al PP o al PSE. No olvidemos lo que pasó aquí. Lo que hay que hacer es seguir trabajando para que ETA, que se pudo parar gracias a las reformas legales del Gobierno de Aznar, no pueda volver. Y que tampoco pueda volver un plan Ibarretxe, algo que tienen que perseguir los partidos pero también la sociedad civil a través de asociaciones como Esteban de Garibay. La ruptura sigue viva en el País Vasco, y por eso yo lanzo un SOS para que no se olviden de nosotros, que no solo se mire a Cataluña.