Ahmed Chelh, presunto asesino de Eva Blanco
Ahmed Chelh, presunto asesino de Eva Blanco - EFE

Las claves del suicidio del asesino de Eva Blanco

Se suicida el día en que se cierra la investigación con los cordones de sus zapatos, 21 días después de haberle retirado el preso sombra

MADRID Actualizado: Guardar
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Ahmed Chelh, el hombre detenido por la muerte de la menor madrileña Eva Blanco, fue hallado muerto a primera hora de ayer en su celda de la cárcel de Alcalá Meco. Se da la circunstancia de que el presunto asesino, que nunca llegó a confesar el crimen, se ha suicidado el mismo día en que la juez del caso daba traslado a las partes del auto de transformación de las diligencias previas en sumario y del de procesamiento del reo; lo que en la práctica es el cierre de la investigación judicial, tras casi 19 años de instrucción. El marroquí, de 52 años, era consciente de ese dato, por lo que la fecha elegida no ha sido baladí.

A las ocho de la mañana de ayer, durante el recuento rutinario, los funcionarios hallaron a Chelh colgado de la ducha de su celda. Había utilizado los cordones de sus zapatillas de deporte y dejado la luz apagada, para no levantar sospechas durante la madrugada, informaron a ABC fuentes penitenciarias. El que fuera uno de los hombres más buscados desde el fatídico 20 de abril de 1997, en que la joven de 16 años fue acuchillada en las afueras de su pueblo, Algete, se encontraba en el módulo de ingresos de la cárcel de hombres de Alcalá-Meco, junto con otro medio centenar de presos. Un espacio relativamente escaso de población reclusa por su carácter de preso mediático: así era más fácil tenerlo controlado y, además, evitar que se le aplicara la «justicia carcelaria» por parte de otros reos, explicaron fuentes de la investigación.

Desde Instituciones Penitenciarias precisaron ayer que a Ahmed, que fue arrestado en un pueblo francés el 1 de octubre pasado, se le había aplicado el protocolo antisuicidio el 9 de octubre. De hecho, en un calabozo del país galo ya había intentado quitarse la vida. Ese programa especial, basado fundamentalmente en tener las 24 horas del día un interno de apoyo a su lado, se levantó el 16 de diciembre, tras los informes favorables de los psicólogos y psiquiatras. Aun así, se le mantuvo el «preso sombra» hasta el 8 de enero. Otras fuentes penitenciarias consultadas por ABC indicaron que esta práctica es común si ambos reos se llevan bien, como era el caso, y no se precisaba que, por el momento, el de confianza pasara a vigilar a otro interno. Chelh se había adaptado bien a su vida en prisión, sin comportamientos extraños. Tanto era así que, una vez se le despojó del protocolo antisuicidio, se ofreció a la cárcel para ser él «preso sombra» de otro interno. Una oferta que el centro penitenciario madrileño rechazó.

El 15 de enero, como informó este periódico, el imputado acudió a declarar ante la juez de Instrucción número 4 de Madrid, a petición propia. Repitió entonces la misma versión que dio ante las autoridades galas: que dos hombres le habían obligado a eyacular sobre Eva la noche del crimen. Trataba de justificar así la aparición de la principal prueba contra él, restos de su semen en las bragas de la víctima.

Esta pista, dados los avances sobre investigación sobre ADN en los últimos años, fue la que propició su detención en Francia. La misma magistrada ha solicitado una investigación sobre el suicidio, paralelamente a la que está llevando a cabo Instituciones Penitenciarias, que ayer mismo envió a sus inspectores.

Manuel Blanco, padre de Eva, se enteró ayer de lo sucedido por la prensa: «Él solito se ha juzgado y él solito se ha condenado. Me he sentido bien y mal. Bien, porque se acabó y él está donde tenía que estar; mal, porque tendría que haber sido juzgado y haber pasado en la cárcel todo el tiempo que hubiera dicho la justicia».