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Vandalismo en el Metro: «Solté los mandos del tren para forcejear con unos gamberros»

Un maquinista relata el calvario que sufre por parte de alborotadores y grafiteros. Los sindicatos exigen más seguridad

MadridActualizado:

«Tenemos un grave problema de seguridad. Si se cuelan gamberros o un loco o en la cabina de un tren, las consecuencias pueden ser terribles. Salvando las distancias, es como si en un avión en pleno vuelo cualquiera coge los mandos». Eso dicen maquinistas y trabajadores de Metro. El punto de inflexión fue el ocurrido la noche de Halloween, cuando un nutrido grupo de grafiteros se coló dentro del habitáculo y obligó al conductor a desviar el vehículo a una zona de mayor visibilidad para pintarrajearlo. Ocurrió en la estación de la Casa de Campo. «Lo secuestraron. Es un hecho gravísimo que denota que algo falla», aseguran Juan Ortiz y Teo Piñuelas portavoces del sindicato de maquinista y de UGT, respectivamente.

«Yo voy a trabajar intranquilo. Estoy en tensión, sobre todo por la noche, cuando hay menos vigilantes y veo grupos de chavales», explica a ABC Ricardo Andrés, conductor del suburbano. Él vivió un episodio distinto al de su colega del pasado 31 de octubre, pero no por ello, menos peligroso, que le provocó un ataque de ansiedad. Ocurrió en marzo en la estación de Carabanchel, de la línea 5, sobre las 18 horas. En su caso eran alborotadores. «Eran cuatro o cinco personas, entre ellas una chica. Llevaban una cámara y al verla me mosqueé. De inmediato, me fui a la puerta para impedir que entraran. Tres de ellos empujaban desde fuera y los demás miraban».

«La tensión crecía por segundos y por mi cabeza pasaban miles de pensamientos. Me puse el abrigo por si me golpeaban para que me hicieran menos daño. ¡Qué absurdo!». El forcejeo duró varias estaciones. «Me vi obligado a soltar los mandos para que no accedieran al habitáculo y puse la conducción en modo automático, sin poder estar pendiente de las vías», relata.

Al final, Andrés no sabe si su empeño hizo que los chicos, de unos 18 años, entre los que había españoles y extranjeros, depusieran su actitud o se trataba de una apuesta. «Me vacilaron, se rieron, me dijeron que qué hacía y luego me dejaron tranquilo». Sin embargo, la volvieron a liar poco después, y eso que Andrés había avisado a seguridad alertando de lo que ocurría sin que acudieran, protesta.

«En la Casa de Campo cogieron la línea 10 para acabar de nuevo en la 5. Ahí sí accedieron a la cabina y le dijeron al maquinista que no parara en ninguna estación. Este no les hizo caso y los chavales, que estaban de cachondeo, se fueron. ¿Y si le llegan a agredir, qué habría pasado?», se pregunta. Al final, Andrés denunció en comisaría.

En la compañía le hicieron caso omiso, afirma. «Moví el tema por las redes sociales para armar revuelo», indica. «Ahora, si veo a algún grupo tocar el freno de emergencia no les recrimino, trato de bromear con ellos», recalca Andrés.

«Problema de seguridad»

A su juicio, los actos vandálicos de los grafiteros o gamberros no son nuevos. «Llevan pasando años, lo que sucede es que desde la empresa no se les da importancia hasta que salen a la luz». Por ello, no le sorprende lo sucedido en el puente de Todos los Santos con incursiones todas las noches de grafiteros. «Es lo que sucede cuando se recorta en seguridad», subraya.

Ese problema es el único en el que coinciden todas las partes que ayer se reunieron: la dirección de Seguridad de Metro y sindicatos. Sin embargo, la solución que contemplan es distinta. «La compañía, de la Comunidad de Madrid, echa balones fuera y dice que se necesita más Policía, una competencia que no es de la Delegación del Gobierno. Es como si un banco pidiera agentes. Surrealista», protestan Piñuelas (UGT) y Ortiz (Sindicato de Maquinistas): «Ante nuestras demandas, nos han dicho que no están en su mano, por lo que hemos pedido su dimisión».

Los agentes sociales piden más perros en los depósitos, tarjetas codificadas y vigilancia en los puntos de acceso de los grafiteros

«Queremos que habiliten un sistema con tarjetas codificadas para acceder a las cabinas, más vigilancia en los puntos calientes frecuentados por grafiteros y sensores en los lugares por donde se cuelan: túneles, salidas de emergencia...», recalca el ugetista, que alude al incremento de la inseguridad. El portavoz de los maquinistas pide más perros en los depósitos como medida disuasoria. Y, como su compañero, indica que le han dado un plazo para que tome medidas, de lo contrario, «nos movilizaremos». Niega que haya aumentado el presupuesto en seguridad un 20% como insiste la Comunidad de Madrid. «Es la mitad que antes de la crisis y se usa en chalecos y chorradas».

Mientras, el delegado del Gobierno, José Manuel Uribes, instó ayer al Gobierno regional a reforzar la seguridad en Metro por los grafiteros. La Consejera de Tranportes, Rosalía Gonzalo, le pidió «que se ponga a trabajar, pues es su responsabidad». No obstante, recalcó que «no van a dejar en la estacada a los trabajadores ante un problema de seguridad ciudadana». Ambos políticos se reunirán la próxima semana para abordar este asunto a instancias del presidente del Ejecutivo autonómico, Ángel Garrido.

Por su parte, el jefe superior de Policía, José Manuel Martí, precisó que «ahora se hace necesario un plan de actuación en el que se refuerce la presencia física de seguridad. Hasta ahora, los grafitis eran una actividad pseudodelictiva con poca penalidad, en el límite entre el arte y el riesgo», concluyó.